Una cosa el la experiencia exuberante de tres días
de celebración y otra el día a día en el roce de
las personas de diferentes procedencias, culturas y
lenguas.
Una cosa es disfrutar del colorido de las
tradiciones, los vestidos, las historias y las comidas
típicas de cada lugar y otra bien diferente el tener
que comprender al otro, interesarse por su bienestar y
progreso. Y aceptar que las cosas se pueden hacer de
maneras diferentes y vivir convencidos de que quienes
se expresan y actúan de otra manera tienen el mismo
derecho que yo a ser Iglesia Católica y a reclamar su
puesto y modo de enriquecer la comunidad de creyentes
con sus proyectos y actividades y su celo
evangelizador .
Por eso, después de que 5000 personas hayan
participado en Encuentro 2000, del 6 al 9 de julio en
Los Angeles, el verdadero reto queda pendiente. Porque
si de verdad este Encuentro, sobre el que informamos
en esta edición, ha dado sus frutos, tendrá que
notarse algo diferente en la Iglesia de los Estados
Unidos.
'Muchos rostros en la casa de Dios' ha sido el lema
de Encuentro 2000, la única celebración de la
Iglesia de Estados Unidos para el Año del Jubileo.
Muchos rostros tienen que verse en todos los niveles
de participación y colaboración en nuestras
comunidades para que vayamos aprendiendo a conocernos
un poco más y respetar nuestro modo de vivir, de
trabajar y de creer. Esta puede ser la señal de que
en verdad iniciamos un Nuevo Milenio bajo el impulso
de Encuentro 2000.