Secciones

punto.gif (910 bytes) Vaticano
punto.gif (910 bytes) Miami
punto.gif (910 bytes) Cuba
punto.gif (910 bytes) Mundo/Nación
punto.gif (910 bytes) Opiniones
punto.gif (910 bytes) Enlaces
punto.gif (910 bytes)
Correo
punto.gif (910 bytes) Archivo
punto.gif (910 bytes) Portada

 

La voz del Arzobispo John C. Favalora

Oremos por la paz en la Tierra Santa  

 

 

Mis queridos amigos:

Echar un vistazo al Medio Oriente y culpar a la religión por el conflicto que allí se vive, es sólo estar correcto en parte. Ciertamente la religión es parte integral de la vida de sus residentes, hasta el punto de que recientemente fue cuando el estado de Israel comenzó a distinguir entre judíos practicantes y los no practicantes.

Si estudiamos la historia, veremos cuánto daño las guerras habían causado en esa parte del mundo mucho antes de que se estableciera el actual estado de Israel. Desde el tiempo en que Moisés llevó a los israelitas hacia la Tierra Prometida, las tribus han luchado sobre dos situaciones: las tierras y el acceso a cuerpos de agua.

El río Jordán y el mar de Galilea son vitales para los habitantes de esta tierra árida y desértica. Quien controle las montañas, controla el agua. La ciudad de Jerusalén y los altos del Golán tienen una importancia estratégica al permitir que sus ocupantes descubran a los invasores antes de sus ataques. A la vez, las montañas y colinas son barreras naturales que dificultan cualquier invasión.

La antigua Jerusalén era casi impenetrable. Cuando llegaron poderosos ejércitos como los de Babilonia y Persia, la ciudad construida por David fue conquistada y destruida. En aquel entonces no existían israelíes ni palestinos, judíos ni musulmanes según nuestro concepto actual, por lo que la religión no era el catalítico para la guerra.

Pienso que lo mismo es cierto en nuestros días. Ambos pueblos quieren seguridad, incluyendo acceso a recursos confiables de agua. Por supuesto, ambos también buscan que sus culturas y religiones florezcan y sobrevivan, como lo desean los cristianos. Esta tierra también es santa para nosotros y hasta hemos luchado por algunas de sus regiones desde el tiempo de las Cruzadas. Por lo tanto, la religión no es la raíz del conflicto en Tierra Santa, sino un factor que descansa en la defensa de tradiciones milenarias.

Sin embargo, el proceso de paz va progresando aunque sea a muy pequeños pasos. Durante mi último viaje a principios de año no presencié las animosidades que noté en mi visita hace 38 años. De hecho, me parece que las relaciones a nivel local son amistosas, por no llamarlas estrechas. En Belén una mayoría cristiana se va llevando mejor con los oficiales musulmanes de la autoridad palestina. Así sucede con los musulmanes que residen en áreas mayormente judías, aun cuando buscan una mejor representación en el Knesset, o parlamento judío.

También existen conflictos entre la gente que profesa las mismas creencias religiosas. Mientras la mayoría está dispuesta a negociar tierras por paz, pequeños grupos extremistas luchan por paralizar el proceso. La gente común quiere la paz pero los líderes gubernamentales son presionados para adoptar posiciones más firmes que sus propias creencias.

La historia de los últimos 50 años –ataques sorpresivos, luchas constantes, votos para destruir a Israel— complica cualquier negocia-ción. A esto añadimos los miles de años de historia y tradición de las partes involucradas, sin mencionar la dificultad natural al tratar con personas distintas a ellos, y la situación se vuelve extremadamente complicada. Líderes políticos de ambas partes deberán mantenerse firmes para poder alcanzar una paz duradera.

Aún cuando llegue a ese punto, un tratado no será suficiente. Las leyes y los acuerdos jamás erradicarán la tirantez y las oposiciones atrinche-radas. Esto sólo se logrará con un cambio en el corazón de las partes involucradas. Y la única manera de lograrlo es a través de la oración.

Los tratados de paz son necesarios porque establecen límites y obliga a la ausencia de guerra, y abren paso a la obra de Dios. Sólo El cambia los corazones. Sólo El puede asegurar que la justicia y la paz reinen en Tierra Santa. Pido a todos que oren para que la paz llegue pronto a ese rincón del mundo. Como en tiempos antiguos, pedimos a Dios que escuche el grito de su pueblo y revele su poder al concederles el milagro de una paz justa y duradera.