El gran Jubileo del Año 2000
Carta pastoral del Arzobispo
de Miami John C. Favalora con motivo delAño Santo Jubilar
Queridos amigos en Cristo,
1. El Gran Jubileo del Año 2000 conmemora el aniversario del
nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, Redentor del mundo. Al despuntar el alba del
tercer milenio, recordamos cuán profundo es el amor de Dios por nosotros, amor que
culminó en la Encarnación del Señor Jesús. Porque así amó Dios al mundo, que le
entregó a su Hijo unigénito para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que
creen en El. (Juan 3, 16)
Ahora, veinte siglos después, hacemos con júbilo una pausa en este Año Santo para
reflexionar sobre el gran misterio de nuestra redención.
Historia
2. La palabra "jubileo" viene de la palabra hebrea jobel, que
significa "cuerno de carnero". Los hebreos usaban este instrumento una
especie de trompeta para proclamar la celebración de su año jubilar. Esta
tradición se remonta a Josué, que hizo resonar el cuerno de carnero al séptimo día,
derrumbando así las murallas de Jericó.
3. Los hebreos marcaban cada séptimo año, al igual que cada séptimo día, como un
momento sagrado, dedicado al descanso. Pero el año que seguía siete ciclos completos de
siete años se mantenía como un año sabático de especial solemnidad. Santificarán
el año cincuenta. (Levítico 25, 10)
4. En el Antiguo Testamento, durante el año jubilar no se cultivaban las cosechas, se
daba la libertad a los esclavos, y se perdonaban las deudas. Estas prácticas servían
para hacer resaltar que el pueblo hebreo confiaba en el Señor y para mostrar a Dios su
gratitud por haberlos liberado del cautiverio en Egipto y haberlos guiado y alimentado
mientras atravesaban el desierto. Durante el año jubilar en especial, los hebreos debían
poner en práctica en sus propias vidas la bondad de Dios para con ellos.
Año Santo Cristiano
5. El primer año jubilar cristiano que registra la historia se celebró en el año
1300 A.D., proclamado por el Papa Bonifacio VIII. Aunque sabemos con certeza que, durante
la Edad Media, era práctica regular dar solemnidad al cincuenta aniversario, hay cierta
evidencia de que esta costumbre también se observaba en siglos anteriores. Sin embargo,
el primer año jubilar anunciado oficialmente fue el Año Santo proclamado por Bonifacio
VIII con el propósito de llamar a la Iglesia al arrepentimiento, a pedir perdón por sus
pecados y a renovarse espiritualmente.
Jubileo 2000
6. El 10 de noviembre de 1994, en su carta apostólica Tertio Millennio Adveniente,
el Papa Juan Pablo II exhortó a todos los pueblos de nuestra época a prepararse para la
celebración del Gran Año Jubilar 2000. Recordando las palabras de San Pablo que
describen el nacimiento de Jesús en "la plenitud de los tiempos", el Santo
Padre escribe: "En realidad el tiempo se ha cumplido por el hecho mismo de que Dios,
con la Encarnación, se ha introducido en la historia del hombre. La eternidad ha entrado
en el tiempo: ¿qué cumplimiento es mayor que éste?, ¿qué otro cumplimiento sería
posible?" (Tertio Millennio Adveniente, no. 9)
7. Para los cristianos, el comienzo del Tercer Milenio es una oportunidad para celebrar
el amor misterioso de Dios por su creación, al enviar a su único Hijo a vivir dentro de
y junto con esa creación. Para nosotros, el año 2000 no es sólo un hito histórico en
el tiempo, es más bien la conmemoración del cumplimiento de nuestra salvación por
Jesucristo nuestro Redentor.
8. Por tanto, este año la Iglesia y todos los cristianos celebramos nuestra
liberación del pecado y, de hecho, esa nueva vida de gracia que nos alcanzó Jesucristo,
el Hijo de Dios. Es un año para renovar nuestra fe en Cristo, Nuestro Señor, cuya vida
le dio vida al mundo. Es un año para renovar nuestra esperanza de que Dios, a través del
Espíritu Santo presente dentro de nosotros, renovará la faz de la Tierra.
9. Este Año Jubilar nos recuerda que: "toda la vida cristiana es como una gran
peregrinación hacia la casa del Padre, del cual se descubre cada día su amor
incondicional por toda criatura humana y, en particular, por el hijo pródigo". (Tertio
Millennio Adveniente, no. 49)
Llamamiento a la santidad
10. Al igual que sucedió con nuestros antepasados los hebreos, nosotros los cristianos
de hoy también estamos llamados, durante este Año Santo, a una mayor santidad de vida.
