Araceli M. Cantero
La Voz Católica
BOYNTON BEACH, FL.-- Durante sus 7 años en el
Seminario de St.Vincent Paul, Mons. Pablo Navarro no sólo
ha sido Rector. Considera que él también ha sido un
alumno porque al llegar decidió "entrar yo mismo en
el proceso de formación."
Al recibir el nombramiento en 1993 se propuso vivir el
consejo de San Pablo para quien toda la vida es "un
transformarse en Cristo, revestirse del Hombre
Nuevo".
Es lo que ha propiciado para él y para los estudiantes
de teología en sus últimos cuatro años antes de la
ordenación sacerdotal.
"Con la ventaja", dice, "de que en un
seminario, aunque se trabaja duro, se sigue un ritmo de
convivencia, de oración. Llevamos cierta disciplina que
nos permite mirarnos a nosotros mismos y al Señor más
adentro" .
Al iniciar una nueva etapa, mira al pasado con gratitud
y al futuro con esperanza. Su misión ahora será doble.
Por un lado sirviendo al pueblo de Dios como vicario en la
parroquia de St. John Neumann y por otro ofreciendo apoyo
a sus padres, ya mayores que viven con su única hermana
en la zona de Kendall.
"Estoy en paz conmigo mismo y con el Señor y me
siento contento," dijo días antes de recibir los
últimos homenajes de los estudiantes y profesores.
Los seminaristas " ya nos sentíamos cómodos con
él" dijo Michel García. "Es una pérdida para
el Seminario y una ganancia para el pueblo de Dios,"
comentó el seminarista de origen cubano.
"Ha sido un ejemplo de lo que es ser sacerdote de
Cristo," añadió Juan Torres de Puerto Rico.
"Nos ha mostrado que se puede tener una
espiritualidad profunda y vivir con los pies en la
tierra", comentó.
Mons. Navarro está satisfecho de las mejoras logradas
en la planta física del Seminario. Se ha construido un
edificio almacén y un nuevo edificio de administración
que alberga una biblioteca."Pronto estaremos
conectados a las de instituciones académicas como Harvard
Divinity y Yale Divinity y somos la mejor biblioteca de
teología al sur del estado de Baltimore", explica.
"Esta es una buena institución académica",
dice George McMillan, laico episcopal jubilado que estudia
para "enriquecer mi espíritu". Ha encontrado
una "excelente biblioteca" y no le importa que
para disfrutarla tiene caminar un poco rodeando el lago.
Otros como Charlie Gallagher, alumno de la diócesis de
San Agustín, prefieren usar la bicicleta. También lo
hacen los miembros de la facultad. A juzgar por el número
de bicicletas en el campus, parece que los futuros
sacerdotes tendrán mejor salud gracias al ejercicio
físico que exige la ubicación del nuevo edificio.

Pero lo que mas le satisface al Rector es la labor que
brinda el Seminario en cuanto a formación. No sólo en lo
académico y como el mejor seminario bilingüe de la
nación, sino también en lo espiritual, explica.
Gracias a los avances en las ciencias humanas hoy día
se puede ayudar mejor a los candidatos, dice. "Que se
conozcan a sí mismos, que integren el pensamiento y el
corazón"… Y repite las palabras de Santo Tomás de
Aquino, hace casi 7 siglos: "la gracia edifica sobre
la naturaleza".
Porque si importante es la espiritualidad ésta no
puede construirse sobre una sicología dañada, explica
Mons. Navarro.
"No se pueden suplir las carencias humanas con
devociones piadosas".
Además, hoy día en que existe una sociedad
egocéntrica y llena de individualismo, "es preciso
crear ambientes en que los futuros sacerdotes aprendan a
ser para los demás", dice Mons. Navarro. Y para
lograr esto los nuevos estudiantes que no han pasado por
un seminario-college, necesitan una etapa de adaptación,
de disciplina comunitaria.
Esto lo hacen cada año a comienzos de curso. Los
nuevos estudiantes llegan unos días antes y participan en
un programa de espiritualidad, con charlas, talleres y
ejercicios espirituales. Así van formando comunidad, se
conocen y conocen el lugar antes de que llegue el resto.
Durante siete años como Rector, Mons. Navarro ha
tratado de que el Seminario haya graduado "hombres
saludables en todos los aspectos, en cuerpo y alma. Con
apertura para seguir creciendo, para saber morir a sí
mismos en el día a día, según el modelo de Jesús.
Capaces de crecer en la relación con el Señor.
Dispuestos a trabajar y a aceptar el liderazgo del Pueblo
de Dios".
También "hombres dipuestos a dejarle a Dios el
control de su vida y a vivir en la inseguridad de no saber
los caminos que Dios les prepara". Sólo así, dice,
"podrán aceptar los cambios como algo accidental,
porque su seguridad está en sólo Dios".
Quizás lo dice por experiencia. Hace 7 años, a los
pocos días de ser nombrado Rector del Seminario College
St. John Vianney, le llamó el arzobispo Edward. A.
McCarthy para decirle que había dimitido el entonces
Rector del Seminario de Teología en Boynton Beach.
"Pensé que me llamaba para pedir mi
opinión", recuerda Mons. Navarro. La sorpresa fue
oír que la Junta de Directores quería que el nuevo
Rector fuera él y que debía mudarse a Boynton Beach al
día siguiente.
No era la primera vez que Dios le sorprendía. Desde
joven quiso ser sacerdote misionero. Entró en el
Seminario San Juan Vianney a los 15 años y después se
unió por un tiempo a los Padres Paules que le enviaron a
estudiar a Niagara Falls, NY. Pero cuando le pidieron que
estudiara derecho canónico para ocupar un puesto
administrativo, le planteó al Provincial que su llamado
era misionero. Fue así que, a los 23 años, Mons. Navarro
regresó a la Florida para terminar la teología en San
Vicente de Paul. Fue el Arzobispo Coleman F. Carroll quien
aprobó su ordenación al diaconado, realizada ya por su
sucesor Mons. McCarthy . El 13 de mayo de 1978 fue
ordenado sacerdote, y después de una breve experiencia
parroquial en St. Agnes, Key Biscayne, Mons. McCarthy le
pidió que fuera su secretario personal, lo que hizo por
15 años.
Cuando recuerda su vocación misionera, y el camino
recorrido, Mons. Navarro dice que Dios tiene sentido del
humor. Pero reconoce que a pesar de sus cargos
administrativos siempre ha mantenido una labor pastoral,
dando charlas y retiros.
"Mi vocación es predicar la palabra de Dios"
dice " Puedo ser misionero en cualquier lugar".