El párroco de la
iglesia de Santa Teresita, en Coral Gables, celebró 50
años de sacerdocio

Araceli M. Cantero
La Voz Católica
CORAL GABLES, FL- Celebró 50 años de sacerdocio y
dice que su vocación empezó antes de nacer.
"Yo no recuerdo querer ser otra cosa más que
sacerdote", expresó Mons. Xavier Morrás durante la
homilía de sus bodas de oro sacerdotales.
Un arzobispo, dos obispos, 35 sacerdotes y numerosos
fieles acompañaron al sacerdote español durante la
celebración de su jubileo, el día de Pentecostés y
escucharon de su propia boca las anécdotas de 50 años de
sacerdocio y de los comienzos de la Arquidiócesis de
Miami.
"Han sido años felices y enriquecedores. Celebro
este día con mucha gratitud", dijo al dar gracias a
Dios, a sus padres y familiares "que siempre
apreciaron mi sacerdocio", a los obispos que
"confiaron en mi capacidad" y a los sacerdotes
que "siempre fueron amigos y hermanos". Y
recalcó que había sido un honor servir a tantos fieles
en distintas parroquias. "Ustedes son la razón de mi
sacerdocio", añadió.
Acompañándole en su día estaban su hermano Ignacio
Morrás, sacerdote jubilado bajo quien se construyó la
parroquia de St. Kevin y su hermano Angel, religioso de
los Agustinos Recoletos, hoy destinado en Caracas.

Como él, sus dos hermanos y sus hermanas Blanca y
Pilar pueden decir que su vocación surgió antes de
nacer.
Desde el día de su boda, sus padres Carmelo y Rosario
expresaron el deseo de que todos sus hijos se dedicaran al
servicio de Dios. Y cuando se enteraban que les iba a
nacer un hijo, siempre iban a la Iglesia a ofrecér-selo.
Parece que Dios les tomó la palabra. De seis hermanos
tres son sacerdotes y dos monjas.
¿Qué pasó con Luis que es casado? El es jimagua con
su hermana Blanca. Dios cumplió tomando sólo su hermana,
explica la familia.
Nacido en Lacar, en la provincia española de Navarra,
en 1925, Mons. Morrás fue ordenado sacerdote en Pamplona
en 1950.
Mientras estrenaba su sacerdocio sirviendo a unas 75
familias en dos pueblos de Navarra, España, el joven
Morrás soñaba con las tierras de misión en donde miles
carecían de atención pastoral por falta de sacerdotes.
"No me voy a pasar toda mi vida atendiendo a un
centenar de fieles", se decía el nuevo sacerdote.
Supo del llamado del Papa Juan XXIII pidiendo misioneros a
España y sin pensarlo más se ofreció.
Por entonces los obispos españoles habían creado una
Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana (OCSHA).
Los sacerdotes diocesanos que se ofrecían, recibían
entrenamiento misionero por tres meses antes de dejarlo
todo y partir lejos.
El padre Morrás contaba con 3 años de sacerdocio y
muchas ilusiones. Como sus compañeros, pensaba ya en
lugares lejanos de Iberoamérica. Y cual no fue su
sorpresa al saber que le enviaban a Palm Beach, en los
Estados Unidos.
Era el año 1954 y toda La Florida era una sola
diócesis. Su obispo Joseph Patrick Hurley estaba
plantando las semillas del futuro y sabía que existían
cientos de trabajadores agrícolas en la zona.
"Don Xavier, su misión es buscarlos y
atenderlos", le dijo al poco tiempo de llegar.
"Usted será su primer sacerdote".
Con un viejo 'station wagon' y la ayuda de las hermanas
de San José, Imelda, Isabel y Rosario el P. Morrás
recorrió los campamentos contactando a los mexicanos que
vivían en situación precaria y hasta sin agua corriente.
"Yo iba vestido de sacerdote y siempre me daban la
bienvenida", recuerda hoy Mons. Morrás, para quien
esos años fueron los mejores de su vida.
"Ha venido un padrecito que habla mexicano"
corría la voz de campamento en campamento. Y así fue
que, en unos meses, aparecieron las misiones de Indian
Town, Loxahatchee, Big Ranch, en West Palm Beach; Delray
Beach, Little Puerto Rico y San Juan Labor Village en
Deerfield Beach y El Proyecto en Pompano Beach.
