Ana Rodríguez Soto
La Voz Católica
MIAMI-- Nunca se h a casado pero ha dado nueva vida a
cientos. Se pudiera decir que Randolf McGrorty y sus
colaboradores son modelo de una paternidad diferente que
da nueva vida a los inmigrantes mas necesitados de nuestra
comunidad.
Si ser pobre es algo difícil, más duro aún es ser
inmigrante indocumentado. Y porque Randolf McGrorty lo
sabe por eso dedica su vida a aliviar la suerte de quienes
viven en esa situación.
"Estar aquí sin documentación te convierte en un
marginado doble", dice el director de los Servicios
Legales de Caridades Católicas. "La necesidad es
grande", dice. "No habrá más de 25 abogados en
Miami haciendo trabajo de inmigración" a pesar de
que unas 60,000 personas necesitan sus servicios.
Y para complicar las cosas, muchos emigrantes, en su
desesperación, buscan ayuda en gente sin escrúpulos,
notarios que cobran precios exorbitantes y con frecuencia
hacen las cosas mal hechas.
"Tenemos historias de gente que no hubiera
necesitado nuestra ayuda…pero se gastaron miles de
dólares--hasta 22,000, para conseguir visados falsos. No
consiguieron nada y acaban aquí", explica el joven
abogado.
Bajo la supervisión del obispo Tomas Wenski y
Caridades Católicas, la Oficina de Servicios legales
trabaja exclusivamente en ayudar a los pobres a conseguir
asilo, establecer residencia legal, hacerse ciudadanos y
reunir a las familias. Ha ayudado ya a unas 4000 personas
desde su creación en 1998.
Por despacho de McGrorty pasan cada día unas 50
personas en busca de ayuda. El señala que con un equipo
de 20 personas y 8 abogados a tiempo completo, la Oficina
de Servicios Legales es una de las más grandes al
servicio de los pobres en Miami-Dade. Se creó cuando el
proyecto de Servicios Legales para los Haitianos, fundado
por McGrorty, se unió al Catholic Legal Inmigration
Network, una red católica de servicios legales de
inmigración conectada a los Obispos de Estados Unidos.
El nuevo local en 7101 Biscayne Boulevard, a unas
cuadras del edificio donde están los Servicios de
Inmigración y Naturalización, INS, fue bendecido a
mediados de junio. También tiene una sucursal en 60 E
Third St en Hialeah, sirviendo a la comunidad hispana
mayormente cubana. Pero los "también los colombianos
empiezan a venir", dice.

De hecho durante los dos últimos años, su equipo
multilingüe, multicultural ha ayudado a gente de 60
naciones, incluidos cristianos que escapan persecución
religiosa en Egipto, serbios, polacos, albanos y otros
refugiados de Europa del Este. También africanos que
huyen del Zaire, Nigeria y Sierra Leona. Además con su
ayuda unos 1500 haitianos han podido normalizar su estatus
migratorio.
"El Sur de la Florida es mucho más diverso de lo
que la gente piensa", dice McGrorty
Su equipo quedó asombrado cuando más de 500 personas
con problemas de inmigración se presentaron a un taller
en la afluente parroquia de St. Andrew, en Coral Springs.
McCrorty recuerda el caso de una boliviana, casi ciega
y en diálisis que trata de evitar que deporten a su hijo
de 20 años. Ella es ciudadana americana, pero su hijo
nació en Bolivia por accidente cuando la madre regresó a
su tierra para el funeral de su padre.
Cuando se hizo ciudadana le dijeron que o tenía que
hacer nada para naturalizar a su hijo de seis años. Era
algo automático. Catorce años después tuvo un problema
con la ley, le dieron un año en prisión y el INS no
tenía récord de su ciudadanía.
"Ahora enfrenta la deportación a un país en el
que nunca ha vivido. Y todo por los malos consejos de
Inmigración", explica McGrorty. Esa es la compleja
realidad de las leyes de inmigración, dice el abogado.
"Enfrentamos obstáculos enormes, incluso una ley
dura y complicada y una burocracia antipática, falta de
recursos y una inmensa necesidad de servicios".

En el presente Catholic Charities Legal Services recibe
fondos de agencias privadas y del Estado, incluida el
Florida Department of Children and Families, la Oficina de
Refugiados, United Way, la Hill Foundation, la
Arquidiócesis de Miami y varias parroquias, en especial
la de St. Andrew en Coral Springs.
Pero la agencia lucha por mantenerse a flote.
El mismo McGrorty a veces se ha quedado sin su cheque,
para que su equipo recibiera el suyo.. Por su compasión y
dedicación, McGrorty es considerado mitad sacerdote y
mitad abogado.
Por su parte el dice que es "un laico
comprometido" en un trabajo que considera un reto
intelectual y enriquecer par su espíritu.
Católico desde la cuna, llegó a Miami de Wisconsin en
1993 con un título de Harward y estudios en leyes y
servicio social. Después de probar una firma de abogados
en Los Angeles se ofreció como voluntario a los Servicios
Para Refugiados de los padre Jesuitas que ayudaban a los
haitianos varados en Guantánamo a procesar su petición
de asilo.
Al llegar en Miami le tocó pronto luchar en la corte y
defender casos, lo que le hizo enfrentar la complejidad de
la leyes de inmigración y la satisfacción de ayudar a la
gente a salir del 'limbo' legal.
Cuando el proyecto de los jesuitas acabó, McGrorty le
pidió al obispo Thomas Wenski, entonces al frente de la
pastoral hacia los haitianos, iniciar una oficina legal
para esa comunidad.
Sin fondos, con sólo unos pupitres y unos teléfonos
se inició el trabajo. El único dinero que entraba era lo
que podían pagar los clientes y ayudas de la Sociedad de
San Vicente de Paul.
McGrorty soñaba con llamarse 'abogado de derechos
humanos". Ahora que ha visto la transformación de
sus clientes cuando consiguen estatus legal, se siente
contento de "ser un abogado de inmigración".
Y señala que "estamos admitiendo a los mejores y
más inteligentes. Son los que tienen la valentía y el
coraje de venir en los botes por mar."
Para recibir ayuda, acudir a 7101 Biscayne Blvd.Tel
(305)758-3301 o al 60 Third St, Hialeah,Tel (305) 883-4555