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La voz del Arzobispo

fava-cath2.JPG (11048 bytes) La oración...

    bálsamo que sana

 

 

 

Mis queridos amigos:

Los miembros de la Coalición de Líderes Religiosos de Miami hemos escrito una oración pidiendo la ayuda de Dios para sanar las heridas creadas por la situación del niño Elián González. En nuestra opinión, el poder de la oración es lo único que puede traer la reconciliación y el perdón a los corazones de los residentes de nuestra ciudad.

Desde que comenzó el caso Elián hace seis meses, yo mismo he pedido en tres ocasiones que nuestros fieles oren por su justa resolución, ya que es una situación extremadamente complicada e incierta desde el punto de vista moral. No obstante cual fuese su opinión, más tarde o más temprano ambos lados iban a sentirse decepcionados. Y así ha sucedido.

Se ha dicho, sin embargo, que recurrir a la oración es una manera de esquivar el problema. Eso no es verdad. Para los creyentes, la oración es la única manera de responder a los retos de la vida.

Nuestro Señor Jesucristo así lo mostró al enseñarnos cómo rezar el Padre Nuestro. Durante su Pasión, él mismo rezó hasta sudar gotas de sangre. Aún colgado en la cruz, Jesús rezó por sus enemigos.

Decir que rezar no resuelve nada es tomar las cosas en las propias manos en vez de dejarlas en manos de Dios. Es insistir que nosotros sabemos más que Dios, cuya divina providencia cuida amorosamente de toda su creación.

Al recurrir a la oración, reconocemos la verdad esencial de nuestra fe: que nuestras vidas vienen del Señor, que El nos provee de todo lo que necesitamos, que El nos cuida, que quiere que vivamos unidos a El, y que nunca permitirá que nada interfiera con nuestra salvación. Nosotros tal vez optemos por alejarnos de El, pero El nunca nos abandonará.

A través de la oración, podemos aceptar todas las circunstancias de la vida con la misma serenidad y paz con que Cristo aceptó su sufrimiento y su muerte en la cruz. "No mi voluntad, sino la tuya, Señor."

La oración nos ayuda a comprender que nuestro juicio humano es falible y siempre debe ceder ante la sabiduría infinita de Dios. Directa o indirectamente, en todo momento, El guía cada paso de nuestra vida.

La oración también libera nuestros corazones de las cargas del pecado, de la culpabilidad, del prejuicio y del odio que nos impiden sanar y perdonar. A veces nuestro pecado es tan grave, nuestro sentido de culpabilidad tan profundo y nuestro odio tan apasionado que únicamente la oración los puede penetrar. Mientras exista el pecado no habrá conversión. El perdón y el odio no pueden compartir un mismo corazón.

La oración es el bálsamo que sana los corazones de los individuos y de las comunidades. La oración nos mantiene vivos cuando nuestro mundo parece derrumbarse. Sin la oración no existe la esperanza.

La oración también ayuda a las comunidades a reconocer que no es sólo por fuerza propia que podemos unirnos para vivir, trabajar, jugar y sufrir. ¿Si no creemos que somos una familia bajo un solo Padre, que otra cosa puede unirnos?

La oración nos une a nuestros hermanos y hermanas en la familia de Dios. La oración no tiene en cuenta las diferencias raciales, culturales o religiosas, y disminuye las diferencias políticas y las preferencias personales.

La persona que ora sinceramente quiere lo que Dios quiere. Ahí radica la verdadera sabiduría. Quienes no valoran la oración descartan el arma más poderosa que existe para traer el bien a nuestra comunidad. La omnipotencia de Dios creó el mundo y en verdad puede renovar la faz de la tierra, si se lo pedimos humildemente en oración.

Por eso les pido a todos, una vez más, que recen. La oración sigue siendo el mejor consejo que les puedo ofrecer en este momento a todos los miembros de nuestra comunidad.

Dios paciente y misericordioso, hoy rogamos por nuestra ciudad. Aunque hayamos residido aquí solo unos meses o toda nuestra vida, rogamos por esta comunidad que yas es nuestro hogar.

Perdónanos Señor, cuando no nos escuchamos los unos a los otros. Perdónanos cuando ridiculizamos las costumbres, los símbolos, el idioma, el color o la religión de nuestros vecinos, intencionalmente o sin intención de hacerlo.

Ayúdanos a comprender que sólo cuando nos decidimos a reconstruir en otros lo que está destruído podremos comenzar a sanar nuestro corazón. Nuestra ciudad necesita líderes y ciudadanos que tengan la valentía de trascender las divisiones políticas para llevar a cabo las promesas del mañana. Por el bien de nuestro niños, ayúdanos a confiar en la fe que nos une a todos más que en las frustaciones que nos dividen.

Oh Dios y Senor nuestro, prometemos ser una comunidad llena de paciencia, de generosidad y de fe.

Ayúdanos a cumplir nuestras promesas. Amen.