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La voz del Arzobispo

  Mis queridos amigos:

¿Se están manteniendo en forma durante la Cuaresma? ¿Están ejercitando la oración?, ¿intensificando la lectura de la Biblia?, ¿cultivando su espiritualidad?

Sé que todos hacemos las mismas promesas el Miércoles de Ceniza: Trataré de ser más puro durante estos 40 días de Cuaresma. Mantendré a Dios en mi mente y en mi corazón para renovar mi alma en preparación para la Pascua. Renunciaré a todo egoísmo y seré generoso. Prescindiré de algunos placeres para tener más auto control

Pero igual que esas resoluciones de Año Nuevo de mantenernos en forma y bajar de peso, probablemente no seremos muy firmes en nuestras resoluciones. El ritmo rápido de la vida diaria a veces nos deja poco tiempo para Dios. Y después nos sentimos culpables. Bueno, la buena noticia es que pronto estaremos en Semana Santa. Para decirlo en términos deportivos, estamos casi en la vuelta final de nuestros 40 días de maratón espiritual. Un par de semanas y con un último esfuerzo estaremos frente a la meta.

La Iglesia destaca esta semana como la más especial de todo el año, por los momentos redentores que recordamos. Es una semana de gran preparación para los que se han mantenido en forma durante la Cuaresma y una segunda oportunidad para quienes se han quedado rezagados en su viaje espiritual.

Les insto a sacar todas sus energías espirituales en esta Semana Santa. La mejor manera de empezarla es confesándose. Después de todo, por el pecado Jesús murió en la Cruz. Si el pecado no existiera no hubiéramos necesitado una Redención.

La Cuaresma nos recuerda que todos somos pecadores. El sacrificio de Jesús en la Cruz fue por cada acto y pensamiento pecaminoso que cada uno de nosotros cometió y cometerá; por cada vez que dejamos de hacer o de decir lo correcto. Reconocer nuestros pecados personales y como éstos nos llevan a los pecados sociales, debe ser lo primero en nuestra lista de preparación espiritual para la Cuaresma. Ningún programa personal de Cuaresma puede estar completo sin una confesión total.

Llenos de ese espíritu de humildad, podemos comprender y apreciar más profundamente las bellas ceremonias que recuerdan las últimas acciones de Jesús en la Tierra, las ceremonias que celebramos el Jueves y el Viernes Santo:

Lavarles los pies a los apóstoles humildemente durante la Ultima Cena, como un ejemplo práctico de cómo todo sus seguidores deben servirse mutuamente.

Convertir el pan y el vino en su cuerpo y su sangre como un sacrificio que se renueva eternamente para fortificar y alimentar a la comunidad de creyentes.

Su ejemplo de perdonar "siete veces siete" incluso clavado en la cruz, golpeado y escarnecido.

Su recordatorio de que todos somos hermanos y hermanas: Mirando a su madre que estaba allí con su discípulo amado, Jesús le dijo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo ahí tienes a tu madre." (Juan 19:26-27)

La Semana Santa debe ser para todos nosotros, la época más santa. Les insto a sacar tiempo para ir a la Iglesia especialmente el Jueves y el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. No se pierdan la nueva vida de la Pascua que llega a nosotros durante esos tres días, los más santos de nuestra Iglesia.