El clero, los religiosos y los laicos, al reflexionar sobre la infinita Providencia de
Dios hacia nosotros, hemos de reconocer nuestros propios pecados, pedir perdón a Dios y
al prójimo y seguir más de cerca la ley divina del amor, a imitación de Cristo. Tenemos
un ejemplo a seguir precisamente porque Cristo se hizo uno entre nosotros.
11. En un mundo tan frecuentemente confuso por la distorsión de la verdad, Jesús es
la única dimensión de la verdad que podrá cambiar nuestra moralidad egoísta y
relativista a la vez. A pesar de todos los avances tecnológicos, el mundo continúa
obcecado por la cultura de la muerte. La razón y la voluntad, si carecen de luz, no
pueden ni ver ni escoger los copiosos bienes que Dios tiene destinados para sus hijos.
Sólo Cristo puede iluminar nuestro sendero y mostrarnos el camino.
12. El Año Jubilar es un año especial de gracia, un nuevo comienzo. Durante este
tiempo especial todos tenemos la oportunidad de renovar nuestro compromiso con el Señor
Jesús, pedirle ayuda al Espíritu Santo, y encaminar de nuevo nuestras vidas hacia la
casa del Padre.
13. Durante este año, exhorto a todos mis hermanos sacerdotes y diáconos a que
reflexionen sobre el llamamiento que han recibido a identificarse con el Señor. Por medio
del Sacramento del Orden, el sacerdote actúa in persona Christi, en la persona de
Cristo, y los diáconos representan a Cristo servidor. A través de nuestro ministerio
diario de oración y servicio, hacemos a Jesús presente en nuestro pueblo. Hoy más que
nunca, mediante la oración y la penitencia, tenemos que dejar que el Señor se haga más
presente en nosotros para que seamos íconos más auténticos de nuestro Salvador.
14. Los religiosos y las religiosas, por sus sagrados votos, hacen que el mundo vea a
ese Cristo pobre, obediente y totalmente entregado al amor del Padre. Hoy, en una sociedad
marcada por el consumismo, el materialismo y el hedonismo, es necesario hacer resaltar
plenamente las virtudes evangélicas.
15. Nuestros fieles laicos, especialmente las parejas casadas, están llamados a
reflexionar sobre el gran amor de Cristo por su Iglesia, para así renovar y mantener la
santidad del matrimonio y de la vida familiar. En nuestro tiempo, ambos se ven
trivializados por el divorcio, la violencia y otras aberraciones sociales. La fidelidad
del amor conyugal debe volver a ser la norma y la paternidad responsable debe restaurar el
vigor a nuestras familias.
16. Los jóvenes, que por disposición natural tienden hacia los grandes ideales,
están también llamados a la santidad. "El futuro del mundo y de la Iglesia
pertenece a las jóvenes generaciones que, nacidas en este siglo, serán maduras en el
próximo, el primero del nuevo milenio. Cristo escucha a los jóvenes, como escuchó al
joven que le hizo la pregunta: ¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?
(Mateo 19, 16). Si saben seguir el camino que El indica, tendrán la alegría de
aportar su propia contribución para su presencia en el próximo siglo y en los sucesivos,
hasta la consumación de los tiempos". (Tertio Millennio Adveniente, no. 58)
17. Este Gran Jubileo nos da la oportunidad de consagrarnos de nuevo a una mayor
santidad de vida. Al inaugurar este Año Especial de Gracia, propongo a todos mis hermanos
y hermanas de la Arquidiócesis y a toda la comunidad un plan muy sencillo para lograr la
santidad.
Propósitos personales para el Año Santo

18. Rezar la oración de la mañana y de la noche, rezar antes y después de las
comidas, rezar diariamente el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria. (Ver recuadro
en esta página).
Confesar mensualmente los pecados y pedir la reconciliación con Dios y con los
demás a través del Sacramento de la Confesión.
Asistir a Misa todos los domingos y diariamente si es posible.
Dedicar cada semana un tiempo de adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento.
Tener una lectura diaria de cinco minutos, tomada de uno de los cuatro
Evangelios, durante la comida familiar.
Repasar los Diez Mandamientos y reflexionar sobre cómo vivirlos. Se pueden
encontrar en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. (Recuadro)
Realizar obras de misericordia, tanto corporales como espirituales. (Recuadro)
Cumplir con fidelidad las responsabilidades diarias del estado de vida de cada
uno.
