El
cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana habla sobre el caso del niño elián
González.
9 de febrero del 2000
El caso del niño Elián González ha ocupado la mente y el corazón de los cubanos
desde hace ya más de dos meses.
La Iglesia en Cuba se pronunció con toda claridad en Nota de Prensa dada a conocer el
día 8 de diciembre de 1999, publicada casi íntegra en el periódico "Granma"
diez días después, (la nota aparece en esta misma hoja impresa). En ella dice la
Conferencia de Obispos Católicos de Cuba que el caso del niño Elián González debe
resolverse según el más elemental derecho universalmente aceptado, es decir, que el
menor que ha perdido a uno de sus progenitores queda al cuidado del progenitor
sobreviviente. No hay ninguna razón de otro orden para privar, en este caso al padre del
niño, de la patria potestad, pues no hay incapacidad física, mental o moral que le
impida al padre ejercer su derecho.
Quiero reiterar en esta ocasión que esta manera de pensar es la que sustento
personalmente y es invariable, pues está apoyada en la Doctrina de la Iglesia Católica,
según la cual la familia, por derecho natural, es anterior al Estado y ningún Estado
puede entorpecer los derechos de la familia con respecto a sus hijos. El derecho
primordial de la crianza y educación de los hijos es de sus padres.
Pero lo que aquella Nota de Prensa temía se produjera, ha ocurrido. Las pasiones de
distinto género, con un alto contenido político, han envuelto al niño en una enredada
madeja de corrientes de opinión y procesos judiciales que obstaculizan el cumplimiento
del derecho, según el cual se ha pronunciado ya el Servicio de Inmigración de Estados
Unidos, al ordenar que el niño debe ser enviado a su país para estar con su padre.
Muchas cosas han sucedido en estos dos meses. El cúmulo de argumentaciones que apelan
a la sicología, el medio social o la política, a favor del retorno del niño a su país,
si bien persiguen completar la presentación del caso a la opinión pública, de hecho
pueden oscurecer el argumento fundamental y suficiente: la custodia del menor le
corresponde al padre. Por sus características la retención del niño en Estados Unidos
se ha convertido en una querella familiar, al ser una misma familia la que se ve
involucrada en Cuba y en los Estados Unidos en la disputa por el menor. Resulta así
extremadamente penoso que se produzcan por parte de algunos familiares, o de otras
personas colocadas en uno u otro bando, expresiones ofensivas, juicios sobre el
comportamiento moral de miembros de la misma familia, divulgación no respetuosa de
detalles de la vida familiar que son dados a conocer sin miramientos a la opinión
pública, etc. El mismo derecho prevé que los conflictos de familia deben tener un
arreglo familiar. La solución del caso del niño Elián González pasa por algún tipo de
acuerdo en el seno de la familia.
Pero lo más doloroso es la situación del niño, observado a todas horas por los
medios de comunicación, convertido en una aberrante estrella de cine, sin el menor
respeto para la dignidad de su persona. Esto hiere la sensibilidad de muchos que nos
escriben, nos llaman por teléfono o nos dicen personalmente: ¿hasta cuándo va a durar
esta situación?, la Iglesia, ¿no puede hacer algo para que el niño vuelva?. Esa misma
sensibilidad impide a veces ver la complejidad del problema y las complicaciones a que ha
conducido la demora del niño en Estados Unidos.
Cuando el problema estaba en sus inicios y era aún más manejable, a principios del
mes de diciembre, pude hablar con el Cardenal Bernard Law, de Boston, quien me dijo se
había dirigido a varias instancias y personas del gobierno de Estados Unidos para ofrecer
la ayuda de los servicios caritativos de la Arquidiócesis de Boston a fin de facilitar el
retorno a Cuba del menor. El Cardenal Law estaba preocupado por las complicaciones que
podría traer la permanencia prolongada del pequeño en Estados Unidos y me informó que
la Sección de Intereses de Cuba en Washington tenía conocimiento de estas gestiones. Por
mi parte comuniqué al gobierno cubano la disponibilidad del Servicio Católico de Caridad
de Boston y del Cardenal Law de brindar su cooperación para coadyuvar a resolver el
conflicto.
Fue también una iniciativa humanitaria de mucha significación la asumida por el
Consejo de Iglesias de Estados Unidos para facilitar el viaje de las abuelas del niño a
ese país, que les permitió ver a su nieto y sostener otros encuentros. Lamentablemente,
las condiciones del encuentro de las abuelas con el niño no fueron adecuadas. La
elección de la casa de la rectora de la Universidad de Barry, hermana Jeanne
OLaughlin, dependió de un contacto directo del Servicio de Inmigración
norteamericano con la hermana OLaughlin, sin responsabilidad alguna de la
Arquidiócesis de Miami. Esto aparece claro en una nota del Arzobispado de Miami publicada
el mismo día de la entrevista. Dice la nota: ha de saberse que la Universidad de Barry
es una institución católica privada, de educación superior, que no está afiliada a la
Arquidiócesis de Miami. Barry está dirigida por las religiosas dominicas de Adrian,
Michigan, bajo la presidencia de la hermana Jeanne OLaughlin. La Arquidiócesis de
Miami no ha tenido participación alguna con respecto a la reunión programada para el
día de hoy entre Elián González y sus abuelas. La decisión hecha al respecto partió
del Departamento de Justicia, Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados
Unidos.
