CARACAS, (ZENIT).- Los obispos católicos de Venezuela
han reaccionado con determinación ante la serie de
ataques que ha lanzado en las últimas semanas contra la
Iglesia el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías.
En una carta abierta firmada por el Presidente, los
Vicepresidentes y el Secretario de la Conferencia
Episcopal, los prelados recuerdan las palabras de Chávez
en noviembre pasado, en La Habana, diciendo que la Iglesia
" era cómplice de la corrupción porque había
callado durante los últimos cuaenta años". En días
recientes, el Presidente Chávez volvió a utilizar
expresiones semejantes.
"Es conveniente hacer memoria, porque eso no es
cierto", responden los obispos. Una lectura de los
documentos que ha publicado la Conferencia Episcopal
Venezolana sirvepara constatar que "ha hablado y
mucho, colectiva e individualmente, sobre la situación
del país, la necesidad de cambios profundos y la
referencia ética que debe acompañar la conducta
política. Estos mensajes han sido más claros y concretos
en los últimos veinte años, cuando el deterioro del
sistema político venezolano comenzó a ser
preocupante", dicen los obispos.
" Nuestra postura no es producto de estar a favor
de ningún movimiento ni en contra de ningún gobierno. El
valor supremo de la vida y de los derechos humanos de
cualquier persona o grupo, en cualquier circunstancia, es
razón suprema para arriesgar vida y fama. Y para el
cristiano es exigencia del mandamiento supremo del amor a
Dios y al prójimo", señalan.
Los obispos recuerdan las duras reacciones de Chávez a
una intervención del arzobispo Baltazar Enrique Porras
Cardozo, presidente de la Conferencia Episcopal, quien
ante la reciente Asamblea Episcopal Extraordinaria de
Guanare (11-13 de abril) señalaba que "la situación
del país ofrece elementos que requieren un análisis y
una visión desde la óptica concreta de lo religioso y lo
ético".
Entre los aspectos concretos señalados figuraban: el
valor ético de la verdad en la vida pública, ante el
mentir sistemático; la necesidad de trasparencia,
credibilidad y representatividad del Consejo Nacional
Electoral para que tenga la fuerza moral y pueda ser
árbitro indiscutido del proceso comicial y la falta de
institucionalidad ante la provisionalidad legislativa que
abre brechas a la discrecionalidad.
El presidente venezolano respondió diciendo que:
"una cúpula de obispos pretende oponerse a los
cambios", porque uno, dos o tres obispos son parte
del régimen anterior"... Porque aquí hay muchos
obispos que tienen otra actitud ... No puede esconderse
detrás de una sotana para decir que le están faltando el
respeto a la Iglesia"...
En su carta los obispos preguntan ¿ Acaso señalar la
necesidad de clarificar principios y defender valores es
pertenecer al régimen anterior"?. Y añaden: "
Si el argumento esgrimido fuese válido, valdría la pena
devolver la pregunta: "Representa su opinión el
pensar y sentir de todo el gobierno y de todos sus
seguidores? O, el parecer de la cúpula gubernamental?
¿Qué se esconde siempre detrás del poder? ¿Cuál es la
permanente tentación de sus tentáculos"?.
Los prelados piden a Chávez que deje de usar la Biblia
adaptando todo tipo de citas a sus reivindicaciones
personales y políticas. No es válido interpretar la
Biblia de cualquier modo, dicen. "Menos aún, lo es
querer encontrar en textos de la Sagrada Escritura,
pruebas fehacientes de que Dios está con mi causa, para
concluir que el que no está conmigo está· contra
Dios".
En su carta a Chávez, los obispos señalan que "
sus juicios sobre la Iglesia y la descalificación
genérica de la misma, son los más negativos emitidos por
un Jefe de Estado en toda la vida republicana" Y
añaden que tal opinión contrasta con la alta
credibilidad de que goza la Iglesia como institución en
la sociedad venezolana.
" Esto, si bien debemos asumirlo
responsablemente", dicen " es producto del
compromiso real con las mejores causas de los más pobres
y necesitados. Los sacerdotes, monjas y seglares que
trabajan en los barrios, en las zonas marginales, en las
fronteras, en las escuelas, orfanatos, asilos, etc. no son
personas castigadas que cumplen un obligado ostracismo. Es
la presencia de la Iglesia toda y una que concreta el
precepto del amor en cualquier ambiente o
situación".