Ana La Llave
La Voz Católica
MIAMI –Para llegar a ser madre de tres hijas no tuvo
que esperar tres embarazos. Andrea, Gabriella y Sofia
llegaron en tres minutos.
Como tanta madres del mundo, Marta Martínez se siente
orgullosa de sus hijas, y aún recuerda la sorpresa del
día en que confirmo su embarazo. Su esposo se puso
pálido al escuchar que estaban esperando tres criaturas.
Martínez se vió obligada a un reposo absoluto desde el
cuarto mes, practicamente sin poder caminar.
Sin embargo, "son mi adoración y le doy gracias a
Dios cuando veo que mis hijas están bien de salud",
dice esta joven madre..
En casa de los Martínez viven tres generaciones de
mujeres. La abuela de estas trillizas, Ivonne Pina,
también es jimagua y ayuda a su hija con la dura labor
diaria de cuidar a tres niñas.
Las vidas de la madre y la abuela han cambiado mucho
con la llegada de las trillizas. La madre se se siente
afortunada de estar rodeada de familia, y la abuela esta
muy agradecida a sus amistades.
La responsabilidad y los gastos son grandes. En vez de
usar 28 pañales en tres días , usa 84. Con la ayuda de
mucha gente han sobrevivido los primero13 meses.
Al celebrar el Día de las Madres, madre y abuela
recuerdan las tradiciones familiares de sus madres en
Cuba. "En casa se comía arroz con pollo y se le
regalaban tarjetas a las mamás", recuerda Martínez.
Años antes, se honraba a las madres con rosas. "Si
tu mamá estaba viva llevabas una rosa roja",
recuerda Pina, "si había fallecido, era
blanca".
Mayra Rosell es guatemalteca. También tiene tres
hijos, pero son tres adolescentes.
Para ella el Día de las Madres le trae recuerdos del
colegio católico donde estudiaba, cuando el 10 de mayo se
presentaban actos y cánticos en honor a las madres.
Para ella la maternidad esta pasando por otra etapa. Le
preocupa la educación espiritual y moral y de sus hijos.
"Hay que encontrar el balance para dejarlos
desarrollar como personas, sin perder el control de la
disciplina", dice Rosell.
Este verano comenzará otra etapa cuando su hijo mayor
deje la casa para ir a la universidad.
Pero veces a las abuelas les toca ser madre cuando
aquello quedó atrás. Por eso Elaine Marrero-Syfert
recuerda a la mamá norteamericana que perdió muy joven y
a la abuela cubana con la que creció en Camagüey, Cuba.
Dice que de ella aprendió su fe y los valores que
necesita el ser humano para enfrentarse al mundo.
Pero ahora Syfert es madre y abuela también. Un cuadro
con las palabras "Siempre mi madre, ahora mi amiga
también" cuelga en la pared de su oficina. Con mucho
orgullo, Marrero-Syfert explica que fue un regalo de la
más rebelde de sus cuatro hijos.
"Ser madre, no lo cambiaría por nada y me encanta
ser abuela", dice.
A veces ser abuela exige sufrimiento y lucha. Es la
experiencia de Dot Hering que tuvo que recurrir a una
corte para poder ver a sus nietos.
"Es un regalo poder vivir cerca de tus hijos y
poder compartir las diferente generaciones de tu
familia", afirma Hering.
Con el tiempo su lucha ha logrado que las heridas en la
familia se vayan curando y que sus nietos puedan crecer
junto a todos sus familiares, asegura Hering. Con la
pasión maternal de una abuela dice "´Si fuera
necesario, lo volvería hacer".
La madre puede también ser amiga. Como lo es para la
colombiana, Janet Argüello. Recien casada, desea tener
hijos algún día, y poder tener con ellos la amistad que
tiene con su mamá.
"Mi mayor felicidad fue que mi madre viniera de
Colombia para entregarme el día de mi boda", dice
Janet, "es mi mejor amiga".