Sammy Díaz
Capellán laico de la cárcel del condado de Miami-Dade.
Ya pasaron las Navidades, ya pasó el Y2K y ahora comienza un nuevo año en
nuestras vidas.
No vamos a hablar de las resoluciones de año nuevo, sino de algo más importante. Este
nuevo año es el año del Jubileo, donde en la tradición bíblica se perdona y se deja
descansar a la tierra de los cultivos.
El Santo Padre nos ha pedido algunas cosas para este año, hablemos de una en
particular. Perdonar la deuda externa. ¿Por qué hemos escogido ésta? Porque va en
contra de la vida. La deuda externa mata de hambre a los países pobres en nombre de la
libertad del comercio.
El primer derecho del ser humano es el derecho a la vida, tanto en lo material como en
lo espiritual. De éste derecho se derivan los derechos a la alimentación, al trabajo, a
la educación y a la fe.
La Iglesia, pueblo de Dios, debe velar por el bienestar de sus hijos e hijas ofreciendo
normas de ética a las personas y a los gobiernos. La iglesia no debe de proponer
soluciones económicas o políticas especificas porque no es su campo. Los laicos como
ciudadanos son los llamados a intervenir en las estructuras políticas y económicas para
llevar a la práctica los valores morales y de justicia.
En los últimos años con la globalización muchos países han progresado
económicamente. Pero la realidad es que los ricos son menos y más ricos, y los pobres
son mas y más pobres. En los países capitalistas las decisiones económicas están cada
vez más en manos de menos personas, debido a las consolidaciones y adquisiciones de
empresas. En los países socialistas y totalitarios las decisiones están en manos de unos
pocos de la cúpula gobernante.
En nuestro país también se está sintiendo éste efecto con la pérdida de empleos de
sueldos altos y el aumento de empleos de salarios mínimos. Junto con la globalización ha
venido la robotización. En industrias como la automovilística los robots están
desplazando a los obreros. Cada vez se necesitan menos obreros para fabricar un
automóvil.
En otros países han aumentado las oportunidades de empleo debido al traslado de
fábricas de países ricos en busca de mano de obra barata. Es cierto que se crean
empleos, pero las condiciones en algunos lugares son inhumanas.
Nuestro reto como cristianos es evangelizar al pobre para que se desarrolle como ser
humano y pueda valerse por si mismo. De esta manera obtendrá más oportunidades para
progresar. También debemos evangelizar al rico para que sea justo con sus obreros. Dar de
lo que nos sobra es un acto de justicia. Dar de lo que nos es necesario es un acto de
caridad. Por eso el Señor ensalzó a la pobre viuda que dio de lo poco que tenía.
Lo mismo ocurre con los países, si los países ricos no perdonan la deuda externa, los
países pobres no podrán subsistir y continuaran las guerras y los sufrimientos.
Una evangelización que solo hable del "otro mundo" y no clame justicia para
el pobre hoy, aquí, en este mundo, no cumple con su responsabilidad cristiana.