La
visita de Juan Pablo II a Cuba
está dando frutos antes de que
el Papa haya puesto el pie en
tierra cubana. Los retos también
se vislumbran.
Araceli
M. Cantero
La Voz Católica
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LA HABANA,
Cuba.-- El sentimiento es común entre
los católicos en Cuba. Antes de que Juan
Pablo II haya pisado tierra cubana, los
frutos de su visita son patentes.
Basta con
ver los templos llenos de fieles o haber
vivido cualquiera de las misas de
campaña realizadas en La Habana o en
otras diócesis. Y basta también con
observar el entusiasmo y el fervor que
recibió a la Virgen peregrina en sus
recorridos por las parroquias.
Y aunque en
Cuba perdura la falta de libertades,
continúa el hostigamiento a disidentes y
periodistas independientes y quienes no
tienen acceso al dólar pasan hambre, los
católicos se han lanzado a misionar de
puerta en puerta, brindando la buena
noticia de Jesucristo y la mano amiga de
la iglesia.
"Es tal
el entusiasmo y estamos tan necesitados
de misioneros, que a veces la gente se
pone a evangelizar antes de haber
recibido los sacramentos," dice el
obispo auxiliar de Camagüey, Juan
García, a quien todos llaman el obispo
misionero.
"La
gente tiene gran impulso y se brinda.
Parece que está dando resultado. Aunque
no lo sepan todo, tienen un carisma
extraordinario y con la práctica van
aprendiendo."
Pero el
entusiasmo no es suficiente y hace falta
formación.
Esto es un
reto dada la escasez de personal para
realizarla. En 1976 tuvieron lugar en
Cuba 75,005 bautizos y 9,139 primeras
comuniones. El personal de Iglesia a
tiempo completo para el mismo año es de
281 sacerdotes y un total de 498
religiosos/as. Estas cifras son
anteriores al reciente permiso para la
entrada de 57 agentes pastorales del
exterior. Y también al reciente
recorrido de la imagen de la Virgen
peregrina por las comunidades durante el
que miles han pedido el bautismo para
ellos o para sus hijos menores de siete
años.
"Primero
nos evangelizaron los españoles,
después los evangélicos, pero ahora son
los cubanos quienes llevan la fe a sus
hermanos,"señala el Padre José
Sarduy, vicario episcopal de Camagüey.
En mi zona
se han visitado 60 comunidades, con gente
que brinda las casas para llevar a la
Virgen, explica el obispo García. No ha
habido problema ni con el gobierno ni con
el comité popular."
El obispo
reconoce que "a los católicos hoy
no se les aprieta como antes. Se están
respetando más las expresiones de
fe." Pero muchos son ahora
católicos recientes cuya fe no ha sido
probada. "Si viniera de nuevo algún
tipo de persecución, no sabemos cómo
esta gente va a responder."
Los
conocedores de la historia señalan hacia
los años 60 en que muchos católicos de
toda la vida abandonaron masivamente los
templos.Los que quedaron son pocos.
En una de
las parroquias de la diócesis se hizo
una estadística y el 94 por ciento de
quienes asisten sólo lleva cinco años
en la Iglesia. Un seis por ciento son los
que estaban en 1961.
"Son
los que han permanecido firmes: los
titanes de la fe que vivivieron
experiencias extraordinarias,"
señala Mons. García. Pero ahora han
llegado los que nunca creyeron y en
muchos casos son profesionales que
persiguieron a los católicos. Los
ejemplos abundan, como el de una
directora de escuela que botó a otra
maestra por ser católica y ahora ambas
están en la misma parroquia. "Los
que permanecieron lo sienten, pero en
general se está dando un re-encuentro de
alegría," dice el obispo.
Además
existe "el grupo de quienes se
fueron y renegaron... pero ahora han
vuelto. Gente con altos cargos que
hicieron daño a la misma Iglesia. De
ahí el papel reconciliador que ha de
jugar la Iglesia, dice el padre Arturo
González, Vicario General en la
diócesis de Santa Clara.
"Mi
familia ha hecho mucho daño, y aunque
ponga ocho carteles del Papa en la puerta
es dificil perdonar," le confesaba
recientemente un joven. Su familia había
puesto el afiche del Papa en la puerta de
la casa y la gente le había estrellado
encima unos huevos.
"El
pueblo se siente traicionado y aprende
que tiene que volver a Dios,"dice.
Pero tiene temor de volver, porque
"¿y lo que hice? ¿se acordarán?.
Siente el bochorno y la
vergüenza..."
Y la
comunidad, dice el sacerdote que ha
crecido con la revolución, puede ser la
imagen del Dios misericordioso o puede
hundir totalmente a las personas. Hay que
prepararla para que sepa acoger a
todos."