Participar personalmente en los programas de renovación espiritual de la
parroquia: Renovación 2000, Renacer, Cursillo, Renovación Carismática, etc.
Rezar el Rosario por las vocaciones sacerdotales y religiosas.
Indulgencias
19. En el documento El Misterio de la Encarnación, el Santo Padre nos urge a
pasar el Gran Año Jubilar 2000 renovando nuestra propia relación con Dios mediante la
penitencia, la oración y las obras de caridad. Aquéllos que así lo hagan podrán
recibir una indulgencia especial por el Año Santo.
20. Según el Catecismo Católico, "la indulgencia es la remisión ante Dios de la
pena temporal por los pecados ya perdonados" (no. 1471). Cada vez que pecamos,
establecemos el desorden en nuestra vida. Todo pecado tiene una doble consecuencia. El
pecado grave conlleva una pena eterna, es decir la separación total y permanente de Dios,
el infierno. Ese castigo se borra cuando pedimos perdón en la confesión y recibimos la
absolución. Pero el efecto secundario, o pena temporal del pecado, inclusive
del pecado venial, aún permanece, de ahí nuestra tendencia a seguir pecando y a
apartarnos de la voluntad de Dios.
21. Aún cuando Dios perdona nuestros pecados mediante la confesión, seguimos sujetos
al desorden. Esa "pena temporal" nos aleja de poder alcanzar la santidad plena.
Tenemos que purificarnos para eliminar ese desorden y realizar nuestro destino, que es la
plena comunión con Dios por toda la eternidad.
22. Las indulgencias nos ayudan a re-enfocar nuestras vidas hacia Dios y a unir nuestra
voluntad a la suya. El Santo Padre insta a todos los fieles a que dediquen el Año del
Milenio a renovar su relación con el Señor. El arrepentimiento es intrínseco al Año
Jubilar para ganar las indulgencias. Los actos públicos asociados con las indulgencias
tienen su origen en las prácticas de la Iglesia primitiva para obtener el perdón de los
pecados, es decir:
Realizar peregrinaciones a determinadas iglesias o santuarios en Roma (incluyendo las
Catacumbas); en Tierra Santa; o bien a la catedral diocesana o a una iglesia o ermita
local que el obispo señale.
Participar, durante tal visita, en una celebración litúrgica, ya sea la Misa o las
oraciones de vísperas; o dedicar un tiempo a la oración ante el Santísimo Sacramento y
concluir la meditación con un Padre Nuestro, una profesión de fe (el Credo) y una
oración a la Virgen María.
23. Además, recientemente el Papa ha añadido las Obras de Misericordia, tanto
temporales como espirituales, a las prácticas aceptables para ganar indulgencias.
Visitar a los enfermos, los presos, los ancianos que viven solos, los minusválidos y
todo aquél que esté necesitado, "como si se hiciera una peregrinación al Cristo
presente en ellos".
Abstenerse por lo menos durante un día completo de consumir bebidas alcohólicas o
fumar tabaco; ayunar o practicar la abstinencia de carne; hacer donaciones en efectivo o
en tiempo para obras de caridad que beneficien a la comunidad, particularmente a los
niños abandonados, a los jóvenes con problemas, a los ancianos necesitados y a los
inmigrantes en distintos países que buscan mejores condiciones de vida.
24. Aquéllos que cumplan con estas condiciones recibirán "la remisión
total" de la pena temporal debida por sus propios pecados, o por los de las almas de
los difuntos.
25. Durante el Gran Año Jubilar 2000 se podrán obtener indulgencias en las siguientes
iglesias y santuarios:
En Roma
-La Basílica de San Pedro en el Vaticano
-La Archibasílica del Santísimo Salvador de Letrán
-La Basílica de Santa María la Mayor
-La Basílica de San Pablo Extramuros en la Vía Ostiense
-La Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén
-La Basílica de San Lorenzo junto al Cementerio Verano
-El Santuario de la Virgen del Divino Amor
-Las Catacumbas Cristianas
En Tierra Santa
-La Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén
-La Basílica de la Natividad en Belén
-La Basílica de la Anunciación en Nazaret
En la Arquidiócesis de Miami
-La Catedral de Santa María en Miami
-La Capilla del Seminario St. John Vianney en Miami
-La Iglesia de Gesu en Miami
-La Ermita de la Caridad en Miami
-La Iglesia de St. Mary, Star of the Sea en Cayo Hueso
-La Iglesia de St. Agnes en Key Biscayne
-La Iglesia de St. Rose of Lima en Miami Shores
-La Iglesia de San Lázaro en Hialeah
-La Iglesia de St. Louis King of France en Miami
-La Iglesia de Little Flower en Coral Gables
-La Iglesia de St. Elizabeth of Hungary en Pompano Beach
-La Iglesia de St. Gregory the Great en Plantation
-La Iglesia de Little Flower en Hollywood
-La Iglesia de St. Anthony en Fort Lauderdale
26. Además, la Arquidiócesis de Miami patrocinará dos peregrinaciones a Roma durante
el Año Santo en marzo y en mayo.
