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Encuentro 2000
 

He venido a ver el rostro de Jesús

El testimonio de monseñor Raymond East, sacerdote afro-americano, párroco de la Iglesia Católica Nativity , en Washington DC, es una muestra viva de lo que está ocurriendo en la Iglesia a través de toda la nación. Transmite también el espíritu de Encuentro 2000.

"…También estoy encontrando a Jesús en los rostros de los inmigrantes y de los recién llegados. Mi primera semana en la parroquia me obligó a contestar la puerta y probar mi olvidado francés para acoger a refugiados de la guerra del Congo-Zaire. La misma semana tuve que atender a unos padres de Ruanda, desesperados por encontrar plaza en nuestro colegio para sus hijos que estaban viviendo con unos amigos en Uganda en la espera de su visa.

Tenemos en la parroquia refugiados como la señora Warllita que no habla inglés y llegó de Etiopía para cuidar a su hija, o como otros padres de Eritrea asustados porque sus hijos son humillados en la escuela pública por ser diferentes, o familias de Sierra Leona y Liberia que tienen tres empleos para poder mantener a sus hijos en el colegio católico.

Durante cinco años la parroquia ha ofrecido hospitalidad a la comunidad católica de Nigeria, una congregación de 200 familias.

Es fácil reconocer a Jesús en su oración, su animado culto, sus bailes de ofertorio, sus procesiones y cantos en lengua Igbo, Yoruba y Hausa. Pero es más difícil reconocerle cuando no tenemos espacio, cuando las misas, los bautizos y bodas se prolongan y retardan los horarios o cuando en las diferentes tribus se crean tensiones o cuando se crean entre los más antiguos y los recién llegados.

A veces lo comparo a la experiencia de un cuñado que se muda a vivir con su hermana y los niños por un mes hasta encontrar un apartamento. Pero, ¿y si no lo encuentra y se hace una situación permanente? Es difícil descubrir las tensiones entre los hijos de Africa de hace 400 años y quienes han llegado de allá hace 25.

Lo mismo ocurre en las iglesias vecinas de los episcopales, luteranos, metodistas y presbiterianos. Son iglesias ‘negras’ pero llenas de gente de la diáspora africana, de Sudamérica, América Central y el Caribe. Es una gran mezcla de rostros en la casa de Dios que hablan las lenguas de Africa, el español, el francés, el portugués y el inglés.

Y para colmo el barrio sigue cambiando… En sólo 30 años la parroquia ha pasado de ser blanca a negra y el barrio se transforma de 'centro de la ciudad' a 'barrio'. Ahora somos el hogar de cientos de centroamericanos, la mayoría de El Salvador y recordamos las palabras del evangelio "Ama al prójimo como a ti mismo". Y nos preguntamos, si no hemos logrado resolver el 'problema africano', ¿ahora nos pides abrir las puertas a los salvadoreños?

Como respuesta el Señor nos ha enviado al grupo de oración Shaddai de los filipinos. No sólo se han unido a nuestra parroquia sino que su animado coro nos nuestra el camino a un nuevo Pentecostés. El Jesús que me encuentro en todos me enseña que hay espacio para todos en la Casa de Dios: 'entra y toma asiento'. Por eso he venido hoy: para mirarles al rostro y ver en todos el rostro de Jesús".