No pasen de largo ante el dolor
Unas 35,000 personas celebraron el
Jubileo de los Enfermos con el Papa
VATICANO, (ZENIT).- Juan Pablo II confirió el sacramento de la Unción a algunos
enfermos graves durante una Eucaristía del Jubileo de los Enfermos, ante 35 mil personas.
El Santo Padre impuso los santos óleos en la frente de los peregrinos junto a diez
obispos.
Los grandes protagonistas de la mañana fueron precisamente quienes sufren el dolor y
la enfermedad.
"La Iglesia --les dijo el pontífice recordando el "valor salvífico del
sufrimiento"-- tiene una deuda con vosotros y el Papa también".
Había casi 4 mil personas que llegaron en silla de ruedas y siete en camilla. Los
enfermos contaron en todo momento con la ayuda de voluntarios de los Caballeros de Malta,
de la Cruz Roja y de otras instituciones católicas de ayuda.
En la plaza de San Pedro, se había colocado una tarima con una moqueta roja de más de
5 mil metros cuadrados que gracias a un sistema de resistencias eléctricas permitió a
los enfermos seguir el acontecimiento sin sentir las consecuencias de las temperaturas
invernales de la mañana. De todos modos, el sol acarició a los presentes durante toda la
celebración.
En las afueras de la plaza de San Pedro, se habían instalado dos tiendas de campaña
como centro de primeros auxilios. Junto a los peregrinos, se encontraban estacionadas tres
ambulancias y una motoambulancia para responder inmediatamente a cualquier necesidad.
El sentido del dolor
En la homilía, Juan Pablo II constató que "el dolor y la enfermedad forman parte
del misterio del hombre en la tierra". Si bien "es justo luchar contra la
enfermedad, por que la salud es un don de Dios", añadió, es muy importante también
"saber leer el designio de Dios cuando el dolor llama a nuestra puerta". Y esta
"clave de lectura está constituida por la Cruz de Cristo".
"Desde entonces --dijo el pontífice-- todo sufrimiento puede tener sentido,
haciéndolo particularmente precioso. Desde hace dos mil años, desde el día de la
pasión, la Cruz brilla como manifestación suprema del amor que Dios tiene por nosotros.
Quien sabe acogerla en su vida se da cuenta de que el dolor, iluminado por la fe, se
convierte en fuente de esperanza y de salvación.
No se puede "pasar de largo" ante la enfermedad,dijo.
El Papa Wojtyla se dirigió a los numerosos voluntarios y profesionales del mundo de la
salud presentes en el Vaticano ese día.
"Como el buen Samaritano --dijo-- todo creyente tiene que ofrecer amor a quien
vive en el sufrimiento. No se puede "pasar de largo" ante quien padece la prueba
de la enfermedad. Es necesario detenerse, inclinarse ante la enfermedad y compartirla
generosamente, aliviando el peso y las dificulades". |