Eugenio Torres
Uno de los fundadores de la alianza Floridana para el Progreso, Inc., que ayuda a la
juventud de Broward, y miembro de la parroquia de San Isidro.
A veces, cuando termino de trabajar tan tarde como a las diez de la noche, en el
programa de prevención de delincuencia juvenil y, después de haber trabajado un día
completo como trabajador social escolar, reflexiono sobre el día y mi vida, y me
pregunto: ¿habré hecho yo hoy todo lo que el Señor quiere que yo haga?
La contestación no es siempre positiva, pero el cansancio producido por ayudar a los
demás es lo más valioso en mi vida.
El Padre Ricardo Castellanos dijo, en una de sus misas, que una fe sin obras es una fe
muerta. Eso es evidente en el Condado de Broward, donde hay mucha fe en el Señor.
Hoy, la Iglesia San Isidro cuenta con una nueva y flamante estructura en donde se
pueden llevar a cabo actividades religiosas y acomodar a todos aquellos que antes tenían
que oír
la misa de pie.
Ha sido un largo proceso de avance desde aquellos días en que la misa se llevaba a
cabo debajo de un árbol, porque la congregación no tenía los medios para hacer un
templo. Con la ayuda de Dios y el trabajo voluntario de muchas personas, hoy se nota el
gran cambio.
En el Programa Avanza, que tengo el honor de dirigir, se otorgaron fondos para
ver a ocho familias nuevas cada mes. Sin embargo, la necesidad de nuestra juventud y sus
familias es tan grande, que estamos viendo el doble de esa cantidad, de noche y en los
fines de semana.
Es nuestro programa el que menos paga a sus empleados, los cuales tienen, por lo menos
una maestría de una universidad reconocida y que además son bilingües. Sin embargo, es
también en donde más duro y con más amor se trabaja, sin flaquear.
Dora Moreno, terapeuta; Frank Negrón, consejero; nuestra secretaria, Lilian Torres; y
este servidor hemos sido llamados a hacer una obra que le agrada al Señor y así
hemos respondido.
Todos dejan de sentarse frente al televisor y de hacer otras cosas para ayudar a los
jóvenes y a sus padres y madres desesperados en busca de ayuda. Además de este trabajo,
nuestro personal se envolvió en la tarea de recoger artículos para ayudar a las
víctimas de la reciente tragedia en Venezuela. La hora de trabajo paga menos de ocho
dólares, pero el placer de ayudar vale millones de dólares, si es que se puede medir de
esa manera.
Trabajo, trabajo y más trabajo. Esa es la consigna. Sin el trabajo arduo y la fe
puesta en la recompensa que el Señor nos brinda, no podríamos ser ayudantes de Dios
en la tierra.
¿Es por casualidad que estemos aquí haciendo lo que hacemos? Yo no lo creo, porque en
Broward, las cosas no suceden por casualidad. Cuando más cansados nos sentimos, lo
mejor que hacemos es decirle a Dios: "Mándanos más trabajo, si eso es lo que tú
crees
que nos conviene".
Mi madre siempre me decía cuando yo era un niño: "El Señor tiene siempre sus
manos ocupadas porque le pedimos tantas cosas. Por eso, tenemos que ser como las manos del
Señor aquí en la tierra y ayudar a los demás". Ayudar es imitar a Dios.