Sammy Díaz
Ccapellán laico de la cárcel de Miami-Dade
Es interesante observar los debates políticos de las primarias. Y
observar como hasta los candidatos que se identifican como católicos en el tema de la
defensa de la vida, acaban contradiciéndose en los temas relacionados con la vida.
Por una parte, afirman rotundamente que están en contra del aborto, y
al mismo tiempo afirman también que están en favor de la pena de muerte. Seguramente no
se dan cuenta que la Iglesia Católica se ha definido claramente en contra de la pena de
muerte.
Esto no ocurre sólo con los políticos. En realidad éstos reflejan el
sentir de muchos católicos que no se han puesto al día en este tema. Toda vida vale
porque es un don de Dios. Cuando hablamos del derecho a la vida a veces lo condicionamos a
situaciones según nuestros propios intereses. Como si unas vidas valieran y otras no
tuvieran valor.
Rechazamos el aborto y la eutanasia pero aceptamos la pena de muerte.
Dios da la vida. Sin su participación no es posible la vida, aunque nos ha dado el poder
de terminar esa vida sin su participación, en contra de sus planes y deseos, en total
desobediencia a sus mandamientos porque nos ha creado seres libres.
La pena de muerte es una muestra de que vivimos en una sociedad
violenta dispuesta a usar la fuerza para conseguir un fruto inmediato. En nombre de la
justicia aceptamos los bombardeos devastadores para evitar la matanza en Kosovo. Ha pasado
un año y las matanzas étnicas continúan y la región esta devastada.
Veamos la pena de muerte objetivamente. En 1998 cuatro países
ejecutaron el 86% de los condenados a muerte en todo el mundo. China 1,700, La República
Democrática del Congo 100, Estados Unidos 68, Irán 66. Solo hay otro país en occidente
que tiene la pena de muerte, Cuba, que ahora la aplica muy esporádicamente.
En la Florida es necesario el veredicto unánime de un jurado de doce
personas para hallar culpable a alguien de un delito, pero para condenarlo a muerte sólo
hace falta una mayoría de siete.
Hay 38 estados que aplican la pena de muerte, en 33 de ellos el jurado
determina la pena de muerte, todos requieren un jurado unánime menos en Alabama, Delaware
y la Florida.
En la Florida se ejecutan retrasados mentales con un índice de
inteligencia menor de 70 . Si la propuesta en contra de la pena de muerte para los
retrasados mentales presentada por el Senador Mitchell es aprobada, de 20 a 40 condenados
a muerte, tendrían que tener sus sentencias conmutadas por tener un cociente de
inteligencia menor de 70. En los últimos 20 años en la Florida se han ejecutado cuatro
retrasados mentales, uno de ellos estaba loco y el otro tenía un daño orgánico en su
cerebro.
La razón que usan los defensores de la pena de muerte es que previene el crimen. Sin
embargo no hay diferencia apreciable en el número de crímenes entre los estados con la
pena de muerte y los que no la tienen. En la Florida el 70% de la sentencias de muerte son
conmutadas en el proceso de apelación. La pena de muerte no reduce el crimen solo
satisface un deseo de venganza. La venganza no produce justicia sino más violencia. La
justicia bíblica está ligada a la misericordia, y no se puede separar de ella.