Araceli M. Cantero
La Voz Católica
MIAMI-- En su visita al Colegio de Belén el Superior General de la Compañía de
Jesús recordó a los estudiantes que tienen la responsabilidad de hacer la síntesis de
las dos culturas más pujantes del Continente Americano y de tender puentes de
comunicación entre ambas.
"Son ustedes privilegiados porque comparten elementos de dos culturas, la
hispánica y la norteamericana", señaló el padre Peter-Hans Kolvenbach, S.J. el
pasado 10 de febrero en el Colegio de Belén.
" No menosvaloren los elementos de ninguna de estas dos culturas, ni permitan que
se ignoren mutuamente y menos aún que se enfrenten entre sí", señaló durante un
encuentro con estudiantes, profesores y antiguos alumnos.
"Belén es en este sentido una interesante plataforma de encuentro
bicultural", dijo al recordar que "el diálogo intercultural es una dimensión
esencial de su misión". Y subrayó " en un mundo cada vez más multicultural,
educar para el futuro es educar para la diversidad".
La madurez de la personalidad que se pretende en una escuela jesuita, dijo, ha de
llevar consigo "la aceptación de las diferencias, el respeto y la tolerancia para
con todos", lo que no significa renunciar a la propia identidad.
Durante su breve visita a Miami, el padre Kolvenvach a Miami bendijo colocó la primera
piedra de la Casa de la Comunidad de los padres jesuitas en los predios del colegio.
En su alocución, el sacerdote que preside una de los grupos de religiosos más
numerosos del mundo resumió las líneas de la educación jesuita y habló de los
desafíos que presenta la cultura de hoy.
"No todo da igual en la vida, ni todo es relativo", les dijo. "De las
decisiones que tomen ustedes el día de mañana, dependerá la felicidad o la infelicidad
de muchos seres humanos y la construcción de un mundo más justo y más fraterno o la
destrucción del planeta", subrayó.
Haciendo referencia al inicio de un nuevo milenio, hizo notar que la humanidad entera
está atravesando constantemente el umbral de nuevas etapas, puertas que se abren ante
perspectivas deslumbrantes en el campo de la ciencia, la tecnología y la actividad
humana. Todo ello con nuevos valores y también ambigüedades inquietantes. Sin embargo
aseguró que la educación en un colegio jesuita puede equipar a los jóvenes sólidamente
para enfrentar los retos del futuro.
En el punto de partida y de llegada de tal educación puso a la persona humana.
"La persona es más importante que la economía, que la ciencia y que la
técnica", dijo. Y aunque dejó claro que la competencia académica es importante,
" al conocimiento hay que añadir la sabiduría, a la ciencia la conciencia, a la
razón el sentimiento".
Más que aprender cosas que con el tiempo quedan desfasadas, "hay que aprender a
aprender, aprender a actuar rectamente, aprender a vivir y compartir con los demás en un
mundo de escandalosas diferencias y de recursos limitados, aprender a crecer interiormente
para llegar a ser persona con plenitud".
Pero además señaló que no es suficiente que los estudiantes lleguen a tener los
principios claros sino que es preciso que busquen " una coherencia entre su modo de
pensar y su modo de actuar".
A los presentes les inviteo a preguntarse cuáles son sus convicciones, sus creencias,
su escala de valores y sus sueños.
Por su parte, él ofreció un elenco de valores y actitudes fundamentales ante la vida:
la integridad personal, la responsabilidad, la recta intención, el buen uso de la
inteligencia y de los propios sentimientos, la toma de decisiones justas, la actitud de
servicio, el espíritu de sacrificio, la generosidad, la gratuidad.
Todo ello, dijo para concluir, "bajo la inspiración de la fe cristiana y
siguiendo el ejemplo de Cristo el hombre para los demás por excelencia, que
con sus palabras y su ejemplo nos enseñó la fuerza transformadora del amor".