Todavía estoy conmocionado por nuestra celebración del
jubileo 2000. ¡Qué manera extraordinaria de marcar un año
tan especial!
No creo que haya otra diócesis en la nación que esté
celebrando como nosotros. De hecho, no conozco de algún
lugar que este tan consumido por el Jubileo como nosotros.
Durante los últimos cuatro años, el padre Gustavo Miyares
y su comisión han trabajado para mantener el verdadero
significado del Jubileo en nuestros pensamientos aquí en el
Sur de la Florida.
Así aseguraron que nuestra preparación espiritual
estuviese de acuerdo con los reglamentos emitidos por el
Papa Juan Pablo II en su carta a los obispos en 1996,
"Tertio Millenio Adventiente". A través de
programas como Renacer 2000, promovimos el enriquecimiento
personal. También transmitimos anuncios por la televisión
durante las épocas de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua,
animando a nuestros hermanos alejados a que "regresen a
su casa" la Iglesia.
Nuestra celebración del Jubileo 2000 en el Centro de
Convenciones en Miami Beach fue la culminación de todos
esos años de trabajo, una exposición fantástica sobre
nuestra fe e historia católica compuesta por oraciones
sinceras, devociones, y sobre todo, muchas oportunidades
para renovación y la conversión. Expreso un agradecimiento
profundo para el padre Pat O’Neill y su ejército de
donantes y voluntarios que realizaron este evento.
¿Lo hicimos simplemente porque nos gusta festejar?
¡Claro que no! Realmente creo que eventos como este pueden
ser momentos de gracia, en las que Dios toca los corazones.
¡De qué otra manera se podría explicar que 3,500
personas se reunieron para rezar frente a la imagen
peregrina de Nuestra Señora de Fátima? ¿Cómo explicar el
hecho de más de 6,000 estudiantes proclamando a Jesús? O
2,000 jóvenes animando al artista católico Howie D de
Backstreet Boys, cuya fe es una parte integral de su
música.
¿Cómo explicar las colas largas para poder confesarse?
O el espectáculo de casi 20,000 personas de todas las
razas, nacionalidades y grupos étnicos tomados de la mano
en un pabellón oscurecido y rezando el Padre Nuestro en
Latin, el idioma universal de la Iglesia?
Esas imagenes permanecen en los corazones de quienes
asistieron a nuestra celebración.
¿No se llenaron de admiración y alegría los corazones
de más de 160,000 mientras caminaban por los pasillos del
centro de convenciones escuchando el conjunto de sonidos de
oración y alabanza de los coros de los niños, el rezo del
rosario y el susurro de las confesiones. ¿No es esto la
gracia de Dios abundando entre nosotros?
Nuestra celebración de Jubileo me recuerda al retrato
que Jesús nos pintó del cielo, el banquete nupcial. Hoy en
día, se puede comparar al cielo con una fiesta de
cumpleaños, donde todo es alegre y divertido. Nosotros
debemos vivir esa felicidad aquí en la tierra. Lo único
que nos aleja de tener esa experiencia constantemente, es
escojer el pecado.
Si realmente nos entregamos a las gracias de Cristo, si
permitimos que ellas nos controlen y nos tranformen,
podríamos disfrutar más de una vida celestial aquí en la
tierra. Nuestro Jubileo 2000 nos dió a saborear algo de ese
cielo, un momento que nos recuerda lo que podemos y debemos
obtener, si escogemos vivir en la luz de Dios.
Ahora que estamos en Semana Santa, la temporada más
sagrada en el calendario de la iglesia, que nuestros
corazones puedan apreciar por un momento el resplandor del
cielo y trabajemos para determinarnos toda nuestra vida a
recrearlo aquí en la tierra.