Araceli M. Cantero
La Voz Católica
En el último adiós a monseñor Orlando Fernández, su hermano obispo elogió su
fidelidad y una vida sacerdotal dedicada al servicio de Dios y de su Iglesia.
"Gracias por esta triple gracia de decir sí a Cristo como líder, a la Iglesia
como maestra y al sacerdocio como misión", señaló monseñor Gilberto fernández,
durante Misa de despedida a su difunto hermano.
"Te queremos, no te olvidaremos nunca. Reza por nosotros , vela por nosotros,
" añadió.
Unos 30 sacerdotes participaron en la Eucaristía de la Resurrección que fue presidida
por el arzobispo John Clement Favalora en la parroquia de San Pedro y San Pablo, a la que
Mons. Fernández perteneció en los últimos años de ministerio activo.
También acudieron a la despedida miembros de su familia numerosos fieles y personal
del Centro Pastoral, los tres obispos auxiliares, y el arzobispo emérito Edward McCarthy.
Para todos tuvo palabras de gratitud el obispo Gilberto Fernández, quien, en su
homilía, recordó la trayectoria sacerdotal y humana de su hermano mayor, fallecido en
pasado 13 de enero, rodeadeo de sus familiares, después de una larga enfermedad y 50
años de sacerdocio .
"Fidelidad es la palabra que más define su vida", señaló Mons. Gilberto al
hablar de su fallecido hermano y reconocer que detrás de un caracter a veces áspero,
"quienes le conocimos desde dentro sabíamos que lo daba todo por los más
necesitados". Recordó su sinceridad " no tenía pelos en la lengua" dijo,
y también su sentido del humor "tenía un chiste nuevo cada día". Tampoco le
falteó un gran orgullo por el sacerdocio, vocación que había marcado su vida desde
niño.
"Conocí a Mons. Orlando ya en su enfermedad y pronto me di cuenta de que era un
hombre de carácter" dijo el Arzobispo Favalora al dirigirse a familiares y amigos
presentes. "Supe de sus dos grandes deseos: celebrar sus bodas de oro sacerdotales y
celebrar el nuevo milenio", explicó. "Pero lo que está viendo aquí es algo
más bello", dijo agradeciendo la presencia de todos y las oraciones por su hermano,
y hermano nuestro".
Aunque la enfermedad de Mons. Orlando le impidió una celebracion pública de sus 50
años de sacerdocio, si tuvo una Eucaristía con el Arzobispo y las personas mas cercanas,
en gratitud por una larga trayectoria al servicio de la Iglesia en Cuba y en Miami.
Mons. Orlando nació el 25 de agosto de 1926 en La Habana, Cuba, un año después de
que sus padres José Fernández Lama y Consuelo Villar llegaran de España. El padre
pasaba mucho tiempo fuer del hogar para poder mantener a los siete hijos que vinieron
después y "para todos nosotros Orlando fue nuestro segundo padre," dijo su
hermano obispo. En la misa de despedida, Mons. Gilberto fue salpicando su homilía de
anécdotas familiares, que no sólo motivaron sonrisas sino que dibujaron el aspecto
humano que se escondía detrás de un temperamento a veces fuerte e impulsivo.
"Llamábamos a Orlando el primógenito y años después también el
unigénito," dijo Mons Fernández sin esconder la predilección con la que contaba en
la familia. Reconoció los muchos dones de su fallecido hermano y cómo se preocupaba por
todos. Fue él quien la introdujo en el hogar el primer aprato de radio y a través de él
" me transmitió la afición a la música clásica que aún cultivo hoy".
También fue el hermano mayor quien consiguió el primer automóvil y la primera
televisión familiar, lo que en más de una ocasión hizo que la piadosa madre se pusiera
delante de la pantalla para proteger a sus hijos de la imágenes de "damas no muy
generosas en ropa," recordó Mons. Gilberto haciendo reir a todos.
Para su hermano obispo, fue el entusiasmo con el que el joven Orlando vivió sus años
de seminarista lo que motivó que tres de sus hermanos siguieran el mismo camino y una
hermana se consagrara a Dios como religiosa. Orgulloso de su vocación y gran aficcionado
a la lectura y a la historia, entretenía a la familia con datos y anécdotas de la vida
de la Iglesia.
"En el seminario obtenía las notas más altas y fue un alumno excepcional",
recordó su hermano.
Despues de estudios en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de la Habana, fue
ordenado sacerdote el 24 de septiembre de 1949 en su parroquia de Jesús del Monte,
El Cerro, por el Cardenal Manuel Arteaga y Betancourt, de quien fue secretario
dos años después, así como Rector del Santuario de la Catedral y Director de
Apostolados en la parroquia del Cerro, desde donde fue expulsado en 1961, junto a otros
130 sacerdotes que fueron obligados a dejar Cuba en el Buque Covadonga.
En Miami, Mons. Fernández sirvió como sacerdote asistente en las parroquias de St.
Timoteo en sel Sudoeste de Miami, San Clemente en el Condado Broward, Santa Teresita en
Coral Gables, Santa Rosa de Lima en Miami Shores y San Hugo en Coconut Grove.
En 1969 fue nombrado Administrador de la nueva parroquia de San Raymond, desde donde
impulsó fuertemente a la Pastoral Hispana y a los movimientos apostólicos, que por
entonces se iniciaban con gran impulso y dificultades, al no gozar de un reconocimiento
oficial. En1971 fue nombrado Vice Canciller y otros cargos siguieron en años sucesivos:
Vicario del Decanato Central en Dade, Director del Centro Hispano Católico, Vicario
Episcopal para los católicos hispanos.
Cuando por esos años, en la diócesis se hablaba ya de la necesidad de un obispo
auxiliar de habla hispana, el nombre del padre Orlando Fernández se encontraba entre los
favoritos de los fieles y más de una persona aún piensa que lo hubiera sido de no haber
sufrido un fuerte ataque al corazón.
En 1974 fue nombrado párroco de Corpus Christi y en 1976 párroco de la Iglesia de San
Francisco de Sales en Miami Beach.
Al jubilarse, Mons. Fernández continuó trabajando en el Centro Pastoral, en el
Tribunal Metropolitano manteniendo su residencia y ayudando en la parroquia de San Pedro y
San Pablo.
"Hace tres años y debido a su salud se desentendió de todo", dijo su
hermano. "Puedo decir que nos quería mucho, es el primero de los ocho que se va y
hoy está en casa con los padres".
Y dirigiéndose a su hermano en forma de oración, subrayó que había sido el actor
protagonista de su propia historia de amor, dándolo todo por el Señor y para la Iglesia.
"Te queremos, no te olvidaremos nunca. Reza por nosotros , vela por
nosotros."