ROMA (ZENIT).- El despacho de la agencia
italiana ANSA, que por un error de traducción puso en los labios del presidente de la
Conferencia Episcopal Alemania, monseñor Karl Lehmann, declaraciones en las que pedía
las dimisiones de Juan Pablo II ha suscitado una extraordinaria oleada de adhesiones al
Santo Padre.
Desde sus colaboradores más cercanos, como el sustituto de la Secretaría de Estado
vaticana, el arzobispo Giovanni Battista Re, hasta el hombre que en todo este pontificado
ha lanzado más críticas contra el actual obispo de Roma, el teólogo suizo Hans Küng,
todos, han lanzado un mismo mensaje: debe seguir con su misión.
El cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia, asegura que para la Iglesia y para
el mundo la experiencia de vida y el carisma profético de este pontífice son
irrenunciables. El Papa, dice, no es el directivo de una multinacional, sino el pastor que
Cristo ha dado a su Iglesia. "Para cumplir con este encargo se requiere sabiduría
algo que con la edad aumenta, en lugar de disminuir".
El teólogo Hans Küng, que nunca ha escondido sus divergencias con la línea que ha
trazado este pontificado estar "en contra de un retiro de Karol Wojtyla ", pues
considera que no es bueno el que tenga lugar un cónclave con un Papa en vida. Al fallecer
el pontífice actual, explica, los cardenales se sentirán más libres para elegir a su
sucesor.
"Santidad, le necesitamos", quien pronunció estas palabras al estallar en
Italia la polémica no fue un cardenal u obispo, se trataba del decano del Cuerpo
Diplomático ante la Santa Sede, el embajador de al República de San Marino, en
representación de los embajadores de 170 países de todo el mundo.