logo.gif (1631 bytes)

separa.gif (853 bytes)Secciones
punto.gif (910 bytes) Arzobispo
punto.gif (910 bytes)
Al margen
punto.gif (910 bytes) Hace 20 años
punto.gif (910 bytes) Cuba
punto.gif (910 bytes) Opiniones
punto.gif (910 bytes) Sociedad
punto.gif (910 bytes) Familia/juventud
punto.gif (910 bytes)
Cultura
punto.gif (910 bytes) Iglesia
punto.gif (910 bytes) Jubileo
punto.gif (910 bytes) Eventos
punto.gif (910 bytes) Enlaces
punto.gif (910 bytes)
Correo
punto.gif (910 bytes) Archivo
punto.gif (910 bytes)
Portada

Jubileo

El dolor es escuela de la vida


VATICANO, (ZENIT).- "Luces de la esperanza" fue el nombre de la fiesta en la que participaron 6 mil personas, en su mayoría enfermos, que puso broche de oro a las celebraciones del Jubileo de los enfermos el 12 de febrero en Roma.

El encuentro tuvo lugar en la sala de las audiencias generales del Vaticano y uno de los presentadores fue Terence Hill, el compañero cinematográfico de Bud Spencer. El ritmo de las más de dos horas de duración del encuentro estuvo marcado por el testimonio de gente normal y de artistas y atletas que han tenido que afrontar la enfermedad o el dolor.

Fueron particularmente emocionantes las palabras pronunciadas por Olivia Newton John, quien ha superado el cáncer de pecho, o las del cubano Compay Segundo, quien a sus 92 años vino a Roma con su banda de 12 músicos porque, como dijo, soñaba con cantar para el Papa, o las de la cantante irlandesa Scarlett.

"Si sigo viva tendrá que haber un motivo, ahora quiero descubrir la manera en que puedo ser útil a los demás" dice Scarlett von Wollenmann, quien alcanzó sus mayores momentos de éxito a finales de los años ochenta.

En 1995 sufrió un accidente de automóvil cuando chocó contra un poste a 35 kilómetros por hora. Quedó paralizada, obligada a moverse para siempre en una silla de ruedas. Un peregrinación a Lourdes le abrió las puertas del alma y encontró un nuevo sentido a su vida cotidiana en la ayuda a otros minusválidos físicos. Ahora ha vuelto a cantar para dar testimonio de la aceptación del dolor, que ella misma define como "una escuela de vida".

La fiesta se convirtió así en un testimonio sobre la manera en que la fe puede dar sentido al dolor y al sufrimiento. Como dijo el campeón estadounidense de voleibol de los años setenta, Kirk Kilgour, quien desde hace 24 años tiene que moverse en silla de ruedas: "Le pedí a Dios que me diera fuerzas para emprender proyectos grandiosos y me ha hecho débil para mantenerme en la humildad. Le pedí a Dios que me diera la salud para realizar grandes empresas: y me ha dado el dolor para comprender mejor...".

Intervinieron también artistas que por diferentes motivos se sienten particularmente cercanos al mundo de la enfermedad y no pidieron compensación económica por su participación.