En su
experiencia ha visto personas que llegan
"totalmente arrepentidas de su
pasado, pero aún vienen con la
mentalidad de afuera, de escalar dentro
de la Iglesia." Y dice que hay que
formarlas "y recordarles que esto no
es una comunidad de puestos, sino una
comunidad de hermanos." Hace falta
que se dé un cambio de valores, dice
"es lo que se llama
conversión." Monseñor Pedro
Meurice dice que"Lo que está
pasando en Cuba, sólo Dios lo sabe. Nos
supera en todos los órdenes este
despertar del pueblo, de los jóvenes, de
los niños." Y al arzobispo de
Santiago de Cuba le parece que " no
guarda proporción lo que nosotros
hacemos y lo que recibimos a cambio. Es
para mí una muestra de la gracia de
Dios."
Y junto a la
gracia, acción. El Arzobispo reconoce
que la Iglesia en Cuba no ha permanecido
con las manos cruzadas y ha mantenido la
continuidad pastoral durante mucho años.
Pero ante todo, señala que " lo
característico de la Iglesia en Cuba ha
sido la unidad en circunsancias muy
difíciles. Y la hemos mantenido."
Para él " esta unidad es el secreto
de muchas de las cosas que hoy vive
nuestra Iglesia."
Unidad y
también credibilidad ante el pueblo,
agrega Dagoberto Valdés, director de la
revista Vitral de la Diócesis de Pinar
del Río.
En su
opinión, después de las figuras
principales de la independencia, en el
laicismo de este siglo, "este puede
ser el momento de mayor credibilidad para
la Iglesia en Cuba."
La razón,
para él, es que "somos una Iglesia
purificada, una Iglesia encarnada que ha
sufrido con el pueblo que durante mucho
tiempo caminó con los desheredados y los
marginados por la orilla del camino,
mientras que los poderosos iban por las
grandes avenidas."
Piensa que
esto hace que "mucha gente sencilla
reconozca a la Iglesia como
compañera." Porque a partir de la
cruz ha creado credibilidad. No es una
cruz de muerte, sino una cruz fecunda,
dice. "Porque no nos hemos dejado
vencer por las dificutades ni por el
desaliento, y la resurección no es sólo
al final, sino en cada momento, cuando se
es fiel."
"Hemos
comprobado cómo la Iglesia tiene una
credibilidad y capacidad de convocatoria
que la mantiene en el corazón del
pueblo, del cual forma parte
entrañable," señalaron en el
documento de cinco páginas, dado a
conocer al terminar su asamblea plenaria
de trabajo a finales de octubre.
Con sus
afirmaciones los obispos corrigieron las
viejas apreciaciones de una Iglesia
Católica alejada de la sociedad cubana.
Y resaltaron una realidad diferente: una
Iglesia que se caracteriza por el
servicio entrañable a todos los cubanos
en sus necesidades materiales y
espirituales y empeñada una
evangelización comprometida con toda la
verdad sobre el ser humano, lo que
implica la promoción humana, los valores
éticos y la vocación sobrenatural de
toda persona.
"La
vocación sobrenatural del hombre no es
un añadido a su ser y en esta esfera
desempeña la Iglesia la misión que le
es más propia," dijeron los obispos
al tiempo que reclamaban un mayor espacio
para su amplia misión.
"Para
cumplir esta misión en Cuba es necesario
que la Iglesia cuente con los medios y
espacios indispensables que le permitan
predicar abiertamente a Jesucristo. Esta
es la dimensión esencial de la libertad
religiosa."
En la
actualidad, la Iglesia en Cuba sólo ha
enido algún acceso circunstancial a los
medios de comunicación, con motivo de la
visita papal. Perdió sus colegios y
sólo goza de libertad de culto dentro de
las iglesias. Cualquier actividad
religiosa fuera de los templos ha de
contar con el permiso del gobierno. Este
ha sido el caso de los actos religiosos
en algunos lugares públicos con motivo
de los preparativos de la visita papal,
para los que la iglesia ha tenido que
pedir permiso, que no siempre fue
concedido.
"No
debe confundirse la libertad de culto con
libertad religiosa, " explicaron los
obispos. " Esta implica el
reconocimiento de la acción de la
Iglesia en la sociedad y no está
limitada al libre ejercicio de culto.
Junto a la actividad cultual, la Iglesia
en Cuba tiene una misión profética y
caritativa," dijeron citando
documentos anteriores a raíz del
Encuentro Nacional Eclesial Cubano
(ENEC), de 1986.
Los obispos
recordaron en su declaración el lema de
la visita de Juan Pablo II como
"mensajero de la verdad y la
esperanza," señalando que "la
esperanza cristiana no está reservada
exclusivamente al más allá. Comienza a
construirse aquí, en esta vida y en este
mundo..." A los cubanos les dijeron
que para vivir "la esperanza
cristiana es necesario abrir las puertas
de nuestros corazones a Jesucristo en
nuestras familias y en todos los
ambientes donde desarrollamos nuestra
existencia." Pero este abrir las
puertas a Cristo no es un simple
sentimiento subjetivo sin ningún
compromiso con las realidades terrenas,
sino que significa conversión, es decir,
transformación de la vida, personal y
comunitaria. "Cuando la conversión
se vive exclusivamente de modo individual
es incompleta, se halla mutilada."
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