VATICANO-- Con un gesto sin precedentes en la historia de la Iglesia, Juan Pablo II
pidió perdón públicamente por los pecados de los católicos a los largo de los siglos.
"Perdonamos y pedimos perdón" dijo el Papa durante un servicio penitencial
en la Basílica de San Pedro el primer domingo de cuaresma.
La idea de celebrar una jornada de perdón --algo que al parecer encontró cierta
oposición inicial en el Vaticano, fue pensada por el Papa para reconocer los fallos del
pasado y dar a los católicos un sentido de reconciliación al tiempo que prepara una
evangelización más creíble en el futuro.
Juan Pablo II y siete oficiales del Vaticano fueron tomando turno para pedir perdón en
contra de los pecados relacionados a la unidad de los cristianos, al uso de la violencia
en el servicio de la verdad, la hostilidad contra los hebreos y otras religiones, la
marginalización de la mujer y los males, tales como el aborto, en contra de los más
débiles de la sociedad.
El Papa señaló que la Iglesia "acoge en su seno en cada época
a nuevos miembros que brillan por su santidad y a otros que, con su desobediencia a ti,
contradicen la fe profesada en el santo Evangelio".
"Confesamos con mayor motivo nuestras responsabilidades de cristianos por los
males de hoy. Frente al ateísmo, la indiferencia religiosa, el secularismo, el
relativismo ético, las violaciones del derecho a la vida, el desinterés por la pobreza
de muchos países, no podemos dejar de preguntarnos cuáles son nuestras
responsabilidades", dijo el Papa.
En varios países los episcopados se han hecho eco del gesto del Papa en ceremonias o
documentos en los que piden perdón.
Los obispos de Australia lo hicieron por el abuso de los pueblos nativos y los obispos
suizos reconocieron que los católicos hicieron demasiado poco por evitar la persecución
de los judíos durante el nazismo. También en los Estados Unidos varios obispos lo han
hecho, entre ellos el cardenal Roger Mahoney de Los Angeles quien en su mensaje de
Cuaresma ha pedido perdón por sus acciones y las de los católicos en su Arquidiócesis
de Los Angeles. En concreto pidió perdón a los judíos, a los musulmanes, a las mujeres,
a las minorías étnicas y a las víctimas de los abusos sexuales por parte del clero.
En Boston el Cardenal Bernard F. Law pidió perdón por los pecados de esclavitud,
racismo y antisemitismo y por las deficiencias en el trato a las mujeres.
En un documento que ofrece pautas para las peticiones de perdón durante el Año
Jubilar señala que no se trata de un acto político sino un acto religioso. Dice que este
'mea culpa' no no es "para castigarnos con una flagelación hecha en público",
sino "para conocernos a nosotros mismos, abrirnos a la purificación de la memoria y
a una verdadera renovación".
La celebración del Papa comenzó ante la imagen de "La Pietà" de Miguel
Ángel porque la Iglesia, al igual que la Virgen quiere tomar en sus brazos al Salvador
crucificado, cargando con el pasado de sus hijos e invocando el perdón del Padre".
La homilía de la Eucaristía se convirtió en un auténtico examen de conciencia por
las culpas pasadas y presentes de los hijos de la Iglesia. Después durante el rito, tras
una primera invitación al arrepentimiento, siete cardenales de la Curia romana fueron
confesando públicamente las culpas pasadas y presentes de los cristianos.
La confesión de los cardenales recogía los temas planteados Pontífice en la homilía
Cada uno de los responsables de los organismos vaticanos, tras pedir perdón a Dios, se
dirigió ante un crucifijo que normalmente es venerado en la Iglesia romana de San
Marcelo. Se trata del Cristo que desde el siglo XIV es venerado durante los años santos.
Al final de la oración conclusiva, fue el mismo Santo Padre quien abrazó y beso el
crucifijo, en signo de amor y petición de perdón.