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Encuentro 2000
 

Los jóvenes quieren ser escuchados

LOS ANGELES—Una sandalia rota y vieja pasaba de mano en mano entre los jóvenes. Cada uno la examinaba mientras Alicia Marill compartía su experiencia misionera en México y República Dominicana y cómo había cambiado su vida.

La fundadora del grupo misionero Amor en Acción, radicado en Miami, pidió a los participantes jóvenes de Encuentro 2000 que se quitaran los zapatos y las medias para escuchar el pasaje del Evangelio de la Ultima Cena y les pidió que compartieran una experiencia de solidaridad.

Cuando lo hacían, se lavaban las manos en una vasija con agua, emulando la actitud de Jesús con sus discípulos.

"Pensaba que solidaridad tenía que ver con estar en solitario", dijo un de los jóvenes en su grupo. "Me he dado cuenta de que es lo contrario: saber estar con los demás", dijo el joven de origen asiático.

Unos 200 jóvenes de toda la nación siguieron el proceso de Encuentro 2000. Asistían a las sesiones generales y se unían después aparte para compartir.

Varios obispos se les unieron en grupos y compartieron su encuentro con Cristo Vivo, al tiempo que en otras salas lo hacían los 5,000 participantes, también divididos en grupos.

El método fue para todos el mismo: la escucha. Aceptarse en la diversidad, contar la propia historia.

El puertorriqueño de Nueva York, Javier Santana, quedó conmovido al escuchar a una joven, "que se había encontrado con Cristo vivo al ver morir a su padre".

Para Nancy Lucero, mexicana que vive en Salt Lake City, Utah, el Encuentro fue la vivencia de "que en todos está Jesús y somos todos hermanos".

Javier Castillo, de la Red Nacional de Pastoral Juvenil Hispana, expresó su descontento de que en las sesiones generales no se escuchara una presentación de los jóvenes. "Debemos dejar que en la Iglesia Católica los jóvenes sean participantes y no solamene escuchantes. ¿Quiénes mejor que ellos conocen el contexto multicultural que la juventud?"

Con una edad media de 26 años, la población hispana de los Estados Unidos es mucho más joven que la del resto del país.

"Sin una pastoral juvenil fuerte nos quedamos sin futuro," dice Ray Malavé.

"Se irán vaciando los bancos de las iglesias y no habrá nadie para tomar su lugar". A. CANTERO