logo.gif (1631 bytes)

Secciones

punto.gif (910 bytes) Vaticano
punto.gif (910 bytes) Miami
punto.gif (910 bytes) Cuba
punto.gif (910 bytes) Mundo
punto.gif (910 bytes) Opiniones
punto.gif (910 bytes) Enlaces
punto.gif (910 bytes)
Correo
punto.gif (910 bytes) Archivo
punto.gif (910 bytes) Portada

 

Opiniones
 

Me sentí en la antesala del cielo

Claudio de Castro
Lector de La Voz Católica Digital residente en Panamá.

Sabes, nací en Colón. Queda al norte, a una hora de Panamá. Colón es muy lluvioso en el invierno y muy seco en el verano. Cuando llovía las calles se inunda-ban. No es el Colón que ahora conoces. En aquellos días era un lugar limpio y agradable. Solíamos salir durante las tormentas y jugar en las enormes piscinas que se formaban en las calles.

Asistía al Colegio Paulino de San José. Las maestras eran, en su mayoría, monjas franciscanas; dulces monjas que todavía recuerdo con cariño: Sister Avila, Sister Fermina, Sister Louitgarda. El primer día de clases me llevó mi papá. Llevaba yo pantalones cortos, camisa blanca y una corbata anudada por mi mamá.

Me veo caminando de la mano de mi padre por el patio interno del colegio. Me obsequió un llavero de colores y entré al salón de clases.

Era un extraño, pero pronto me sentí en la antesala del cielo, bajo las miradas tiernas de aquellas dulces monjitas.

Las tardes de sol hacíamos manualidades. Me encantaba pintar figuras en tablilas de maderas que cortábamos con unas seguetas. También disfrutaba confeccionando rosarios. Hice uno que luego obsequié a mi madre. Demoré una semana, pero nunca lo olvidé. Quisiera hacer más rosarios y obsequiarlos. Decirle a las personas: "Lo hice para ti".

Pienso en el buen Dios, mi amigo y confidente. Mi Padre del cielo. Sabes, ¡qué hermosa es la vida cuando estamos cerca de Dios!

El mejor lugar de la escuela lo descubrí con los años: era la capilla. Quedaba en el primer alto. Subía en los recreos y me quedaba como extasiado contemplando los vitrales, el altar, el Sagrario. Saber que era la casa de Dios. ¡Cuánta tranquilidad! ¡Cuánta paz!

El lunes próximo cumpliré 43 años. La vida pasa tan rápido. He descubierto que sólo vale la pena vivirla para Dios. Lo demás nunca podrá llenarte ni darte la felicidad que proviene de saberle cercano. Es un Dios tan grande, magnífico, omnipotente, justo y bueno. ¡Qué alegría tenerle por Padre!

Deseo regresar a Colón y visitar aquella capilla en la que pasaba mis recreos. ¿Estarán aún los vitrales de colores? La recuerdo enorme. Puede que al crecer yo no la vea tan grande, puede que nadie me reconozca. Mi alegría es saber que Jesús está aún allí. Y que cuando me vea se alegrará mucho; y seguro me dirá emocionado: "Volviste".

Y yo le responderé:

"Sí Jesús, aquí estoy".