Clasificación Católica: A-IV
Clasificación MPAA: R
Dirección: Allan Parker; Guión: Basado en el libro de Frank McCourt.
Reparto principal: Emily Watson como Angela; Robert Carlyle como Malachy.
Por Javier Casas
La Voz Católica
Esta película, basada en la vida del novelista Frank McCourt, relata las tristes
experiencias de una infancia y juventud vividas en la desolación de una Irlanda
empobrecida durante la primera mitad del siglo pasado.
Alan Parker nos presenta los desgarradores episodios de la trayectoria de un niño, a
quien le ha tocado vivir en medio de miserias, pero las cuales no impidieron el
florecimiento de su espíritu romántico y presto a la aventura. La trama de
«Angelas Ashes» no le pierde pies ni pisadas a la familia McCourt, comenzando con
sus fracasos en un barrio de New York, a los pies de la Estatua de la Libertad, hasta su
regreso al poblado de Limerich desde donde habían emigrado.
La sufrida y fiel Angela había sido criada en el seno de una familia intolerante hacia
los Irlandeses del Norte como su Protestante esposo quien era, además, un beodo
empedernido.
El tema se recrea en los detalles con que McCourt describe en su novela el dolor de su
familia, sus desvencijadas habitaciones, sus niños casi muertos de hambre, las penas y
humillaciones de seres humanos privados de sus más básicas necesidades. La tragedia
está retratada con tal crudeza que llega a metérsenos con dolor en el alma. A pesar del
humor con que el director salpica este drama, ciertos detalles de la narración nos mueven
a ese dolor, como la cabeza de carnero servida en una cena de Navidad.
El tema de la cultura católica de Irlanda sale a flote en más de una ocasión,
particularmente en el ángulo del choque entre católicos y protestantes. Sin embargo ese
no es el peor problema al que se enfrentan los McCourt, el problema es el hambre y la
pobreza. A pesar de los largos y repetidos episodios de dolor y servil miseria, la
película se enfoca hacia el triunfo del espíritu sobre la materia. Este es su
testimonio: La fortaleza de un ser humano bajo las peores circunstancias.
La vida en Irlanda se presenta, hasta cierto punto, enrarecida por su fe y por la
práctica de sacramentos como la confesión y la comunión en contracorriente a los
instintos sexuales desordenados que empujan a los jóvenes en dirección contraria. Por
otro lado, debo señalar, que esta familia se mantiene funcional a pesar de todas sus
desgracias. No obstante las fallas humanas, como la fragilidad del padre que provoca
ciertas tensiones, también se observan grandes dosis de afecto y amor entre padres e
hijos y entre hermanos; Angela adora a su marido y a sus hijos y está dispuesta a todo
por ellos y Frank ama a su padre a pesar de sus muchos defectos.
Es penoso que se hayan seleccionado como memorables algunos aspectos anticatólicos
como la escena donde el niño casi se ahoga al recibir la eucaristía. Más tarde lo vemos
vomitando en la celebración y a la madre exclamando horrorizada: ¡Mi patio ha sido
irrigado con el Cuerpo y la Sangre de Dios! Luego el niño es llevado de la mano a
confesar tan inocuo pecado. Tampoco se ha tratado adecuadamente el fenómeno de la
sexualidad de la juventud al presentarse absurdos episodios, como el de un joven espiando
mujeres desnudas y actos de fornicación implícita, además del uso de bebidas
alcohólicas para obtener reconocimiento de un padre así como el maltrato verbal hacia su
madre en una de las escenas más crudas y emotivas de toda la película.
Nada de lo que hace Frank con su vida es extraordinario pero por su gran coraje y
perseverancia ante la adversidad su carácter reviste ciertos visos de heroísmo.
En las actuaciones Emily Watson se distingue en su papel, que a pesar de no ser figura
central de la trama, logra una tranquila y sosegada Angela. Al igual que Watson, Robert
Carlyle se distingue como un padre amoroso que aunque irresponsable nunca pierde su
sentido de culpa por las miserias que su comportamiento genera. El personaje de Frank
está dignamente representado por tres actores: Joe Green, hasta los 16 años, Cearan
Owens el Frank adulto y Michael Legge como más viejo. Los tres hacen un trabajo aceptable
bajo la dirección de Alan Parker que logra muy bien las transiciones.
La película ha sido clasificada AIV y R por lenguaje soez en sus diálogos así
como por la violencia que representa el pegarle a los niños y otros elementos de
sexualidad y mala interpretación de asuntos de la religiosidad católica.