logo.gif (1631 bytes)

separa.gif (853 bytes)Secciones
punto.gif (910 bytes) Arzobispo
punto.gif (910 bytes)
Al margen
punto.gif (910 bytes) Hace 20 años
punto.gif (910 bytes) Cuba
punto.gif (910 bytes) Opiniones
punto.gif (910 bytes) Sociedad
punto.gif (910 bytes) Familia/juventud
punto.gif (910 bytes)
Cultura
punto.gif (910 bytes) Iglesia
punto.gif (910 bytes) Jubileo
punto.gif (910 bytes) Eventos
punto.gif (910 bytes) Enlaces
punto.gif (910 bytes)
Correo
punto.gif (910 bytes) Archivo
punto.gif (910 bytes)
Portada

Opiniones

Cuaresma: en el desierto no hay caminos

hernando.jpg (5018 bytes)

P. José L. Hernando
Párroco de la Iglesia de St. Agnes en Key Biscayne, FL

La Cuaresma nos hace pensar en el desierto. El pueblo de Dios está ligado en muchos sentidos al desierto. Baste pensar que muy cerca de Jerusalén se extiende el desierto que llega casi hasta Egipto. Jesús va al desierto a orar, y allí es tentado.

Para nosotros es difícil imaginar o tener la vivencia de la sed, de la búsqueda, de la arena, de no ver casas ni otro panorama que el mismo horizonte sin límite ni fin. Pero la experiencia del desierto no es tanto la realidad física, cuanto la vivencia espiritual en la que todos nosotros podemos estar envueltos. Nuestro mundo es un constante desierto en el que todos somos tentados; donde los valores, los principios, las fórmulas del pasado son puestas a prueba y estan llamadas a renovarse constantemente.

Para la reflexión

En esta Cuaresma cada semana apartate a un lugar tranquilo. Trata de serenar tu espíritu… escuchando el silencio…deja que Jesús se te haga presente y escucha sus preguntas:

  • ¿Qué cosas han cambiado en tu vida en los últimos meses? Sientes, a veces que no sabes el camino? ¿Quieres que yo te enseñe? te pregunta Jesús. ¿Qué le respondes?
  • Jesús sigue a tu lado. ¿Quieres compartir con El algun momento de tentación? ¿Crees que Jesús puede ayudarte?
  • Si tienes un cuaderno escribe algunas de las mayores dificultades que encuentras en tu vida diaria y compartelas con Jesús.

Pidele que te ayude a caminar con Él hacia la Pascua.

Es muy importante recordar hoy aquello que dice el poeta: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Y ciertamente en el desierto no hay caminos; no hay nada hecho; somos nosotros con nuestra propia libertad y esfuerzo los que tenemos que hacer el camino.

Muchas de las respuestas que nos dában ya no nos sirven. ¡Todo ha cambiado tanto! Quizás ya ni estemos en el mismo lugar en que estábamos cuando empezamos a conocer a Dios.

Una mirada al interior

En Cuaresma nos tenemos que enfrentar con nosotros mismos y despojarnos de tantas cosas que nos hacen sentirnos seguros en lo religioso. Sin darnos cuenta nos estamos equivocando: estamos cayendo en la tentación de manipular a Dios y servirnos de su Palabra según nos convenga. El desierto de la Cuaresma significa encontrarnos con nosotros mismos y con el camino de Dios que se cruza con los nuestros. Lo mismo que Abraham encuentra a Dios siguiendo su Palabra, cada uno de nosotros apoyados en la fe en Dios podemos ir hacia donde Dios nos quiere llevar.

El desierto en Cuaresma significa la búsqueda para descubrir el auténtico camino del creyente. Pues creer no es creerse católico, ni es decir las mismas frases que expresan la rutina y la pobreza de nuestra vida.

Creer es desprenderse del mundo hecho a nuestra manera. ¡Qué bien ha definido la fe de tradición o indiferencia el dicho popular de ser católico "a mi manera"!

Por eso Cristo se nos presenta en el evangelio bajo la presión de la tentación. Es la misma tentación que nos acecha todos los días de nuestra vida: si tienes hambre, come; si tienes ganas de poder, trata de conseguirlo a como dé lugar; si quieres ser famoso, haz que todos los demás te aplaudan.

Cristo nos marcará el camino. No escogerá el camino fácil, el que sigue la mayoría.

Si hacemos del camino de Díos un camino a nuestra manera, es que no hemos entrado en el desierto, un campo de batalla en el que se enfrenta el bien y el mal, y en el que todos los días habrá que elegir entre la riqueza o el desprendimiento; entre la vanidad o la sencillez; entre la saciedad o la búsqueda; entre la auténtica religión o la magia; entre el amor o la entrega; entre el sacrificio o el egoísmo.

Dios siempre está con nosotros

La gracia del desierto es saber que Dios se hace presente como dice el libro del Deuteronomio. "El oyó el clamor y vino en mi auxilio con su fuerza". Brilla su misericordia, su compañía, en medio de nuestro pecado y soledad.

Este es el desierto diario del ser humano: sentirse sólo aunque esté, físicamente acompañado, pero no siente el amor o el perdón. Sentirse confundido, aunque esté bombardeado por miles de ideas y de libros. Este es el desierto de la vida en que todos nosotros estamos, porque no tenemos un camino seguro o no encontramos la meta exacta hacia la que queremos avanzar nuestras vidas.

No es fácil aceptar la lucha

Quien quiera entrar en el desierto de la Cuaresma debe desprenderse de todos estos lugares comunes y repetidos para entrar en la sinceridad que está reñida con la hipocresía, la mentira, la vida fácil de los autosuficientes. Ser sinceros para vernos y valientes para buscar el camino que de verdad puede convencer. Porque la fe, nos dice San Pablo, nunca defrauda, nunca engaña.

Por todas partes surgen las voces del tentador, y no esperen que el tentador se les presente con tarros y rabo, esa figura que tanto miedo nos daba de pequeños. La religión no es un cuento para asustar a los chiquitos, de manera que cuando somos grandes dejamos de creer o de practicar la fe porque no aceptamos ser engañados.

El tentador está cerca de ustedes y de mi, porque somos precisamente nosotros mismos. El tentador es el ambiente; son las ideas de la gente, las tonterías o vanidades en las que todos podemos caer; la falta de valores y principios, la moda que se impone.

Entrar en el desierto es difícil cuando el mundo nos quiere ofrecer un vergel, aunque sea falso. Nuestra vida se debate entre la verdad y la mentira. ¿No es un auténtico desierto lleno de tentaciones, o si prefieren, un verdadero campo de batalla?

Las cosas han cambiado mucho y hay miles de peligros y tentaciones.

Cómo responder a cada tentación

La respuesta a cada tentación la debemos dar con una afirmación: puesto que soy hijo de Dios, miraré a mi corazón y responderé. Mi respuesta debe ser expresión de mi fe y de mi religión. No es solamente importante lo material, el sexo, la droga, el alcohol, mi gusto, mi egoísmo. Hay algo más. Vivimos de toda palabra que sale de la boca de Dios. Esta Palabra me hace superar la tentación para hacer de la vida un vergel de paz, de alegría y de gracia que es lo que se logra en la Pascua de Cristo.