¡Bienvenidos al Nuevo Milenio! Aparentemente el
mundo sobrevivió el temor llamado el efecto 2000 (Y2K) sin muchos contratiempos, y el
Apocalipsis temido por muchos nunca llegó.
Al contrario, mientras veía la cobertura de las fiestas alrededor del mundo por la
televisión, me di cuenta de cuán cerca estábamos de lograr el ideal de, "un pueblo
global".
Sin importancia de raza, cultura o nacionalidad, todos parecían estar vinculados por
un deseo común de recibir al nuevo milenio con paz y alegría. Los gobiernos tomaron
medidas especiales para evitar que el terrorismo o la violencia fuese a dañar las
celebraciones. Los negocios y las naciones alrededor del mundo también invirtieron
aproximadamente 300 mil millones para asegurar que sus sistemas de computadoras estaban
preparadas para el Y2K.
Todas estas planificaciones y preparaciones valieron la pena, ya que las celebraciones
del Año Nuevo y el primer lunes de año se llevaron a cabo sin problemas.
Pero me pregunto: ¿Si todos pudieron hacer un esfuerzo tan concertado e invertir
tantos recursos para arreglar un problema de computadoras, por qué no podemos unirnos
para arreglar otros problemas serios? ¿Qué pasaría si invirtiéramos 300 mil millones y
con los mismos esfuerzos tratáramos de resolver los problemas de la pobreza, el
desalojamiento, y el hambre alrededor del mundo?
Parece que es mas fácil encender cuatro millas del RíoThames con luces, o hacer bajar
una bola de cristal en la plaza Times Square en Nueva York. A pesar de todo, las máquinas
son predecibles y programables. Aprietas el botón correcto, pones los números correctos,
y los problemas desaparecen.
No es tan fácil programar de nuevo a la naturaleza humana. Somos, después de todo,
imperfectos. Cargamos con la marca del pecado original. Nuestras deseos no son fáciles de
controlar. El miedo sobre la falla técnica del milenio motivó la inversión de
muchísimo dinero y esfuerzo por parte del mundo entero para prevenir la famosa falla de
computadoras, el Y2K. Ahora necesitamos la misma motivación para arreglar los males
sociales de la humanidad: el odio, la violencia, el racismo y la pobreza.
¿Dónde podemos encontrar esta motivación? Solamente en Cristo, Nuestro Señor. El es
la razón de nuestra celebración milenaria. El que vino para vivir entre nosotros y
enseñarnos "el camino, la verdad y la vida".
Solamente con la ayuda de Dios podrán los seres humanos controlar sus deseos para
hacer el bien y lo justo. Sólo con la gracia de Dios se pueden cambiar los corazones.
Siguiendo el ejemplo de Cristo los seres humanos podrán unirse como hermanos y
hermanas y trabajar para el bienestar de toda la humanidad.
Esta es la esperanza con la que la iglesia inicia este gran año de Jubileo. Queremos
que el aniversario 2,000 del nacimiento de Cristo sea un recuerdo para toda la humanidad
que la misericordia de Dios puede sanar las imperfecciones de la naturaleza humana.
Con la ayuda de Dios podemos reparar la falla que tenemos en nuestros corazones que nos
lleva a pecar; nuestros pecados que como el virus de una computadora multiplican el mal en
el mundo.
Vamos a aprovechar las grandes oportunidades que nos ofrece este Año Jubilar para
rezar y arrepentirnos, para el perdón y la conversión, tanto de las naciones como del
individuo. Hacer realidad en este nuevo milenio las promesas de amor y esperanza del Año
Nuevo.