En domingos alternos se celebraba la Eucaristía en
todas las misiones, se administraban sacramentos y se
enseñaba catecismo. Un Boletín de las Misiones
Católicas en los Campos, con instrucción religiosa,
avisos y noticias llegaba los fines de semana.
Desde 1951 el padre Luis Altonaga había sido el único
sacerdote hispano en la Diócesis. Fue él quien recibió
al P. Morrás tres años después. Le siguieron los padres
Columbiano Virseda y Antonio Navarrete, quien comenzó el
apostolado hispano en la Iglesia de Corpus Christi, en
Miami.
En 1955 el padre Morrás fue enviado como Vicario
Asistente a la Iglesia de San Miguel en Miami. Tres años
después, el 13 de agosto de 1958, el Papa anunciaba la
creación de la Diócesis de Miami con el obispo Coleman
F. Carroll al frente. Fue él quien decidió las tareas
que ha ido ocupando P. Morrás: párroco, a St. Margaret,
en Clewistown en 1959, párroco de St. Charles Borromeo en
Port Charlotte en 1961, párroco de Sacred Heart en
Homestead en 1966 y párroco de St. Michael en Miami en
1969, servicio que prestó durante 9 años hasta ser
nombrado párroco en Sta. Juliana en West Palm Beach.
Nuevas diócesis fueron surgiendo en La Florida y al
fallecer el Arzobispo Carroll en 1977 le sucedió Mons.
Edward A. McCarthy quien trajo al padre Morrás a Miami en
1982 como párroco de La Inmaculada Concepción en
Hialeah. Desde 1992 es párroco de Sta. Teresita en Coral
Gables que cuenta con 5000 familias y un colegio con 1000
estudiantes. Un 85 por ciento son familias de
profesionales hispanos.
"Llegó en tiempos de tormenta y ha sabido crear
puentes y sembrar paz", dijo el maestro de ceremonias
Benny Díaz durante el banquete que siguió a la Misa.
Díaz reconoció también los logros del párroco
restaurando la estabilidad económica de la parroquia que
tiene un presupuesto anual de millón y medio de dólares
sin contar el de la escuela que es de dos millones y
medio.
No faltaron las proclamas de la ciudad de Coral Gables,
de la de West Miami y de su pueblo natal de Lacar. Y desde
una gran pantalla, el arzobispo John. C. Favalora
felicitó a Mons. Morrás. También lo hicieron los
sacerdotes y el equipo parroquial. Otras imágenes
mostraron momentos familiares en su tierra natal,
fotografías de su vida y hasta el escudo familiar.
"La gente lo adora, lo invita. Es todo un
caballero", dice Norma Pérez, su secretaria por más
de 15 años.
El obispo Gilberto Fernández recordó las dotes de
acogida del sacerdote cuando él llegó de Cuba y fue
asignado a la misión de Santa Ana en Naranja.
"Fue un hermano para mí, muy piadoso, muy
amable... Me animaba con mi inglés. De él he aprendido
muchas cosas", dijo. "Incluso a jugar al
golf". Y es que Mons. Morrás tiene fama de jugar muy
bien.
Pero en el campo de golf "no tiene
compasión" dijo el padre Sean O'Sullivan al recordar
anécdotas que hicieron reír a todos.
Durante el banquete, en el Hotel Biltmore, los
testimonios fueron sucediéndose, elogiando su discreción
y el haber sabido aceptar variedad de parroquias y siempre
salir adelante con "una sonrisa, con elegancia y como
un verdadero caballero español".
El secreto para lograrlo es para él sencillo. Como
administrador: no gastar más dinero del que entra, tratar
de mejorar la colecta dominical y no pedir préstamos.
Como párroco: crear una familia parroquial motivando a
crecer en la relación con Dios Padre, sin olvidar el
servicio a los hermanos. Dejar que la gente trabaje y
escuchar mucho. Como ser humano: saber adaptarse a las
circunstancias, amar a Dios y cultivar a los amigos, hacer
algún deporte ... viajar.
El ha conocido más de 30 países y dice que "uno
aprende mucho, se abre a otras culturas y se hace más
comprensivo con la gente".
Cuando mira hacia atr*s se pregunta por qué Dios le ha
tratado tan bien, "sin darme grandes crisis o grandes
sufrimientos... Es parte del misterio de mi vida",
dice. "Sólo me queda la gratitud y saberla
disfrutar.
Un hermano para mí, muy piadoso, muy amable... Me
animaba con mi inglés. De él he aprendido muchas cosas,
incluso a jugar al golf
Obispo GilbertoFernández" .