
"…También estoy encontrando a Jesús en los
rostros de los inmigrantes y de los recién llegados. Mi
primera semana en la parroquia me obligó a contestar la
puerta y probar mi olvidado francés para acoger a
refugiados de la guerra del Congo-Zaire. La misma semana
tuve que atender a unos padres de Ruanda, desesperados por
encontrar plaza en nuestro colegio para sus hijos que
estaban viviendo con unos amigos en Uganda en la espera de
su visa.
Tenemos en la parroquia refugiados como la señora
Warllita que no habla inglés y llegó de Etiopía para
cuidar a su hija, o como otros padres de Eritrea asustados
porque sus hijos son humillados en la escuela pública por
ser diferentes, o familias de Sierra Leona y Liberia que
tienen tres empleos para poder mantener a sus hijos en el
colegio católico.
Durante cinco años la parroquia ha ofrecido
hospitalidad a la comunidad católica de Nigeria, una
congregación de 200 familias.
Es fácil reconocer a Jesús en su oración, su animado
culto, sus bailes de ofertorio, sus procesiones y cantos
en lengua Igbo, Yoruba y Hausa. Pero es más difícil
reconocerle cuando no tenemos espacio, cuando las misas,
los bautizos y bodas se prolongan y retardan los horarios
o cuando en las diferentes tribus se crean tensiones o
cuando se crean entre los más antiguos y los recién
llegados.
A veces lo comparo a la experiencia de un cuñado que
se muda a vivir con su hermana y los niños por un mes
hasta encontrar un apartamento. Pero, ¿y si no lo
encuentra y se hace una situación permanente? Es difícil
descubrir las tensiones entre los hijos de Africa de hace
400 años y quienes han llegado de allá hace 25.
Lo mismo ocurre en las iglesias vecinas de los
episcopales, luteranos, metodistas y presbiterianos. Son
iglesias ‘negras’ pero llenas de gente de la diáspora
africana, de Sudamérica, América Central y el Caribe. Es
una gran mezcla de rostros en la casa de Dios que hablan
las lenguas de Africa, el español, el francés, el
portugués y el inglés.
Y para colmo el barrio sigue cambiando… En sólo 30
años la parroquia ha pasado de ser blanca a negra y el
barrio se transforma de 'centro de la ciudad' a 'barrio'.
Ahora somos el hogar de cientos de centroamericanos, la
mayoría de El Salvador y recordamos las palabras del
evangelio "Ama al prójimo como a ti mismo". Y
nos preguntamos, si no hemos logrado resolver el 'problema
africano', ¿ahora nos pides abrir las puertas a los
salvadoreños?
Como respuesta el Señor nos ha enviado al grupo de
oración Shaddai de los filipinos. No sólo se han unido a
nuestra parroquia sino que su animado coro nos nuestra el
camino a un nuevo Pentecostés. El Jesús que me encuentro
en todos me enseña que hay espacio para todos en la Casa
de Dios: 'entra y toma asiento'. Por eso he venido hoy:
para mirarles al rostro y ver en todos el rostro de
Jesús".