| He
descubierto el Libro de la Sabiduría

Yolanda Zulema-Biasi
Coordinadora del Ministerio en Contra de Drogas de la parroquia de San Esteban en Miramar.
En estos días he releído el Libro de la Sabiduría en la Biblia y he comprendido que
no es cierto que no hay una escuela para padres. La escuela existe, yo no asistí a clase.
La sabiduría es un espíritu amigo de cada ser humano (Sab 1,6). El principio
de la sabiduría es el deseo sincero de ser instruido por ella (Sab 6,17). Si yo
hubiese buscado la Sabiduría aún antes de pensar en tener hijos, si hubiera deseado ser
instruida en ella, sin duda hubiera estado mucho mejor preparada para ser una madre porque
habría asistido a "la escuela para padres". Con sabiduría hubiera podido
enseñarles mejor el camino, mostrarles todos los caminos; ellos, siendo libres de elegir,
hubiera podido ejercer su derecho a hacerlo.
Pero yo me conformé con la educación que venía de una familia bien constituida y que
sólo me indicaba el "camino recto" y así hice con mis hijos. Mis conocimientos
sobre la naturaleza humana eran estrechos. Poco sabía del pecado que todos llevamos en
nuestra carne. Muchas veces juzgaba el proceder de los demás sin preguntarme que hubiera
hecho yo enfrentada con las circunstancias que esa persona había vivido.
Nada fuera de mi hogar era mi responsabilidad. No conocía mi valor como ser humano; ni
lo importante que mi trabajo podría ser para ayudar a mantener la creación de Dios, que
es la herencia que mis hijos van a recibir. Una herencia mucho más valiosa que la que
cualquier padre humano puede dejar.
Yo les di buenos ejemplos a mis hijos, pero no les inculqué la virtud. ¿Cuál es la
diferencia? Según el diccionario, ejemplo es lo que puede servir de modelo. Virtud es la
disposición constante del alma que nos incita a obrar bien y evitar el mal.
Las cuatro virtudes cardinales son: la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la
Templanza. De ellas nacen otras que nos llevan a las tres virtudes cristianas: la Fe, la
Esperanza y la Caridad.
¿Hubiera caído mi hijo en la droga si yo le hubiese inculcado estas
virtudes ? No lo creo.
Si yo hubiese ido a la escuela de padres que está en la Sagrada Biblia, por lo menos
le habría entregado las armas para defenderse en un mundo muy necesitado de personas
dispuestas a ir a la escuela de la virtud mucho antes de pensar en ser padres. Una escuela
que no es sólo para ser padre o madre, sino para lograr nuestra felicidad personal y un
mundo mejor para todos.
Quiero empezar el tercer milenio haciendome una promesa a mí misma. No volver a pensar
en lo que podría haber hecho, sino hacer todo lo que pueda para el bien de mis nietos y
por todos los niños del mundo. Esto es, ayudar a que mi comunidad se vea libre del
peligro de la droga.
¿Crees que podemos trabajar juntos, todos unidos en Cristo ?
Sólo debemos buscar a esa amiga de los seres humanos que es la sabiduría y tener el
deseo sincero de ser instruidos por ella. |