
Reciben
a la Virgen en Majagua
Araceli
M. Cantero
La Voz Católica
MAJAGUA,Ciego
de Avila-- Al toque dela campana la gente
acude a la pequeña Iglesia situada en
una calle céntrica del pueblo de
Majagua. El público va llegando en
bicicletas a pie, y también en el
típico coche de caballos de la zona de
Bayamo.
Durante la
espera de la Virgen, pasan algunos
autobuses cargados de gente que se agolpa
a las ventanillas para averiguar qué
está ocurriendo. son las cinco de
latarde y ya casi se ha cortado la
circulación debido a la multitud. Pronto
corre la voz de que está llegando la
imagen. Y aparece un pequeño automóbil
rojo que va sorteando los baches de la
polvorienta carretera hasta que la
multitud lo detiene a unos pasos del
templo pa sacar en hombros a la imagen.
Sobre la
puerta del templo un cartel señala en
acontecimiento: "Salve, Virgen de la
Caridad, Patrona de Cuba." Debajo,
una mujer de entrada edad, tira de los
cordones que hacen repicar las campanas,
mientras la gente se agolpa entre
vítores y aplausos a la Virgen. Es tal
el entusiasmo y la prisa por entrar en el
templo que al obispo de Ciego de Avila,
Mons. Mario Mestril le arrastra la
multitud. Muchos se quedan fuera,
encaramados por las ventanas y otros,
más agenos a la comunidad católica,
comentan sobre el acontecimiento al otro
lado de la calle. Desde allí observan
cómo de repente se hace silencio y se
escuchan los compases del himno nacional
cubano que todos cantan con fervor.
En cada
diócesis de Cuba, la llegada de la
Virgen ha tenido una acogida semejante y
los actos en su honor han ido
acompañados de jornadas de misión,
bendición de los enfermos y cientos de
bautizos de niños menores de siete
años. También han sido días para
acercar a miles a la Iglesia a través de
la Virgen y predicar la reconciliación
entre los cubanos.
"Madre
de los que no tienen pan, de los
corazones endurecidos. Madre de los que
no tienen ilusión, de los amargados y
los presos," repetía el padre
Vicente, párroco de la comunidad, desde
el micrófono.
En los
rostros se veían las lágrimas mientras
la gente se apretaba para llegar a donde
estaba la Virgen y dejarle unas flores.
Mientras tanto, el coro no cesaba de
repetir: "Hoy he vuelto a comprender
que una madre no se cansa de
esperar."
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