Las declaraciones posteriores de la hermana OLaughlin, cargadas de subjetividad,
fueron hechas según observaciones insuficientes y son de orden sentimental. Estas
argumentaciones no cuentan en el caso de un proceso legal aunque sí tienen peso en un
tema donde fácilmente se excita la sensibilidad de la opinión pública, que en estos
casos, puede verse arrastrada por un río de sentimientos en muchas ocasiones hábilmente
explotados.
En el río de opiniones vertidas en Cuba durante estos dos meses se ha visto envuelta
la Iglesia Católica desde antes de Navidad, empezando por un actor dramático de la
televisión cubana, que emplazó "al mismísimo Papa" de manera poco cortés,
diciendo al Santo Padre que cómo podría celebrar él el nacimiento de Jesús si el niño
Elián no era devuelto. Poco tiempo después hizo acto de presencia el conocido brasileño
Fray Betto, que aparece en Cuba en determinadas ocasiones, y da su versión no muy exacta
de las cosas, pues su referencia escueta a una intervención del Papa a favor de Pinochet
no es fiel. Él también clamó en tono populista por una intervención del Papa en el
caso de Elián.
Una nota posterior a la visita del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba a Roma
publicada en la prensa cubana, hacía conocer que el Santo Padre no estaba informado de
nada de lo referente a Elián. Sabemos que el cúmulo de preocupaciones y problemas que
afectan al mundo se acumulan de modo sobrehumano en la mesa de trabajo del Papa. Aún así
lamento que en aquel momento no estuviera informado. Aunque con respecto a las
intervenciones antes mencionadas, si de mí dependiera, por el contenido y la forma de
ellas, no le haría llegar ninguna información al Santo Padre. No quiero que se empañen
los recuerdos maravillosos que él guarda de la delicadeza y el afecto con que fue acogido
por el gobierno y el pueblo de Cuba en su visita a nuestro país; sentimientos que me ha
expresado a mí personalmente en más de una ocasión y que reiteró de nuevo al Ministro
de Relaciones Exteriores Felipe Pérez Roque, en su reciente visita a Roma. Todo ello fue
muy bien recogido por el periódico "Granma".
¿Qué decir de las opiniones sobre la hermana OLaughlin? Ha habido de todo:
errores teológicos graves, como presentar a una monja violando secretos de confesión,
pues ni una monja confiesa, ni en su casa nadie fue a confesarse. Se ha dicho de ella que
es una monja que ha encarnado al demonio, se han proferido otros insultos, alusiones,
juegos de palabra y lo que es peor, parece despuntar una generalización indebida que
intenta atacar la actitud de la hermana mermando el prestigio de la Iglesia Católica como
institución. Por ejemplo: referencias repetidas en los medios de comunicación social a
la conducta sexual de los sacerdotes en los Estados Unidos y a estadísticas sobre
clérigos enfermos de Sida.
Repito que no apruebo el proceder de la hermana OLaughlin, pero los errores se
combaten con argumentos y no tratando de destruir a las personas y a las instituciones. He
visto estos dos meses de movilización nacional por el retorno de Elián a Cuba como una
gran batalla bien organizada. Puede haber en las batallas francotiradores que apuntan
hacia cualquier sitio y prefiero pensar que haya sido así en el caso de esas referencias
a la Iglesia o al Papa, reveladoras de prejuicios o de oscuros sentimientos que esperan la
oportunidad para expresarse.
Me resisto a creer que esto sea parte de la estrategia de combate, porque entre otras
cosas se alteraría el modo habitual de proceder de los medios de comunicación de Cuba,
que evitan lo sórdido o lo escandaloso en su relación con la Iglesia y los creyentes. Si
no se tratara de iniciativas individuales en medio de una batalla que resulta ya bastante
larga, y fuera parte de una estrategia, sí estaría preocupado, no sólo por los efectos
negativos que esto produce en los católicos y aún en los no católicos en Cuba, que se
dirigen a nosotros desconcertados, sino por la dispersión de fuerzas y las malas
repercusiones en la opinión pública internacional. Me inclino a pensar que se trata de
graves descuidos en un proceso que tiene ya demasiada duración. Quizás algunas
intervenciones en televisión hubieran podido editarse para pasar por alto opiniones o
relatos, no sólo referentes a la Iglesia Católica, que pueden herir la sensibilidad de
muchos en Cuba y en el extranjero y que no invitan a todos a centrar su atención en el
único problema real: el padre del niño Elián González tiene todo el derecho a la
custodia legal de su hijo y deben buscarse los medios adecuados para que en breve tiempo
la dolorosa situación en que el niño se encuentra llegue a su fin.
Queridos fieles de La Habana: les pido que tengan presente en sus oraciones a este
niño, a su padre, a sus abuelas y demás familiares, así como a los que tienen que ver
con el futuro del menor; de modo que lo que es derecho del padre y del niño, llegue a ser
pronto una feliz realidad.
Con afecto los bendice,
Cardenal Jaime Ortega Alamino
Arzobispo de La Habana