Javier Casas
La Voz Católica |

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MIAMI -- "Erin Brockovich" es una película
de suspenso con tema inteligente y buena actuación basada
en una historia de la vida real. La idea que se trata es
la del monstruo corporativo que le hace daño a una
comunidad y se sale con las suyas. Esto nos recuerda los
juicios recientes en contra la industria del azúcar, la
del tabaco y la del asbesto por el daño que han causaban
a la salud o al medio ambiente. Es este caso la pelea
legal es contra de una compañía de gas y electricidad
por descargar químicos carcinógenos en el suministro de
agua de una comunidad.
La trama comienza con un accidente automovilístico en
el que un médico que conducía a gran velocidad embiste
al coche que guiaba Erin Brockovich. Su abogado es Ed
Masry quien ha acometido el caso bajo la premisa de
honorarios contingentes a que ganara el juicio. La imagen
que proyecta su cliente ante el jurado no ha sido la más
propicia para el juicio.
Cuando consigue nuevo trabajo con su abogado, Erin se
lanza a una labor investigativa que descubre la
irresponsabilidad de una empresa que contamina el agua al
manejar inadecuadamente sus desperdicios tóxicos.
Esta sería una batalla al estilo de la de David contra
Goliat que se prestaba a la creación de un drama
monumental; sin embargo, el director Soderbergh ha
preferido resaltar y lo ha logrado muy acertadamente, el
encuentro de dos personalidades muy diferentes.
Por una parte esta Ed, un abogado sencillo, satisfecho
con lo que ha logrado durante su larga y medianamente
exitosa carrera. No desea escalar grandes montañas y se
conforma con su rutina diaria.
De pronto, se le cuela en su entorno otro ser humano
que no ha logrado absolutamente nada, fuera de la corona
en un tonto concurso de belleza; es soltera con tres hijos
y no come por darle lo que tiene a los críos. Erin sólo
pide una oportunidad de emplear todas sus energías y
talentos para poderle ofrecer algo mejor a su familia.
Ella lo vence todo porque a pesar de su estilo coqueto y
vestimenta ligera, la mueven las mejores intenciones de
aplicar sus talentos a una buena causa.
En las actuaciones Julia Roberts ha roto el modelo de
sus anteriores actuaciones como muñequita romántica que
cae rendida ante los galanes que la acompañan. En este
caso la vemos haciendo una actuación excelente con mucho
dramatismo y un desenvolvimiento que demuestra sus grandes
posibilidades como actriz.
Albert Finney, bien reconocido como una de las grandes
luminarias del cine, ha lucido muy enérgico y lleno de
vida haciendo un papel estupendo de hombre maduro y
bonachón capaz de darle la vuelta a su personaje para
acometer un reto quijotesco.
Las escenas donde estas dos personas se presentan
juntas están cargadas de electricidad. Es un bien llevado
binomio hombre maduro-mujer bella sin que se perciba el
más mínimo indicio de morbosidad.
En esta película el director Steven Soderbergh ha
optado por no ventilar ni grandes emociones, ni graves
discursos propios de los procesos legales a los que nos
tienen acostumbrados Hollywood. Por el
contrario ha hecho un cine discreto, donde lo serio se
mezcla con lo gracioso. Los caracteres y situaciones son
los de todos los días por lo que mantienen una viveza muy
superior a la de otros dramas legales.
La película ha sido clasificada A-IV y R por las
relaciones así como por el lenguaje soez que en ocasiones
despliega el personaje principal así como su vestimenta
algo provocativa. No la recomendamos para menores de 17
años.