Brenda Tirado-Torres
La Voz Católica
MIAMI BEACH - En la madurez de la vida disfrutan de la
playa, de distintas actividades y algunos hasta encuentran
el amor.
"Esto aquí es muy tranquilo; la verdad es que
todos nos llevamos muy bien", aseguró Evangelina
Morín, una de las veteranas inquilinas de Stella Maris,
administrada por la Arquidiócesis de Miami. La residencia
celebró recientemente su décimoquinto aniversario con
una Misa seguida de una fiesta amenizada por Néstor
Torres, padre del conocido flautista puertorriqueño que
lleva el mismo nombre.
Cualquier visita a la residencia es recibida con
amabilidad. Un grupo de residentes le observará
detenidamente y con suma cortesía pedirá su
identificación y el motivo de su visita. Ellas hacen
guardia una vez a la semana procurando la seguridad de sus
vecinos y la suya propia.
Ann Smith, administradora de la residencia, no hace el
menor esfuerzo por ocultar la satisfacción con su
trabajo. "Es como si fuera una familia", indica
Smith. El mismo sentimiento es compartido por otros
residentes. Morín, quien prácticamente se considera una
de las fundadoras del edificio, tuvo la oportunidad de
mudarse el mismo día en que fue inaugurado. "¡Hasta
pude escoger mi apartamento!", recuerda.
Esa oportunidad fue única, de acuerdo a lo que nos
explicó Smith "pues actualmente hay sobre 600
personas en lista de espera, pero continuamos aceptando
solicitudes".
Los requisitos son tener 62 años o más con un ingreso
máximo anual bruto de $15,000 dólares para una sola
persona y $17,500 para una pareja. "Los residentes
pagan 30 por ciento de su ingreso mensual ajustado y el
Deptartamento de Vivienda y Desarrollo Urbano cubre el
restante 70 por ciento", informó.
Smith cuida de los residentes como si fueran sus
padres.
"Aquí paso tanto tiempo y es como si fueran
familiares míos", expresó coincidiendo con el
parecer de otros residentes que no lo piensan dos veces
cuando se trata de elogiar el trabajo de la dinámica
administradora. "Es encantadora", manifiesta
Morín. "Es una mujer muy buena que se ocupa mucho de
este edificio; es insuperable", comentó Rosa Felipe,
otra de las felices residentes.
Quince años de fundación traen consigo algunas
anécdotas, como la que comparte la misma Felipe.
"Quedé viuda a los ocho meses de vivir aquí",
contó. Agustín Artiles, su actual esposo, también
enviudó al poco tiempo. Eventualmente comenzaron a
compartir sus experiencias como viudos y de esa amistad
surgió el amor. "Fue como un flechazo",
comentó una ruborizada pero sonriente Felipe.
La familia de Felipe ha tratado de convencerles para
que se muden más cerca de ellos, pero ninguno accede.
"¡Nosotros nos sentimos tan bien aquí!"
exclamó Artiles. "Aquí se respira aire puro",
dijo tras inhalar un gran sorbo de aire. "Además,
tener la iglesia aquí al lado es muy importante para
mí", enfatizó Felipe. Stella Maris es vecina de la
parroquia San José.
La administradora explicó que hay residentes de
distintos países, desde estadounidenses e hispanos hasta
irlandeses, filipinos y rusos. La residencia cuenta con
una trabajadora social quien, entre otras funciones, les
ayuda a completar los formularios para cualquier programa
de asistencia en el que estén participando.
De lunes a viernes y por un dólar diario se les provee
un almuerzo completo a los residentes que deseen el
servicio. "Una vez al mes también viene un doctor
para tomarles la presión y contestar sus preguntas sobre
medicina", informó Smith.
Cuenta Smith simpáticamente que una vez Néstor Torres
visitó el hogar para compartir su música con los
residentes y palpar cuáles ritmos eran mejor recibidos
para interpretarlos en la fiesta de aniversario. "Al
poco rato de comenzar con la salsa y la conga, sólo
quedaban los bastones en las sillas", recordó entre
risas. Esa alegría y el dinamismo de empleados y
residentes de Stella Maris tiene como fruto la
satisfacción de sus residentes. Por eso Morín no duda en
afirmar, "¡estoy encantada!"
Stella Maris está localizada en el 8638 de la avenida
Harding en Miami Beach, teléfono (305)865-6841.