Dado que la renovación espiritual es el centro de la celebración del Jubileo, exhorto
a todos para que, durante este tiempo especial de gracia, busquen la oportunidad de ganar
las indulgencias que concede la Iglesia.
Llamamiento a la Justicia
27. "Así, con el espíritu del Libro del Levítico (25, 8-28), los cristianos
deberán hacerse voz de todos los pobres del mundo, proponiendo el Jubileo como un tiempo
oportuno para pensar entre otras cosas en una notable reducción, si no en una total
condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas
naciones". (Tertio Millennio Adveniente, no. 51)
28. El Santo Padre nos recuerda que la justicia es una preocupación especial durante
los años de jubileo. Es necesario corregir el mal para hacer que la voluntad de Dios
reine en nuestra vida y en nuestro mundo. La redención que nos alcanzó Cristo Nuestro
Señor perdonó la desobediencia original en que habíamos caído a través de nuestros
primeros padres, Adán y Eva.
29. Fieles al espíritu de la antigua tradición hebrea de perdonar las deudas durante
un Año Jubilar, la Arquidiócesis ha perdonado las deudas de ocho parroquias pobres, por
un total de 1.8 millones de dólares. Que esto sirva como testimonio de amor por nuestros
hermanos y hermanas y de nuestro compromiso con aquéllos que viven en las áreas más
pobres de nuestra Iglesia local. También debe servir de modelo para que tanto las
personas como los distintos países compartan con los demás los dones que han recibido
del Señor y así podamos lograr un sistema más equitativo de justicia social.
30. La Arquidiócesis de Miami también ha inaugurado oficialmente un programa de
hermandad a través del cual las parroquias con mayores recursos financieros compartirán
con las parroquias de pocos recursos. Este programa de hermandad consiste en un
intercambio de recursos que permitirá a cada parroquia poner sus respectivos dones al
servicio de la otra.
31. Finalmente, les insto a que apoyen el llamamiento del Santo Padre para que los
extranjeros indocumentados obtengan la amnistía; y les pido también que se comprometan a
construir una sociedad que respete la vida, desde el momento de la concepción hasta la
muerte natural. Ruego encarecidamente a todos los católicos que, imitando al Santo Padre,
trabajen por la abolición de la pena de muerte como forma de castigo por graves ofensas
criminales. El debido respeto por la vida plena que Cristo vino a traernos no debe quedar
conculcado por un acto que violentamente quite la vida de persona alguna, aunque se trate
de un criminal convicto.
Exhortación final
32. Como cristianos, creemos que Cristo vino a traer vida al mundo. Su nacimiento
entre nosotros hizo posible que todos llamemos a Dios "Padre Nuestro". Tenemos
que repetir esa Buena Nueva durante el Tercer Milenio. Pero el primer paso para la
predicación eficaz del Evangelio es la renovación personal de cada uno de nosotros.
33. Ruego a todos ustedes, mis queridos hermanas y hermanos, que tomen en serio este
Año Jubilar, es decir, que reciban de lleno a Cristo en su vida diaria.
Pídanle a María, Nuestra Señora del Nuevo Milenio, que les deje compartir con ella a
su Hijo Jesús. Ella lo trajo al mundo, lo vio ejercer su ministerio, sufrió con El en la
cruz y recibió el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Ciertamente, que si así se lo
piden, ella sabrá cómo hacerlo.
Durante este Año Jubilar, que María nos guíe a todos, junto con el pueblo de Dios y
todos los santos y los coros de los ángeles celestiales, a elevar un himno triunfal de
alabanza al Padre:
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Amén.
(Hebreos 13, 8)
John Clement Favalora
Solemnidad de la Natividad del Señor
25 de diciembre de 1999
Catedral de Santa María, Miami |