Araceli
M. Cantero
La Voz CatólicaLA
HABANA, Cuba--Aunque no siempre puede
ofrecer la ayuda que el pueblo pide y
necesita, cientos de voluntarios de
caritas en las parroquias de toda la
Isla, sí ofrecen una mano amiga y una
motivación para la solidaridad.
"El
gobierno empieza a comprender que no
queremos crear una alternativa del
Estado, pero ante las necesidades, hay
que ayudar como sea," señala el
obispo que preside Caritas Cuba, Mons.
Siro Gonzalez Bacallao
Y da
ejemplos de su diócesis de Pinar del
Río. Cuando Caritas estableció un
dispensario de medicinas en el obispado,
alguien del gobierno regional se
presentó quejándose. Y cuando vió como
era todo dijo "que bueno, yo no
tenía información."
Ahora el
dispensario se acepta , explica Mons.
Siro. Y se han dado casos como el de un
coronel del ministerio del interior que
transportaba a su papá enfermo y se le
rompió la ambulancia . No encontraba un
vaso de leche , ni en el
hospital."Pídaselo al administrador
de la Diócesis," le dijeron.
Mons. Siro
señala que los proyectos de Caritas no
se proponen sólo dar cosas, porque no
siempre las hay. Además de motivar y
entrenar para que la gente aprenda a
ayudar a otros, están ofreciendo un
liderazgo y un camino sobre lo que se
puede hacer.
Y se atreve
a pensar que en algunos casos, el
gobierno busca a la Iglesia para aunar
esfuerzos. El señala el campo de la
cultura y de la asistencia social.
En Pinar del
Río ha habido encuentros con economistas
sobre planificación económica , para
trabajadores por cuenta propia sobre la
microempresa, para educadores sobre
pedagogía liberadora ...
Existen
programas con jovenes con incapacidades
mentales --sindrome de down, ayuda con
medicamentos, trabajo con ancianos y
hasta una guardería infantil bajo el
concepto de madres cuidadoras.
Conocedor de
la realidad nacional de Caritas señala
que no todo lo que existe se puece sacar
a la luz. El sabe que en algunos lugares
los ancianos en hogares del gobierno
reciben el sacrameto de los enfermos y
tienen celebraciones litúrgicas de la
Palabra de Dios.
"Las
experiencias que se tienen hoy hace tres
años no se soñaban," dice. Y
recuerda ejemplos concretos, como el del
director de programas de sexualidad en
una provincia que pidió ayuda sobre el
tema, y al ver los materiales de la
Iglesia dijo "¿cómo es posible que
exista esto y nosotros pensemos que el
único remedio sean los
preservativos?" Y mandó tirar las
cajas.
Algo similar
ocurrió con los programas para
incapacitados mentales.
"El
único remedio, antes, era dejarles
morir, y al ver lo que hace la Iglesia el
Estado se pone apesar en que hay un campo
abierto y va tomando responsabilidad para
hacer algo semejante." Asi fue que
un un militar descubrió que su hijo no
tenia por que ser un estorbo sino que
tenia posibilidad de crecer.
"A la
gente no se le quita la costumbre de
decir compañero, dice Mons.
Siro. "Pero el hecho es que vuelve a
la Iglesia a bautizar a sus hijos."
Y señala
que "a las siete de la mañana ya
están tocando a la puerta del
obispado... y saben que la Iglesia está
ahi para servir."
Le gusta
pensar que " el Señor está
permitiendo que vayamos sembrando y
cosechando al mismo tiempo." Pero
existe un campo que permanece cerrado: el
de las prisiones.
Dice que
"es como una muralla."
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