MEXICO (ZENIT)— Tras la derrota del partido que
intentó por décadas suprimir a la Iglesia Católica en
México, un vocero de los obispos mexicanos indicó que la
Iglesia no espera privilegios por parte del nuevo gobierno
pero continuará presionando para lograr la completa
libertad religiosa en la nación.
Abelardo Alvarado Alcántara, Obispo Auxiliar de Ciudad
de México y secretario general de la Conferencia
Episcopal Mexicana, felicitó al candidato vencedor,
Vicente Fox Quesada durante una conferencia de prensa tras
las elecciones generales pero indicó que la Iglesia
"no espera privilegios, no los necesita, ni los está
solicitando".
Fox, de 58 años y candidato del Partido Acción
Nacional (PAN), derrotó a Francisco Labastida, candidato
del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ha
gobernado México desde 1929. Fox ha sido descrito
frecuentemente como un populista conservador.
El obispo Alvarado expresó que los obispos mexicanos
no esperan cambios drásticos inmediatos en el gobierno
porque "la evolución de un pueblo toma bastante
tiempo".
"Deseamos que haya enseñanza religiosa, no
necesariamente en las escuelas, pero se debe estar al
tanto de la necesidad de educar al pueblo sobre los
valores morales y religiosos", precisó el prelado.
Observadores electorales de Canadá y Estados Unidos
indicaron el 4 de julio que las elecciones fueron bien
realizadas, principalmente en la mayoría de las zonas
urbanas, pero que hubo problemas severos en áreas
rurales, incluyendo los estados sureños de Chiapas,
Tabasco, Oaxaca y Guerrero.
En su campaña, Fox hizo un llamado al respeto de la
libertad religiosa y al trato igual para las iglesias
cristianas en el país, además de prometer un alivio en
las restricciones a las escuelas católicas y las
actividades religiosas en las escuelas públicas.
Las iglesias mexicanas han sido descritas por la ley
como "asociaciones religiosas" y deben estar
inscritas en la Secretaría del Interior. El hecho de que
la inmensa mayoría de los mexicanos son católicos ha
provocado que líderes protestantes se quejen de ser
ignorados o malinterpretados.
El gobierno estima que el 97 por ciento de los 85
millones de mexicanos mayores de cinco años es católico.
El país cuenta con una población de 100 millones de
habitantes.
Tras las reformas constitucionales de 1857, las
propiedades de la Iglesia fueron expropiadas por el
gobierno. Luego de la revolución mexicana, iniciada en
1910 y la cual perduró por casi 20 años en algunas
partes del país, el gobierno nacional impuso mayores
restricciones a la Iglesia.
En protesta, en 1926 los obispos católicos
suspendieron los servicios religiosos durante tres años,
y algunos apoyaron una contrarrevolución que se prolongó
por tres años más, conocida como la guerra de los
Cristeros. El PAN surgió de entre las víctimas de
aquellos años de represión.