GINEBRA (ZENIT).- El mundo necesita mostrar más compasión
hacia los refugiados, señaló el arzobispo Giuseppe Bertello, observador permanente de la
Santa Sede en las Naciones Unidas.
"Desgraciadamente el paso de declaraciones de principios a programas de accieon
concretos no siempre es fácil", aclaró. "Es en este terreno en el que la
comunidad internacional está llamada a juar un papel decisivo y a poner a prueba la
solidaridad, ayudando a quienes realmente lo necesitan.
El obispo dijo que los refugiados con frecuencia huyen a lugares que no tienen los
recursos para acomodarles.
Una asistencia apropiada y rápida por parte de la comunidad internacional puede hacer
menos difíciles las consecuencias de la acogida a los emigrantes y prevenir otras
todavía más dramáticas, puntualizó. "Muchos refugiados no podrán regresar a sus
países y su condición d prófugos se convertirá en una forma permanente de vida",
explicó el Arzobispo en la reunión del Comité Ejecutivo del Alto Comisionado de la ONU
para los Refugiados (ACNUR).
El obispo puso de relieve que y pidió, en nombre de la Santa Sede, una solución
urgente para esta categoría de personas, pues "su calidad de vida cultural,
espiritual, económica se ve tan comprometida como su seguridad". Además, el prelado
denunció que estos refugiados permanentes corren el riesgo de ser manipulados
políticamente.
El representante vaticano se hizo portavoz de la preocupación de la Santa Sede por las
tendencias que se experimentan en algunos países (como es el caso de Europa y Estados
Unidos) y que buscan restringir el ingreso de quienes piden el asilo, así como la
concesión del estatuto de refugiados.
Estas medidas implican controles mayores de las fronteras y limitación de los visados,
expulsión de los que entran ilegalmente, etc.
Reconociendo las "prerrogativas soberanas de cada Estado", monseñor Bertello
explicó que estas medidas "parecen reflejar más bien la voluntad de protegerse de
los refugiados en vez de proteger a los refugiados".
Tras pedir que se garantice lo más posible la unidad familiar de los prófugos, el
obispo concluyó asegurando que "la disponibilidad de los países de acogida depende
mucho de la disponibilidad de la comunidad internacional para compartir los gastos".
Dijo que la Iglesia ha hecho de la solidaridad hacia los refugiados un aspecto centrl
de su doctrina social.