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CONSEJOS EN FAMILIA:
¿PUEDO ENSENAR EL EXITO
EN LA RELACION CON DIOS?

María Cristina Acosta
Sicóloga con muchos años de práctica profesional en Cuba

Quiero que mi hijo alcance la excelencia en todos sus estudios, le exijo y exijo porque sé que el conocimiento es la base del éxito. Pero, ¿cómo enseñarle este éxito en su relación con Dios?

Exigirle a nuestros hijos la excelencia en los estudios e instrucción es lo más saludable que podemos hacer para desarrollar algunos procesos psicológicos en el área cognoscitiva, como la percepción y el pensamiento con sus respectivas estructuras. Sólo en la actividad diaria de estudio y por la actividad diaria, el niño o joven desarrolla de forma integral su pensamiento, análisis y generalización como procesos cognoscitivos, que lo ayudan a trasladar estos conocimientos a diferentes esferas de la vida.

Trazarse metas altas es bueno para el crecimiento humano, personal y familiar; trazarse objetivos acorde a sus fuerzas y posibilidades es elemental para el éxito. Hay que conocer qué potencialidad real tienen nuestros hijos para exigirle, pero todo esto tiene que ser de forma agradable y feliz.

La dulzura del saber es riqueza inagotable que podemos recibir y dar a nuestros hijos con nuestro desvelo al ocuparnos de su instrucción, pero la sabiduría y el desarrollo de su inteligencia sólo es dada por Dios. Cuando analizamos nuestras capacidades a través de los dones dados por el Espíritu Santo vemos que todos tenemos la inteligencia necesaria para una u otra actividad y que sólo tenemos que desarrollarla con nuestro empeño y esfuerzo personal.

Exigirnos el éxito es lo que Dios nos pide, El quiere que seamos amantes del saber y del trabajo. El nos dice... "Feliz el que halla sabiduría, el que obtiene inteligencia" (Proverbios 3;13), pero también tenemos que recordar siempre que lo primero que tenemos que hacer es confiar de todo corazón en el Señor y luego en nuestras propias fuerzas.

La sabiduría, el éxito y la felicidad se obtienen por uno mismo, uno es el constructor y arquitecto de su vida desde pequeño, uno es quien se traza sus metas, desarrolla su intelecto, escoge los caminos en la vida, pero si de forma absoluta escuchamos las señales de Dios como lo hicieron siempre sus hijos, vamos a recibirlo todo.

La sabiduría es la más preciada de todas las riquezas del mundo, ella es quien ofrece larga vida y riqueza material y espiritual porque sólo es dada por Dios. Exigirle a nuestros hijos la excelencia en sus estudios es un deber y compromiso ante ellos y ante Cristo; es nuestro deber como padres para garantizar en el futuro un reposo tranquilo en la noche después de un día de trabajo para que cuando descansen no tengan nada que temer.

A nuestros hijos hay que exigirles la excelencia donde tienen capacidades, no sólo en el estudio sino también en el deporte, el arte, las relaciones interpersonales, la cortesía ante los mayores y el trabajo de ayuda a otros. El niño o joven nos tiene que sentir ocupados y capaces para educarlos, para enseñarle que somos sus padres, y que siempre vamos a estar orgullosos de ellos y de sus vidas.