Ana Rodríguez Soto
La Voz Católica
MIAMI -- Mientras el mundo iniciaba un nuevo siglo, la Arquidiócesis celebraba su
primera "misa global" del Año Jubilar 2000 con personas de varias naciones
unidas en un espíritu de hermandad.
"En la iglesia de Dios no existen las diferencias. Todo es unidad en la hermandad
y fraternidad que tenemos en el Señor", dijo el Arzobispo John C. Favalora a un
docena de diferentes grupos étnicos que llenaron la Catedral con sus músicas, sus trajes
llenos de colorido, sus lenguas diferentes, y sus oraciones.
Era la Misa Anual de Inmigración que se lleva a cabo en la Festividad de la Epifanía:
la manifestación de Cristo al mundo. Entre los grupos representados estaban africanos,
chilenos, chinos, croatas, filipinos, haitianos, polacos y vietnamitas.
En su homilía, el arzobispo Favalora hizo referencia a la paz y alegría presente en
las celebraciones de Año Nuevo alrededor del mundo.
"La gente no sólo celebraba sino que también manifestaba esperanza", dijo.
"Sus deseos eran que en éste nuevo siglo, en éste nuevo milenio, todos seamos parte
de ese pueblo global que presenciamos por la televisión ese día".
Los cristianos comparten ese deseo, pero también la fe en " que el Señor puede
traer esa paz que todos anhelamos", dijo el Arzobispo.
"Jesús vino a este mundo precisamente a enseñarnos a los seres humanos, a
convivir como hermanos y hermanas. Su encarnación -- Dios que toma carne humana
--también elevó a la humanidad, otorgándole a cada hombre y mujer "una nobleza con
la que nadie debe interferir... Que ningún dictador o gobierno pueda quitarles",
enfatizó el Arzobispo.
Lamentablemente, "todavía no tenemos los derechos de igualdad para todos",
comentó, citando el récord de los Estados Unidos en el número de abortos, su
tratamiento de los inmigrantes y el uso de la pena de muerte en los Estados Unidos.
"Si vamos a predicar acerca de los derechos humanos, tenemos que poner en
práctica esos derechos humanos para todos en éste país", dijo el arzobispo
Favalora.
Y añadió que los cristianos están obligados a ello . "Nosotros creemos que
todos somos hijos e hijas de Dios. No existen excepciones. Dios no conoce las
preferencias, y nosotros tampoco debemos conocerlas.
El Arzobispo indicó "se ha progresado en el siglo veinte", ya que la
humanidad no inicia una guerra tan fácilmente como antes".
Pero la clave no es imponer más leyes, sino el cambio en nuestro corazones que pide la
iglesia para este Año Jubilar.
"En la medida en que permitamos que el Señor cambie a nuestros corazones",
concluyó el Arzobispo, en esa medida cambiara nuestra sociedad".