VATICANO, (ZENIT).-La Santa Sede y
la Organización para la Liberación Palestina han firmado un "Acuerdo básico"
que estabiliza las relaciones mutuas entre estas dos instituciones, garantizando de este
modo la libertad religiosa en los territorios controlados por la Autoridad palestina.
Para corroborar la importancia del momento, Yasser Arafat decidió viajar a Roma para
hacer una visita al Santo Padre y manifestar así su satisfacción por el acuerdo
alcanzado.
"Dios bendiga al pueblo palestino", dijo Juan Pablo II al despedirse del
líder palestino, al final de la entrevista de quince minutos. Arafat pidió al Papa en el
encuentro que en su próximo viaje a Tierra Santa visite Jericó, que se encuentra en los
territorios palestinos y, sin que el tema estuviera en programa, el Papa accedió.
El "Acuerdo básico" entre la Santa Sede y los representantes palestinos
constituye la conclusión de dos años de trabajo de la Comisión bilateral creada con
este objetivo en 1998, siguiendo el camino del análogo "Acuerdo fundamental"
que la Santa Sede firmó en 1993 con el Estado de Israel. Entre los argumentos afrontados,
se encuentra la cuestión del estatuto de Jerusalén: ambas partes constatan la necesidad
de llegar a un "estatuto especial internacionalmente garantizado" para la Ciudad
Santa.
Este estatuto, debería tutelar la libertad de culto en los Santos Lugares, su
patrimonio cultural y la misma dignidad ante la ley de las tres religiones. Los doce
artículos sucesivos establecen con detalle el "compromiso común" para
garantizar la salvaguarda de las actividades de las estructuras católicas en los
territorios sometidos a la égida palestina.
Al salir del encuentro, Yasser Arafat declaró con gran satisfacción: "Su
Santidad me ha prometido que vendrá a visitar Jericó".
Era la novena visita del Premio Nobel de la Paz al Vaticano desde 1982. En esta
ocasión también tuvo lugar un simbólico intercambio de regalos. El obispo de Roma
entregó a su huésped un libro sobre Miguel Ángel, mientras que el líder palestino le
obsequió con un bajorrelieve en el que se representa la Natividad, la Última Cena y la
estrella de Belén. Al ver esta obra de arte moderno, el pontífice le recordó a Arafat
que los pastores de la gruta de Belén de hace dos mil años eran palestinos.