NO HAY FE SIN RAZON NI RAZON SIN FE
El Papa supera con la encíclica "Fides et ratio"
el fundamentalismo y el nihilismo
VATICANO, (ZENIT).- La relación actual entre la fe y la razón exige un atento
esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la razón se han empobrecido y
debilitado una ante la otra, señala Juan Pablo II en la carta encíclica Fides et Ratio
dada a conocer el 15 de octubre.
"La razón, privada de la aportación de la Revelación, ha recorrido caminos
secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final", señala
el Papa.
" La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia,
corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal," añade.
"Es ilusorio pensar que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad; al
contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición", agrega.
"Del mismo modo, una razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente
motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser".
Esta es, en síntesis, la esencia de la carta encíclica "Fides et ratio",
presentada a mediados de octubre. La encíclica supera las posiciones radicales del
cientificismo y del fideísmo. Los cientificistas creen sólo en la razón, negando la fe;
los fideístas hablan sólo de la fe y ven la razón como un peligro mortal.
El Papa, por el contrario, se coloca en la tradición de la Iglesia que ya con san
Agustín y santo Tomás de Aquino hablan de fe y de razón como dos realidades llamadas a
vivir necesariamente en armonía. "La fe y la razón--escribe al inicio de la
encíclica-- son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la
contemplación de la verdad".
La respuesta al nihilismo
Tras recorrer las etapas históricas que han llevado a la separación entre la fe y la
razón, Juan Pablo II afronta los peligros modernos, entre los que se encuentran el
cientificismo, el pragmatismo y el nihilismo.
"Los éxitos innegables de la investigación científica y de la tecnología
contemporánea han contribuido a difundir la mentalidad cientificista, que parece no
encontrar límites", afirma el pontífice y añade: "Esto lleva al
empobrecimiento de la reflexión humana... La mentalidad cientificista ha conseguido que
muchos acepten la idea según la cual lo que es técnicamente realizable llega a ser por
ello moralmente admisible".
Auténtica esclavitud
"No menores peligros conlleva el pragmatismo --alerta el Santo Padre--, actitud
mental propia de quien, al hacer sus opciones, excluye el recurso a reflexiones
teoréticas o a valoraciones basadas en principios éticos".
Cientificismo y pragmatismo llevan al nihilismo que, según considera el pontífice,
"aun antes de estar en contraste con las exigencias y los contenidos de la palabra de
Dios, niega la humanidad del hombre y su misma identidad". La conclusión es
dramática: "Una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusión
pretender hacerlo libre. En efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen
miserablemente".
Este camino conduce inexorablemente a la desesperación: según estas teorías,
"el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente; el hombre debería ya
aprender a vivir en una perspectiva de carencia total de sentido, caracterizada por lo
provisional y fugaz. Muchos autores, en su crítica demoledora de toda certeza e ignorando
las distinciones necesarias, contestan incluso la certeza de la fe".
Según Juan Pablo II, "han llevado la investigación filosófica a perderse en las
arenas movedizas de un escepticismo general". Y constata que "la legítima
pluralidad de posiciones ha dado paso a un pluralismo indiferenciado, basado en el
convencimiento de que todas las posiciones son igualmente válidas. Este es uno de los
síntomas más difundidos de la desconfianza en la verdad que es posible encontrar en el
contexto actual". Y concluye: "En consecuencia, han surgido en el hombre
contemporáneo, y no sólo entre algunos filósofos, actitudes de difusa desconfianza
respecto de los grandes recursos cognoscitivos del ser humano".
Defensa ante la dictadura tecnológica
Por esta razón, el Santo Padre considera que "para estar en consonancia con la
palabra de Dios es necesario, ante todo, que la filosofía encuentre de nuevo su
dimensión sapiencial de búsqueda del sentido último y global de la vida". Si a los
medios técnicos les faltara la ordenación hacia un fin no meramente utilitarista,
"pronto podrían revelarse inhumanos, e incluso transformarse en potenciales
destructores del género humano".
Saber orgánico
Juan Pablo II termina lanzando un llamamiento a los filósofos para que "profundicen
en las dimensiones de la verdad, del bien y de la belleza, a las que conduce la palabra de
Dios".
El pontífice expresa su admiración por los científicos --"valerosos pioneros de
la investigación científica, a los cuales la humanidad debe tanto de su desarrollo
actual"-- y les exhorta "a continuar en sus esfuerzos permaneciendo siempre en
el horizonte sapiencial en el cual los logros científicos y tecnológicos están
acompañados por los valores filosóficos y éticos, que son una manifestación
característica e imprescindible de la persona humana".
Por último, el Papa plantea un objetivo ambicioso: "deseo expresar firmemente la
convicción de que el hombre es capaz de llegar a una visión unitaria y orgánica del
saber. Este es uno de los cometidos que el pensamiento cristiano deberá afrontar a lo
largo del próximo milenio de la era cristiana".