María Cristina Acosta
Sicóloga con muchos años de práctica profesional en
Cuba
En estos meses tengo varios días de vacaciones.
Siempre ocurre que en ellos quiero relajarme. ¿Cómo lo
podría lograr?
El descanso del cuerpo es muy importante para el
bienestar del cuerpo y la mente. La relajación es el
descanso entre dos períodos de actividad, lo que permite
como consecuencia que el trabajo se reanude con mayor
facilidad y éxito. Las vacaciones, un cambio de actividad
o dedicar algún tiempo al reposo, no sólo es saludable
para su cuerpo sino también para su mente. Relajarse no
es estar sin hacer nada o alimentar la holgazanería como
síntoma de repugnancia al trabajo. Relajarse es preparar
el cuerpo y la mente para estar en armonía con todo lo
creado por Dios, como los árboles, el trinar de las aves,
el caminar lento o alegre de los pequeños animales en
nuestro jardín, o contemplar el ir y venir de las olas
del mar. Es caminar sin prisa, respirar en la mañana y en
la tarde, aceptar que somos pequeñas criaturas con mente
y pensamiento, que podemos aclarar u oscurecer en la
medida que llenemos nuestras ideas con buenas o malas
intenciones.
Relajarnos en vacaciones es pensar que somos hijos de
Dios, que este período es alimento para comenzar una
nueva etapa en el año, para satisfacer nuevas
necesidades, trazarnos metas y confiar en nosotros,
elevando nuestro objetivo de vida. Cambiar de actividad
aunque los días sean de mucho más agitación, pero
movernos bajo este principio para eliminar el estrés, es
vital y necesario.
Dios nos regala la naturaleza, que a pesar del rápido
ir y venir de la gente, se mantiene inmutable, armónica,
viva y fuerte. Dios nos regala un cielo azul, un sol que
nos da calor y luz, un mar tranquilo o revuelto, pero
hermoso. Dios nos regala la amistad de personas
tranquilas, buenas y sinceras, que aman el trabajo, la
familia, la vida y que sólo piensan y buscan el bien de
los demás. Es importante discernir entre los regalos que
Dios nos hace y lo que nosotros en ocasiones tomamos en
contra de su voluntad. Dedicarle algunos minutos del día
a este ejercicio nos llena de vida y purifica nuestros
pensamientos y aspiraciones.
Todos queremos estar cerca de personas llenas de paz,
esas personas por lo regular sienten la felicidad y nos
llenan de confianza. Pueden tener cualquier edad, sexo o
nivel económico; pueden ser de orígenes, países e
historias diferentes a la nuestra, pero lo que las
caracteriza es que confían en Dios como lo hace un niño
pequeño en los brazos de su madre. Esa paz y confianza
dan movilidad, fuerza, energía y entendimiento claro.
Relajarse es "dejar hacer", permitir que tu
cuerpo y tu mente estén por unos minutos en los brazos de
Dios, de ese Dios nuestro tan fuerte y misericordioso que
nos quiere y nos protege, a quien no vemos en las grandes
avenidas llenas de luces pero, si levantamos la vista un
segundo, le encontraremos tranquilo, sereno, lleno de amor
y ofreciéndonos su paz.