VATICANO, (ZENIT).- Al abrirse las puertas del
nuevo milenio, el Papa piensa que los hombres podrían finalmente aprender a sacar las
lecciones del pasado.
"Sí, pido a todos, en nombre de Dios, preservar a la humanidad de nuevas guerras,
respetar la vida humana y la familia, colmar el abismo entre ricos y pobres, comprender
que todos somos responsables de todos".
Dirigiéndose a los diplomáticos acreditados en Roma el Papa afirmó que "es Dios
quien lo pide. Jamás nos pide nada por encima de nuestras fuerzas. El mismo nos da la
fuerza para cumplir lo que espera de nosotros".
Juan Pablo II reconoció que el siglo que acaba de terminar ha marcado "singulares
progresos científicos que han mejorado considerablemente la vida y la salud de los seres
humanos" pero para el siglo que comienza queda el reto de la solidaridad señaló
Durante su encuentro anual con el cuerpo diplomático el Papa dijo que los avances del
siglo XX han contribuido al dominio de la naturaleza y han favorecido un acceso más
fácil a la cultura. Y señaló que las tecnologías de la información han abolido las
distancias y nos han hecho más cercanos los unos de los otros. "Nunca hemos estado
con tanta rapidez al corriente de los hechos que han ido marcando la vida cotidiana de
nuestros hermanos y hermanas" dijo el Papa.
En su balance del siglo XX, el obispo de Roma se refirió a las "guerras asesinas
que han exterminado a millones de personas y provocado éxodos masivos, a los genocidios
vergonzosos que asedian nuestra memoria, así como la carrera de armamentos que ha
mantenido la desconfianza y el miedo, el terrorismo o los conflictos étnicos que han
aniquilado pueblos que vivían sobre el mismo suelo, hacen que debamos ser modestos y que
tengamos a menudo un espíritu de arrepentimiento".
La era de la globalización
El siglo termina con ese fenómeno bautizado con el nombre de
"globalización" según el Papa ha transformado profundamente los sistemas
económicos creando posibilidades de crecimiento inesperadas, y ha hecho también que
muchos se hayan quedado al borde del camino y al margen del progreso y del bienestar.
Globalizar la solidaridad
Ante esta situación, Juan Pablo II propuso que "el siglo que comienza deberá ser
el de la solidaridad". Planteó compromisos muy concretos y prioritarios. Ante todo,
exigió "compartir la tecnología y la prosperidad", como camino para
"eliminar la frustración de ciertos países que se ven condenados a hundirse en una
precariedad cada vez más grave y a la vez a confrontarse con otros países". En este
sentido se refirió "la cuestión de la deuda de los países pobres".
Al presentar su propuesta de compromiso solidario para el próximo siglo, mencionó
"el respeto a los derechos del hombre", pues "no respetar estos
derechos equivale claramente a burlar la dignidad de las personas y poner en peligro la
estabilidad del mundo", aseguró.
Por último, pidió prevenir los conflictos y promover el "diálogo sereno entre
las civilizaciones y las religiones" para que los hombres y mujeres encuentren
"nuevas formas de vivir juntos y respetarse".