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Un recuerdo para María en la Hispanidad

Bienvenida Polanco

Escritora dominicana de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Miami. La autora dedica ese escrito a Lito y Ramona, ejemplos de devoción.

Al celebrarse el es de la hispanidad me viene a la mente muchas tradiciones de nuestra cultura y una de ellas es la devoción mariana que aprendí en el seno de mi familia. Uno de mis mejores recuerdos de niña tiene en su centro la preciosa imagen de la Virgen de las Mercedes. No era una figura suavecita u opaca. Era vigorosa y flotaba entre las nubes con su hijo en sus brazos. Ella transmitía amor y protección.

Aquel espacioso templo parecía llenarse con la presencia de la patrona de una pequeña ciudad. Mi colegio de las hermanas Jesuitinas me permitió una temprana identificación con el paradigma de nuestra madre celestial. Luego con el tiempo los detalles se vuelven borrosos junto a las bellísimas pinturas.

Del órgano reluciente sólo queda un vago recuerdo de notas y voces melodiosas que llegan a mi memoria: "... Madre, guíame. En la sombra no encuentro camino. Madre, construir, caminar aunque vuelva a caer...". Estas eran frases como de preludio de lo que sería la vida misma en un mañana. Cruces, lucha, pero construir siempre, caminar y proseguir. Ella nos daría fuerza. Ella caminaría conmigo transmitiéndome fuerza y seguridad.

Es un privilegio crecer en la devoción de María, señora de todos, sin distinción de raza, color o nacionalidad. Es una alegría y al mismo tiempo un reto vivir de un modo digno, pero sobre todo es un compromiso que hay que renovarlo continuamente.

Reflexionando sobre las celebraciones de la hispanidad que se realizan en este mes de octubre, observo como cada nacionalidad ha desarrollado diferentes formas para honrar a la virgen que representa a cada país, ciudad, o región. En Venezuela por ejemplo la patrona nacional es Nuestra Señora de Coromoto. Es necesario también resaltar la devoción de la Virgen de Chiquinquira o de la Betania, imágenes diversas para un mismo culto a la madre de todos.

La cultura española forjada en siglos de catolicismo dio al Nuevo Mundo la devoción a María, rango que nos determina y nos hermana entre si. México no sería el mismo sin el protragonismo de su Señora de Guadalupe y si pensamos en esa nación maravillosa que es Costa Rica, es imposible separarla de su Señora de los Angeles.

La dignidad jerárquica que le corresponde a nuestra Madre Celestial, en el orden religioso -hecho realidad en nuestro interior- se ensancha y cobra extraordinaria fuerza en estos días en que celebramos los valores hispanos.