MIAMI--Más de 42 años de labor pastoral
en Cuba no le han quitado al padre Teodoro Becerril ni el entusiasmo ni las ganas de
evangelizar.
Y aunque pasaba unos días de descanso, lo hizo también en Miami visitando familias y
hospitales, celebrando misas en varias parroquias y repitiendo sin cesar entre abrazos y
saludos que "gran parte de mis feligreses están ahora aquí".
Y así es. Porque en la parroquia de El Carmen, en la céntrica zona habanera, siempre
han encontrado un hogar los cubanos, también de otras partes de la Isla, en transición
al exilio, o en busca de mejores oportunidades en la capital.
A lo largo de los años, su patio interior ha sido lugar de cita y de reflexión para
jóvenes universitarios, para adolescentes y para matrimonios deseosos de formación y
amistad. Además mucho podrían hablar sus muros de tantas manifestaciones de piedad, de
citas populares para salir a dar la bienvenida al Papa o acompañar por las calles a la
Virgen de la Caridad.
En el centro de todo ello, siempre estaba la inquietud apostólica y la creatividad del
párroco, el padre Teodoro.
"No sabe quedarse quieto, es un hombre muy pastoral", dice Eduardo Pañellas,
uno de sus antiguos parroquianos.
Durante su estancia en Miami la gente paraba al fraile carmelita en las calles y en los
comercios: "Padre usted me casó. Usted bautizó a mis hijos", le decían por
todas partes. Pañellas es hoy candidato al diaconado permanente y dice que su crecimiento
en la fe y en la vocación se lo debe a su antiguo párroco.
Español de nacimiento pero cubano de corazón, el padre Teodoro ha vivido en Cuba
todos los capítulos de su reciente historia y abraza con esperanza los retos del
presente.
"Ser párroco hoy en Cuba plantea muchos retos", dice. Entre ellos, ayudar a
superar el sentido de provisionalidad que vive la gente en su propio país, "el
exilio, la emigración, la falta de raíces están muy presentes, especialmente en los
jóvenes", señala.
Pero Cuba nunca ha sido un país emigrante, aclara el sacerdote. "Cuando yo
llegué a Cuba la gente no se iba de Cuba, la gente iba a Cuba a establecerse..."
Por eso el padre Teodoro piensa que el ideal sería que la gente llegue a decir:
"me quedo en Cuba porque Cuba es mi casa y aquí me realizo". Algo que ahora
parece imposible por la falta de libertades, la falta de desarrollo económico , de
proyecto social y de todo lo que realiza a la persona.
Pero él insiste en que la visión de la Iglesia es ayudar al ser humano a enraizarse
en su historia, su país, su tradición espiritual e histórica, "sabiendo como
sabemos que la sociedad tiene que estar caminando hacia un cambio".
Cuando el padre Teodoro mira hacia el pasado sólo sabe dar gracias por la oportunidad
de haber podido servir al pueblo cubano por tanto tiempo y en momentos tan significativos.
El no se ha planteado marcharse. Al contrario piensa que "donde nos siembra el
Señor allí tenemos que crecer. Y normalmente en donde uno crece es en donde uno
muere".
En Cuba desde 1958, dice que aún recuerda la impresión que le causó su llegada a La
Habana y el nivel de vida de la gente.
"Yo tenía 24 años y podía comparar con lo que había vivido en España".
Encontró a Cuba "más avanzada" y recuerda el impacto que le causó encontrar
"una iglesia viva, dinámica y estable, con muchas obras sociales y una gran
actividad laical impulsada por el Cardenal Manuel Artega.
"Creo que todavía estamos viviendo de aquellas profundas raíces" se atreve
a comentar.
La historia de aquellos años es bien conocida de todos. Tras un apoyo inicial de
muchos católicos a la revolución, llegaron las confrontaciones y las denuncias de la
Iglesia a su proyecto marxista, con la resultante persecución, confiscación de bienes y
empresas, salidas del país... La Iglesia perdió sus instituciones, y los religiosos sus
colegios. El padre Teodoro no duda en afirmar que " la Iglesia cubana fue muy
valiente".
El gobierno creía que la Iglesia moriría al ir muriendo la gente... pero
"nosotros seguíamos adelante, formando jóvenes, sin interrumpir la catequesis, a
pesar de las vejaciones, de la discriminación a las familias".
El padre Teodoro califica aquellos años como la época del aguante, o como diría San
Juan de la Cruz "de noche oscura, de purificación, sin ver la aurora. En la Iglesia
se hacían cosas pequeñas, se iba madurando".
Los frutos fueron surgiendo, ya antes de la visita del Papa. Se han creado nuevas
diócesis, se han consagrado nuevos obispos, el pueblo acude en gran número a las
iglesias y existen nuevas estructuras y un plan nacional de pastoral.
Cuando el padre Teodoro mira hacia lo logrado por la Iglesia en Cuba no duda en
afirmar, con el poeta Manuel Machado "caminante no hay camino, se hace camino al
andar".