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Corazón de Jesús siempre

P.Ricardo Arias

Tengo delante de mi una nueva representación del Corazón de Jesús. Su autor es el afamado pintor cubano Héctor Catá. Obviamente nos muestra a un Cristo de facciones más bien americanas. Parte indio taino, azteca o navajo con alguna mezcla de swami hindú. Con lo que me agrada. Cristo de es de todos. El japonés le intuye de ojos oblicuos, el africano ennegrece su tez, el finlandés le encuentra rubios rizos. Y a todos nos agrada un cuadro que deje ver su Corazón ardiente, inmenso como el universo de su amor.

Mientras el Corazón de Jesús resucitado siga latiendo - ¿y quién podrá pararle ahora -en la tierra habrá devotos de su Sagrado Corazón?.

Pero, ¿por qué nos atrae tanto su Corazón? ¿A qué se debe el poder arrollador de este símbolo tan querido de su amor? Mi buen amigo el P. Eduardo Barrios, S.J. nos señala que la semiología y la semiótica modernas nos insisten en que la percepción de las realidades personales y espirituales se empobrece a menos que se recurra a los símbolos. Solamente las ciencias exactas pueden prescindir de los símbolos, contentándose con el uso de signos. En las ciencias, lo significante y lo significado se equivalen completamente. Por ejemplo, el signo matemático "+" sólo equivale a "más". En la lógica simbólica, en cambio, lo designado desborda a lo designante.

Pensemos, por ejemplo, en la Tercera Persona Divina. El símbolo de la "paloma" (lo designante) viene infinitamente superado por el Espíritu Santo (lo designado), pero el símbolo nos ayuda a movernos hacia el misterio personal divino. Lo mismo digamos de otros símbolos pneumatológicos. Apenas sabríamos nada sobre el Espíritu Santo si no fuera por los símbolos del "fuego", del "aire", de la "unción" y del "agua viva".

Quedémonos un momento con el símbolo del "agua". Esa palabra evoca sed apagada, bienestar, frescura, limpieza, belleza, alegría, vida, y tantas cosas más. Pero si el agua se redujera a sus componentes químicos, perdería todo su poder de evocación. Muchas poesías ha inspirado el agua, pero ninguna poesía ha inspirado el H2O.

Podríamos referirnos a Jesucristo llamándolo "Segunda Persona Divina Encarnada". Pero eso suena muy abstracto. Preferimos hablar de Jesús como "Salvador", "Redentor", "Lucero radiante de la mañana", "Buen Pastor", "Pan de vida", etc.

También podemos señalar la rica vida interior de Jesús hablando en términos de su "afectividad", o de su "vida interior". Pero esas expresiones se quedan cortas para expresar toda la riqueza de su amor. En cambio, cuando se decimos "Corazón de Jesús", percibimos - de un golpe - todo lo que Jesús lleva dentro. Ese símbolo dice todo lo que decían los conceptos abstractos y más.

El "corazón" es un símbolo humano y religioso tan poderoso que se encuentra en muchas religiones y culturas. Los mahometanos, llaman a Dios, "corazón de corazones". En el Hinduismo se dice que "el corazón del creyente es morada de Brahma". Y así por el estilo en las demás religiones.

En la Biblia, el término "corazón" aparece más de mil veces, pero solamente diez veces como órgano físico. Las demás veces se usa para designar la sede o fuente de la vida superior del ser humano, o sea, el centro de la persona. Por analogía, le atribuyen "corazón" al mismo Dios. "Los proyectos de su Corazón subsisten por todas las edades" (Sal. 33,11).

Dado que la Biblia subraya el sentido simbólico del corazón, aclaremos que la devoción al Corazón de Jesús no busca centrar nuestra atención en la víscera torácica de Jesús. Eso conduciría a un interés "cardiológico" por Jesús, cuando en realidad lo que se pretende es suscitar un interés "cordial" por Jesús. Diciéndolo en términos paulinos, esta devoción ayuda a progresar en la comprensión de "la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, amor que supera todo conocimiento" (Ef. 3,18-19).

Esta devoción no pretende otra cosa que llevar al centro fontal de la vida cristiana, el amor de Dios revelado en Cristo y expresado en grado sumo por el misterio de su corazón traspasado. El verdadero devoto del Corazón de Jesús presta atención a ese símbolo para crecer en "conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga" (Ejercicios Espirituales de San Ignacio #104).

El devoto del Corazón de Jesús busca que el propio corazón lata al unísono con el de Cristo. Eso implicará docilidad al Espíritu Santo, a imitación de Jesús; relación filial con el Padre, a ejemplo de Jesús que lo llamaba "Abba". También, entrega generosa al servicio de los hermanos. Ese servicio fraterno por amor privilegiará a los más necesitados, ya que los evangelios muestran que a Jesús se le iba el corazón tras los más necesitados, a saber, los posesos, los pecadores, los enfermos y los pobres.

El mes de junio, mes del Sagrado Corazón, nos invita a una renovación de esta devoción. Esa renovación se logrará ahondando en sus raíces bíblicas, en los estímulos del magisterio de los últimos Papas, y en el testimonio del pueblo sencillo de Dios que tanta ayuda encuentra en ese símbolo de amor.

El símbolo del "corazón" lo entiende la sociedad secularizada de hoy. No hay que esperar al día de San Valentín para ver corazones rojos por todas partes. Todo el año se imprimen letreros con mensajes de amor simbolizado en un corazón. Pero a esta devoción nos arrastra sobre todo Jesús mismo cuando nos dice con los brazos extendidos y el Sagrado Costado abierto por la lanzada: "Vengan a mí todos ustedes los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas" (Mt. 11, 28-29).