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Cristo en ti, Cristo en mí, Cristo aquí
Empatía, autonomía y reciprocidad para unas relaciones interpersonales sanas

 

Araceli N. Cantero
La Voz Católica

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MIAMI--En el código genético de cada persona Dios ha colocado a la Trinidad. Por eso las buenas relaciones interpersonales son clave para una vida sana.

De ello está convencido el sicólogo John Izaguirre, Ph.D. quien junto a su esposa Clare Rachel, recorre el país ayudando a personas, familias y grupos a tener experiencias de reciprocidad auténtica.

"Es algo que se aprende haciendo,"dice Izaguirre, un español que dirige el California Prosocial Institute, en Irvine California, fundado por él mismo para educar en los valores de la cooperación y la reciprocidad.

También lo hizo en Miami el 10 de octubre, durante la jornada anual para católicos divorciados convocada por el Ministerio de Vida Familiar de la Arquidiócesis.

Al hacer sus estudios de doctorado en la Universidad del Sur de California, Izaguirre creó un modelo de interacción que ha probado ser efectivo con la gente. Está basado en fomentar "unidad en la distinción". Su modelo tiene tres puntos claves:

  • La empatía, que se refiere al tú.
  • La automomía, que se refiere al yo.
  • La reciprocidad que implica el nosotros.

Cuando se consigue integrar el tú y el yo en una dinámica constructiva y comunitaria, dice "se logra una relación sana y un modelo de cooperación que es auténtico".

Hoy día, en un análisis de la sociedad no se trata de ver quien tiene el poder en un grupo, sino más bien que tipo de relaciones existen, explica.

Básicamente él señala cuatro: individualismo, competencia, codependencia y cooperación. Los tres primeros predominan en la sociedad de hoy, pero se trata de fomentar la cooperación.

El lo hace enseñando a la gente a integrar empatía con autonomía.

La primera exige conectarse con los demás emocionalmente, interesarse por la otra persona de manera respetuosa, captar y responder a lo que el otro comunica. Pero ojo, dice Izaguirre, porque en la cultura hispana fácilmente creemos tener empatía. "Soy tu padre y sé lo que necesitas".

Izaguirre aclara que es importante " que el otro defina lo que quiere, lo que necesita y cómo yo le puedo ayudar".

La empatía se desarrolla valorando al otro, que se sienta ayudado, porque "lo que hicieres a uno de los más pequeños a mi me lo hiciste." Es ver a Jesús en los demás.

Del otro lado está la autonomía, que equivale la frase de San Pablo "no soy yo quien vive sino Cristo en mí." Es saber ser un don y no una carga para los demás. Implica hacer algo por el propio crecimiento espiritual y físico, a nivel de la profesión, de las amistades y del nivel intelectual.

Pero Izaguirre señala que "toda esa vida que yo desarrollo es para compartirla".

Por eso empatía y autonomía han de vivirse en equilibrio. En una familia, comunidad o grupo, si toda la energía es empatía hacia la esposa, los hijos, hacia el otro " se puede dar un estado de asfixia en la persona". Si por el contrario toda la energía es hacia afuera, el trabajo, el propio crecimiento… puede caerse en el individualismo, la competencia, el poder. O puede confundirse la autoestima con lo que uno hace, con los logros o el éxito personal, cuando la base de la autoestima está en las buenas relaciones interpersonales.

Y es aquí donde Izaguirre subraya la importancia de la reciprocidad como síntesis de empatía y autonomía. Lograrla exige comunicación, capacidad de solucionar conflictos integrando las diferencias y saber perdonar.

La comunicación ha de ser a nivel completo: de lo que uno es, lo que uno piensa, siente y hace y lo que Dios obra en la propia vida, que es el nivel espiritual.

"En las sociedad de hoy, la gente no comparte, sólo habla," dice Izaguirre. No se trata de dar noticias o sólo de hacer decisiones, "Compartir es dejar que el otro me conozca y me comprenda…"

La solución de conflictos implica respeto al otro y a las diferencias. Y también hay que aprender a perdonar, "porque no siempre se realizan todas las expectativas, y se causa dolor".

Para Izaguirre la clave de todo esto es desarrollar una espiritualidad interactiva y comunitaria que se inspira en la Trinidad.

Su experiencia clínica también le ha demostrado que la crisis que lleva al divorcio es una crisis interpersonal. No es por diferencias de culturas, de clase social o de más o menos dinero, sino por falta de comunicación, por no saber resolver conflictos y por falta de experiencias positivas. "Según la investigación, son las tres claves que garantizan el fracaso o no de un matrimonio".

Y con todo, Izaguirre ve una gran esperanza. Porque la empatía, la autonomía y la reciprocidad no son genes biólogicos con los que se nace, sino habilidades que se pueden aprender.

Señala también que su modelo interactivo, además de ser efectivo clínicamene, es profundamente cristiano. Se trata de reconocer, a nivel práctico y de actitudes, tres presencias de Jesús : "Jesús en tí, Jesús en mí y Jesús aquí".

Para él, es "la clave de la vida cristiana y también la clave de la salud mental".

 

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Los hijos también se divorcian

MIAMI - Los hijos también se divorcian, dice Marilyn Carcass, al tratar de convencer a las parejas de divorciados sobre su responsabilidad hacia los hijos.

Porque a veces, en el dolor del propio conflicto, olvidan atender a sus hijos , señala Carcass, conocida por su trabajo con niños y adolescentes y pionera de la Escuela para Padres del Centro de Enriquecimiento Familiar de la Arquidiócesis de Miami.

Para ayudar a sus hijos, los padres tienen que reconocer en sí mismos las etapas de un divorcio. Son las mismas etapas identificadas por Elizabeth Kubler Ross en sus estudios sobre las personas con enfermedades terminales. Se trata de cinco momentos: negación, rabia, frustración, negociación ( con Dios) sobre los cambios, depresión y aceptación. En un divorcio, padres e hijos pasan por las mismas etapas. Y los padres son quienes mejor les pueden ayudar, separando la situación de esposos del papel de padres". Habrán de entender que la respuesta a cada hijo tiene que tener en cuenta su edad.

En otros talleres durante la Jornada para Divorciados El padre Manuel Ortega habló de los pasos y requisitos para una anulación del sacramento del Matrimonio y Roberto y Doris Vivanco de la espiritualidad en el divorcio. "La clave es llevar a Jesús en el corazón,"señaló Roberto. Dijo que el divorciado es también un crucificado y que Jesús le ama muchísimo porque sabe cuales son sus sufrimientos.

"No se trata de hacerse la víctima ni de seguir viviendo igual,dijo Ana Figueroa durante su charla sobre el perdón. La reconciliación entre dos personas las libera para vivir en la presencia del amor de Dios. No habrá espacio para lo nuevo, hasta que no se desocupe el de las cosas negativas."

Elaine Marrero Syfert lleva la pastoral familiar de la Arquidiócesis con los hispanos. La jornada, dijo es para ayudar a las personas a comprender el proceso del divorcio. "Tratar de iniciar una sanación, que reconozcan en qué parte contribuyeron a su propio dolor, que se perdonen a sí mismos y lleguen a perdonar a la otra persona. Es el objetivo principal".