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Oiniones
 

Es justicia ayudar a los jóvenes

Yolanda Zulema Biasi
Coordinadora del Ministerio Contra Las Drogas de la parroquia San Esteban, en Miramar

Hace unas semanas tuve el privilegio de asistir al Entrenamiento Regional del Ministerio Social de la Iglesia. Allí se nos enfatizó la tarea de enlazar la fe con la justicia y la paz al servicio del Dios vivo y de la transformación social: transformar a la sociedad desde una fe activa, confiando que con Dios todo se puede pero sin El somos débiles y vulnerables. Nuestro Creador nos dio los talentos necesarios para poder trabajar por Su Reino. No nos pide sólo oración, nos pide también acción.

Hace años que trato de trabajar, lo mejor que puedo, en la lucha contra las drogas. Es un trabajo difícil, por lo que leo incansablemente e intento escuchar a todos los que están dispuestos a enseñarnos cómo hacer nuestro trabajo.

La drogadicción, el racismo, la pobreza y la injusticia son problemas que no se generan espontáneamente sino que siempre son consecuencia de causas que muchas veces no llegamos a ver o comprender, o que preferimos ignorar. Si no llegamos a la raíz del problema, éste seguirá creciendo y no lograremos vencerlo aún cuando tengamos algunos triunfos ocasionales. Se ganará una batalla pero no la guerra. En el caso de la drogadicción, lograremos salvar a alguna víctima, pero muchas otras seguirán cayendo.

Los primeros que debemos prepararnos para erradicar la droga somos los padres, los abuelos y todo el que planifica una familia. La familia es la base de la sociedad y es dentro de ésta que se desempeñará. La indiferencia ante el problema de las drogas es una de las mayores injusticias sociales que se cometen, pues no estamos ignorando solamente a los drogadictos sino también a nuestros propios hijos, estén ya en este mundo o sólo en nuestros planes. Para proteger a nuestros niños ahora y en el futuro, debemos trabajar por una sociedad que no de motivos para buscar falsos escapes como el tabaco, el alcohol, y cualquier otra droga o adicción, aún la socialmente aceptada de trabajar compulsivamente.

Trabajar por la justicia no es trabajo de un día ni de unas pocas personas. Es obligación de todos y un deber de toda la vida. Para que nuestro esfuerzo sea efectivo debemos informarnos, aprender y observar conscientemente los hechos que provocan la injusticia. Una de las principales causas de la epidemia del abuso de drogas es el materialismo reinante en el mundo. Lo material no es malo; lo malo es materia sin espiritualidad.

Si se busca la felicidad sólo en el poder y la riqueza, nunca seremos felices porque viviremos defendiéndonos de los que puedan arrebatarnos lo conquistado. Si damos a lo material su justo valor y alimentamos nuestra espiritualidad, lograremos una riqueza que nadie podrá robarnos y seremos libres aún cuando nuestro cuerpo esté encadenado. Ayudar a nuestros jóvenes a lograr ese equilibrio para que les sea más fácil decir no a la droga, será justicia.