María Cristina Acosta
Cuenta con una larga experiencia como sicóloga y terapeuta familiar en Cuba.
Mi hija de doce años me esta mintiendo. Algunas amistades me
dicen que eso es normal y me aconsejan que no le diga nada, ni le llame la atención.
¿Qué debo hacer?
Es posible que todos, alguna vez que otra en nuestra vida, hemos
mentido. Pero, ¿sabemos la magnitud psicológica de este hecho?
El mentir es traicionar, por su contenido y por su consecuencia. Se
traiciona por el contenido, porque el que miente sabe lo que le está diciendo a la
persona que es objeto de su falta de honestidad. Se traiciona por consecuencias
porque aun las pequeñas mentiras, pueden llegar a ser causa de valoraciones injustas
y hasta crueles de personas y hechos nobles. Las consecuencias de las mentiras son
también desastrosas para la persona que miente, pues se auto destruye su sistema de
valores y su personalidad.
Al mentir, se crean características personales no compatibles y
disonantes con el sistema de valores del verdadero cristiano. El que miente es deshonesto
y cobarde, porque no acepta ni se responsabiliza de sus actos. El mentir indica que se
siente inferior en su auto estima porque no puede aceptar errores. Si por obtener
ganancias personales miente, es capaz de cometer otros actos innobles de gran envergadura
por algo material. Por mentiras hay inocentes en cadena perpetua en las cárceles del
mundo.
En las edades tempranas del niño la mentira puede ser producto de su
fantasía. A través del juego de reglas se educa al niño de edad escolar. El juego de
reglas pone límites y normas que hay que cumplir y respetar.
En el niño y el adolescente los deportes como la pelota, el fútbol y
el baloncesto y también los juegos de mesa como el ajedrez, el parchís y las damas, le
ayudan a desarrollar su personalidad. Al hacer cumplir y respetar las normas y los valores
del juego, al aceptar las pérdidas y fracasos y cumplir las estrategias de los juegos, el
niño y el adolescente fortalecen su crecimiento como persona.
Explíquele a su hija y tenga usted conciencia de lo nocivo que es la
mentira. Podrá valorar que aunque el que miente no lo hace por nada malo, de todos modos
sí puede tener consecuencias muy dañinas.
Cuando le enseñamos a nuestros hijos el catecismo de la Iglesia
Católica les enseñamos los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Uno de ellos que
repetimos es "No levantar falsos testimonios ni mentir". Es importante darnos
cuenta de la magnitud de este mandamiento.
La Madre Teresa de Calcuta sobre esto escribió: "La persona más peligrosa: La
mentirosa". Educa a tu hija sobre la verdad. Enséñale que todos cometemos errores
diariamente y que todo eso es valorado y perdonado por Dios. Recuérdale que todos tenemos
dentro de nuestro corazón a un Dios vivo y resucitado, que es Cristo Jesús y El es
"Todo Verdad".