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Edith Stein: Una compañera de camino

P. Eusebio Gómez
Carmelita descalzo al frente del Centro de Espiritualidad Ntra. Señora del Carmen en Miami.

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Cuando me acerco a la figura de Edith Stein constato que esta mujer de nuestro siglo es compañera de camino.

Y siento que cualquiera de nosotros, ya sea cristiano, judío, agnóstico, ateo, mujer o varón, puede encontrar algo de sí en su experiencia y en su búsqueda.

Stein es una mujer creyente, una intelectual judía, una buscadora de la verdad que acaba como seguidora de Cristo, que se entrega a Dios como carmelita descalza, y se convierte en mártir del holocausto y santa de nuestros días.

Por eso al canonizarla el 11 de octubre, Juan Pablo II la puso ante nosotros como modelo de santidad para el momento presente. Igual que al beatificarla en mayo de 1987 señaló que su vida era una "dramática síntesis de nuestro siglo".

La misma Stein había escrito en una de sus cartas que"quien busca la verdad, busca a Dios, sea de ello consciente o no lo sea." Para ella "la búsqueda de la verdad era como una oración." Jesús, Verdad y Vida le salió al encuentro y de este Maestro ella recibió la luz y la fuerza para dar la vida por los demás y por su pueblo.

"… El Señor ha tomado mi vida por todos. Tengo que pensar continuamente en la reina Ester que fue arrancada de su pueblo para interceder ante el rey por su pueblo. Yo soy una pobre e impotente Ester, pero el rey que me ha escogido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo," dijo en uno de sus escritos Stein.

Pero la vida de la jóven no siempre estuvo marcada por esta certeza. Nacida en el seno de una familia judía, el 12 de octubre de 1891, a los 15 años pierde la fe de sus padres. Completa sus estudios de secundaria y universidad logrando un doctorado en filosofía en 1916 y trabaja como asistente del filósofo Edmund Husserl. Cuando intenta lograr una cátedra en la universidad, es rechazada por su condición de mujer.

Ya se sentía interpelada por la fe cristiana cuando, en su búsqueda, llega a sus manos la autobiografía de la mística española Santa Teresa de Jesús, que lee de un tirón. Al terminar exclama "Esto es la verdad." Es el año 1921 y Stein decide hacerse cristiana y católica, aunque sabe que causará gran dolor a su madre, profundamente judía. Un año después recibe el bautismo.

Pero su condición de judía no desaparece. De hecho con Adolfo Hitler en el poder, en 1933 se le impide ejercer la enseñanza y al cerrársele las puertas se plantea seriamente una vocación contemplativa en el carmelo de Colonia, con gran dolor por la incomprensión de su madre. Tiene 42 años y ha de convivir con novicias 20 años más jóvenes y sin el mismo nivel de cultura. El 25 de abril hace su profesión simple con el nombre Teresa Benedicta de la Cruz.

"Quien va al carmelo no está perdido para los suyos," escribe a un amigo, "sino verdadera y ampliamente ganado: pues nuestra vocación consiste en estar delante de dios por todos."

Atrás queda su vocación filosófica hasta que le animan a escribir mientras se adentra en el misterio de la cruz. La persecución judía va en aumento y no respeta los conventos. Para no poner en peligro a sus hermanas trata de ir a un carmelo en Palestina pero no se le concede el permiso . La noche del 9 de noviembre de 1938, son saqueadas 7.500 viviendas de judíos y unas 200 sinagogas. En diciembre le llega el permiso para partir a Holanda. En junio escribe:
"Desde ahora acepto con alegría y con absoluta sumisión a su santa voluntad, la muerte que Dios ha dispuesto para mí. Pido al Señor que acepte mi vida y mi muerte en honor y gloria suyos… en expiación por la incredulidad del pueblo judío y para que el Señor sea aceptado por los suyos y su Reino llegue en gloria; por la salvación de Alemania y la paz del mundo…"

El dos de agosto de 1942 a las cinco de la tarde es detenida por la Gestapo y comienza su calvario. A través de diversos campos de concentración, en trenes de carga por tierras de alemania y Polonia hasta el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau donde muere en la cámara de gas, en medio de niños y adultos exterminados en masa.

En Auschwitz fue admirada por su temple. El comerciante Julio Marko comentó después sobre su bondad para todos, su atención hacia las madres que desfallecían; su ternura con los niños pequeños:"los lavaba, los peinaba, les procuraba alimentos".

Fue Juan Pablo II al beatificarla en 1987 quien la identificó cabalmente como "hija del pueblo de Israel, rica en sabiduría y arrojo… Caracterizada por una vida de virtud y renuncia… Heroica en el camino hacia el campo de exterminio…Buscadora incansable de la verdad…Iluminada con la bendición de la Cruz de Cristo… Mujer de ciencia, mujer de fe, judía, filósofa, religiosa, mártir.

Ciertamente que Edith Stein es para mí y para todos nosotros un testigo cualificado de Jesús.