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Encuentro 2000
 

Asombrados de la dimensión multicultural

Los delegados de Miami están dispuestos a vivir el reto

LOS ANGELES — Fueron al Encuentro 2000 con algo de escepticismo pero quedaron encantados de la experiencia.

"Nos quedamos asombrados de la dimensión multicultural del evento", dijo María Jerkins que dirige la Oficina para los Católicos Afroamericanos de la Arquidiócesis de Miami.

"Sabíamos que en el pasado los Encuentros eran cosa de hispanos", dijo. "Este nos ha dado una nueva perspectiva sobre otras culturas y cómo nos podemos aceptar". Pero subraya que cada grupo tiene que trabajar en sus metas pastorales por separado y según sus necesidades.

"Todavía tengo las baterías cargadas por lo que he vivido en Los Angeles", dijo Nelson Bonet, asesor para el Catecumenado en la Oficina de Educación Religiosa. "Para mí lo más importante es que tenemos que escuchar, para ver luego cómo nos podemos servir".

Rosamaría Montenegro, de la Oficina de Evangelización, disfrutó viendo a los filipinos luciendo sus mejores galas. "Con tanta gente y tanta apertura, vivimos allí lo que significa ser católico".

Dawne Fleri dirige la Pastoral de la Familia en la Arquidiócesis y dice que después de Encuentro 2000 le dará más importancia a la "comida familiar como símbolo de hospitalidad y acogida, porque es alrededor de la mesa donde nos sentimos más relajados y abiertos a compartir lo que pasa en nuestra vida".

Piensa que todo el evento estuvo tan bien organizado que permitía a los participantes entrar de lleno en la experiencia. Y la bienvenida por los primeros pobladores de la zona de Los Angeles "nos recordó que estábamos caminando con nuestros antepasados". Todo para ella fue un mensaje de hospitalidad, de abrir los oídos y escuchar.

La Oficina Regional de Pastoral Hispana colaboró directamente en Encuentro 2000 y al terminar todo, Ondina Menocal indicó que "los hispanos vemos con gusto el reto de colaborar con otras culturas, pero afirmando la propia identidad y sin olvidar quiénes somos".

El padre Juan Sosa, párroco de Santa Catalina, dijo que había sido "un paso más en el respeto y la integración de las culturas, algo que todavía no existe en muchas comunidades locales".

Como antropólogo pudo notar que a lo largo del proceso se iba creando la experiencia de ‘communitas’ en donde todos somos iguales —hasta los obispos— y donde, a través de la doctrina y los símbolos, nos identificamos con nuestra identidad católica en su plenitud, no en lo que cada uno selecciona". A.CANTERO