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Encuentro 2000
 

El pueblo hispano ha qudado bien

Señalan que Encuentro 2000 ha sido un paso profético

Araceli M. Cantero
La Voz Católica

LOS ANGELES—¡Bravo, bravísimo, bravo!

Fue el grito espontáneo de un participante en Encuentro 2000 cuando el director ejecutivo del Secretariado Nacional de Asuntos Hispanos, Ron Cruz salió al podio para dirigirse a los hispanos durante la última sesión.

"El pueblo hispano ha quedado bien, demos gracias a Dios", fue su respuesta.

El entusiasmo era patente y después de un rato de oración, todos explotaron en aplausos y canciones.

"Al cielo quiero ir" después de los elogios de esta mañana, dijo el obispo Arturo Tafoya que preside el Comité de Obispos Hispanos en la Confencia de Obispos. Subrayó que por primera vez 88 obispos participaban en un evento así.

"Lo logramos," expresó satisfecho el padre Mario Vizcaíno, director de la región del Sureste y de su Instituto de Pastoral (SEPI).

 

"Cuesta arriba y contra pelo pero lo hicimos. Porque Dios escribe derecho con líneas torcidas", explicó.

El sacerdote de la Arquidiócesis de Miami, que es uno de los veteranos de la pastoral hispana, señaló que Encuentro 2000 no es una vuelta al ‘melting pot’ o la asimilación de las culturas porque los grupos sólo pueden dialogar desde la propia identidad y desde la igualdad.

"Golpe a golpe, verso a verso, se hace camino al andar", dijo, recalcando que no se puede creer en utopías fáciles, "porque a Cristo la suya le costó la vida entera y a El es a quien seguimos".

Lo sabe bien Cruz, quien reconoce que este Encuentro le ha costado sangre.

"Son muchos los que no creían que era posible", dice. "Pensaban que me había vendido y había traicionado a los hispanos".

Vistos los resultados y la satisfacción de todos los grupos, Cruz insiste en subrayar que Encuentro 2000 ha tratado de reforzar la identidad de todos para que se incorporen como Cuerpo de Cristo. "Este fue el milagro, lograr que la Iglesia de los Estados Unidos, por primera vez se haya visto como Cuerpo completo y no sólo como partes."

Pero además él espera que cuando los católicos de origen europeo, o los afroamericanos, o los nativos y los asiáticos tengan sus reuniones, inviten también a los otros grupos, para que les conozcan en el contexto de sus reuniones, con sus temas y sus realidades.

"Hace falta más colaboración y saber compartir los recursos que tiene la Iglesia", dice. Pero, sobre todo, "que todos los grupos culturales sean incorporados a la mesa donde se toman las decisiones", algo que para él no es todavía una realidad.

Encuentro 2000 es resultado de esa misma constatación. Cuando hace cuatro años el Comité de Obispos Hispanos empezó a pensar en un Cuarto Encuentro Hispano, surgieron las preguntas.

Cruz recuerda que los obispos veían que a pesar de 30 años de trabajo pastoral serio, tres Encuentros Nacionales y un Plan Nacional de Pastoral, "los hispanos no estamos en la mesa de decisiones". La Pastoral Hispana había sido un proceso oficial pero al margen. Los obispos veía también que el signo mas sobresaliente en la Iglesia era el multiculturalismo de las parroquias y que a la Iglesia le hacía falta una experiencia en que todas las culturas fueran aceptadas; poder dialogar, comprenderse, colaborar en una visión común.

De esta reflexión surgió la idea de hacer algo para el Milenio siguiendo el tema del Sínodo Iglesia en América.

Lo que hubiera sido un Cuarto Encuentro Hispano se convirtió en Encuentro 2000, una celebración de la diversidad en la Iglesia de los Estados Unidos que utilizó la visión, los procesos y las redes diocesanas y regionales de los católicos hispanos.

Cuando ya todo estaba en marcha, la Conferencia de Obispos cayó en la cuenta de que era un proyecto demasiado grande y aportó sus recursos económicos y humanos. Toda la iglesia quedó implicada. Junto a los 600 voluntarios de las diócesis de Los Angeles, San Bernardino y Orange, colaboraron más de 80 personas de las diversas oficinas de la Conferencia de Obispos. También surgió el apoyo de unas 100 organizaciones nacionales católicas.

"Pero el proceso hispano tiene que seguir", señala Cruz. "Quienes participaron en los Encuentros son ya pocos. Es un pueblo nuevo que tiene que formarse".

Las estadísticas señalan que el crecimiento del pueblo hispano es 5 veces mayor que el de la población total. Desde 1980 ha crecido en un 39 por ciento, y la mitad de su población está por debajo de los 26 años de edad.

Y para Cruz esta realidad plantea grandes retos para la Iglesia.

La educación de los hispanos está muy débil "y tenemos que ver cómo la Iglesia Católica puede participar en el discurso de la educación pública, que es donde está la mayoría de los más pobres", dice Cruz.

Otro reto es la falta de participación de los hispanos en las estructuras católicas, dice. "Han recibido formación pero las parroquias no los usan".

En sus constantes recorridos por el país, Cruz tiene muy presente las palabras del hoy fallecido obispo Enrique San Pedro.

"Nos guste o no, la realidad de la Iglesia de Estados Unidos va a revestirse cada vez más de un rostro hispano", repetía el obispo en sus visitas a las comunidades. Para Mons. San Pedro esto implicaba que los hispanos debían prepararse a asumir la responsabilidades de un grupo mayoritario. Pero él les advertía que debían tener cuidado porque "el haber sido durante mucho tiempo una minoría oprimida, no nos da el derecho a convertirnos en mayoría opresora".

Además, decía que "en esta realidad cambiante, los no hispanos van a tener que aceptar que un hispano sea párroco o sirva en una parroquia donde la mayoría quizás no es hispana."

Las estadísticas señalan que los hispanos son ya más del 30 por ciento de la Iglesia en los Estados Unidos. Y con su muy rápido crecimiento serán pronto mayoría.

Por eso a Cruz le preocupa también la falta de vocaciones sacerdotales y de personas consagradas". Y se pregunta: "si no nos preparamos, ¿quién servirá a la Iglesia del futuro en éste país?"